Debates


Historiografía y Globalización


Las prácticas, la red de practicas sociales, el conjunto de prácticas que definen cierta situación como esa situación es posible de ser historizada. Identificando diferencias que son las que nos permiten identificar situaciones. En este sentido, es posible decir q desde fines de los setenta una mutación profunda de la sociedad occidental se llevó a cabo. Está mutación tuvo en su centro al centro de las mutaciones previas: el estado. La práctica estatal como la articuladora de las prácticas sociales, como cerebro y corazon del desarrollo, como modo de subjetivación fue perdiendo potencia. La instituciones disciplinaria como lugares de control de cuerpos y conductas (explorado sistemáticamente por Foucault) dejaron lugar, es decir fueron desplazadas de su centralidad por nuevos tipos subjetivos. La familia, la escuela, el hospital, la cárcel, no desaparecieron pero comenzaron a ocupar lugares subordinados a una lógica diferente, a procesos de subjetivación que introducían nuevos elementos, nuevas prácticas: la práctica de mercado. No como lugar de operaciones de intercambio comercial sino como dispositivos de subjetivación. Un nuevo mercado emergió del derrumbe producto de embates pluridireccionales hacia los estados de bienestar (evidentemente no sólo como instancia política sino como articulador de redes de prácticas ­incluso es una nueva práctica “política” el enfrentamiento y no la inclusión modelo P.C.). Es decir no es el triunfo de un mercado anterior ahora subordinando al estado, sino un nuevo mercado en que un estado también de nuevo tipo actuá como un término más en el conjunto de las conexiones mercantiles.

Al estado como productor de un conjunto de leyes tendientes a regular el tráfico de capitales y ciudadanos siguió un estado que se limita a atraer capitales (que circulan con o sin su consentimiento) y establecer las reglas del consumo ya no de la distribución.

Si el estado de bienestar era un dador de sentido, un prescriptor de tareas y conductas, un atribuyente de lugares y funciones, un regulador de la vida social, hoy el estado a pasado formar parte de un régimen de prácticas muy diferentes, donde no hay dominación de una institución sobre los individuos, ni referencias mediadoras. Si el estado antes era el representante de la comunidad nacional ante el capitalismo internacional hoy es el representante del capitalismo mundial ante la comunidad de consumidores nacionales.

Hoy el mercado se enfrenta cara a cara con el individuo produciendo un régimen de prácticas en que resulta imposible definir una institución (prácticas singulares) que domine la situación. No es que el mercado no sea un institución sino que por su forma es posible decir que no instituye nada sino a si mismo. Si el estado prescribía tareas y conductas el mercado prescribe un enunciado vacío, un significante puro: la competitividad, la eficacia, la ideología del cambio, no son tareas o conductas con contendios sino la forma que estas adoptan. La lógica estatutaria deja lugar a la lógica competitiva. Por lo tanto, la competencia adquiere dimensiones casi trágicas, y el sálvese quién pueda se vuelve una estrategia de vida. Estrategia que identifica al otro como enemigo como obstáculo en la salvación, como alguien al que hay que pisarle la cabeza y si es posible arrancarsela (esto vale para la relacion entre individuos o entre grupos). Se percibe una dimensión sádica, destructiva, que incluso hace mella en muchas de las prácticas sexuales que han emergido como síntomas de estas transformaciones, o quizá como transformaciones de los síntomas. Si en la década de los sesenta las perversiones podían ocupar cierta posición crítica con respecto a la tradición, hoy son una forma de la atomización, de la desunión e incluso de cierta regresión. Evidentemente no guardo ninguna relación con aquellas corrientes que propugnan una vuelta a la famillia tipo, con las consiguientes representaciones de autoridad, sino por el contrario me limito a marcar que por un lado aquellas formas se han agotado por completo y por el otro las actuales producen una efectividad que señala la imposibilidad de pensar relaciones amorosas que superen, a un mismo tiempo, las formas arcaicas de la pareja y las formas tácticas del contacto sexual.

Consumo, luego existo

El objeto causa de deseo es el consumo, y el deseo es organizado en función de ese consumo, como deseo de consumo. Ahora bien, si por definición el deseo se agota, temporariamente, en la satisfacción y, por el contrario, la pulsión es indestructible y como decía Lacan no tiene meta (goal), en cambio sí tiene objetivo / aspiración (aim): ella misma. La reproducción de ella misma es el aim de la pulsión. Cabría pensar al consumo actual, no sólo como práctica sino como disposición, como un nivel casi pulsional, desligado de la simbolización: es decir es necesario (con toda la fuerza de esta palabra) consumir no importa qué, ni cómo y mucho menos el por qué. El deseo ha devenido pulsión.

Al mismo tiempo podemos decir que el valor de cambio es la consecuencia de una prohibición de disfrute. La mediación mercantil entre el sujeto y la cosa como valor de uso se llama desde K. Marx fetichismo de la mercancía y creo que hoy, más que nunca, podemos anunciar el triunfo (transitorio, como todos) de la metafísica no como corpus filosofico sino como disposición subjetiva, como mecanismo de la separación. La metafísica puede definirse como un pensamiento del ente en tanto tal, es decir, desligado de las relaciones humanas  que lo constituyen como tal ente. Un pensamiento que desconoce su lugar de producción, y por tanto absolutiza su objeto.

Esta distancia impensable, característica de la metafísica, produce la posibilidad de generar efectos novedosos.

Por poner un ejemplo a nivel publicitario (práctica del fetichismo) cada vez se hace mas frecuente el disimulo, el camuflaje del objeto concreto a consumir, digamos el uso real que es posible darle (una Coca Cola calma(?) la sed, pero no se ve porque es necesario que nos abracemos todos; Mastercard se define por oposición a lo que ella no puede hacer pero si puede hacer que suceda) por una serie de identificaciones que es posible traducirlas en términos de posibilildad: el consumo de tal producto hace posible la identificación con tal disposición anímica, ya no se tiene un Mastercard, se siente o se es. Algo así como la inversión del conocido ser es tener. Por lo demás eso es lo que ocurre hoy, 29 de abril de 2002, la reinvención permanente de las estrategias publicitarias desanda caminos desconocidos aunque en lineas generales podemos decir que apunta a la organización del deseo y ya no a la satisfacción de deseos previos. Es decir si el significante puro a nivel productivo es este hacer lo mejor, el significante puro a nivel consumo es desear lo mejor. (i.e. las interesantísimas intervenciones publicitarias de Camel el año pasado donde a mi entender la idea de hablar Camel son bastante demostrativas).

Ezequiel Gatto
(ex-extudiante de la Facultad de Humanidades) Rosario, Argentina