Debates


Historiografía y Globalización

 
Hermano Lobo, sabes como yo, que son muchos los enemigos de las libertades del hombre. Gran parte de estos enemigos esconden su mensaje bajo la dialéctica de la democracia. Esto es así por dos poderosas razones: los medios de comunicación, que todo lo difunden, y el nivel cultural de los pueblos democráticos; cuantos más conocimientos más difícil es engañar a la gente.

Esto, Hermano Lobo, obliga a que los enemigos del rebaño se disfracen de corderos. Conozco las dificultades que pasas en la actualidad, Lobo, y como cordero que soy me alegro de ellas. Tus desgracias son mis alegrías; tu marginación supone la seguridad del rebaño. Desde Nuremberg los corderos llevamos ventaja.

Entiendo que te enerves y repitas mi nombre hasta la saciedad como haría un sacerdote - de esos que te gustan a ti- advirtiendo de las maldades de Satanás. Creo, eso sí, que te excedes un poco con mi persona, pero tranquilo, no me enfado: es normal en los de tu especie, y después de todo hay que tomar las cosas como de quién vienen. Ofende quién puede y es normal que confundas mis ideas con mi persona. Pero te aseguro que no he querido humillarte; solo he querido avisar a los míos de que cierto aroma a depredador llegaba a mi nariz. Emplacé mi trampa: una muy sencilla, que hasta un cachorro de perro la descubriría a una legua, pero tú, Hermano Lobo, cegado por la soberbia incontenible la has pisado y ete aquí el paso de elefante que te descubre:

Justificas el golpe de estado de Pinochet y el fin de la democracia legítima Chilena y tienes, además, la poca dignidad de asegurar que el responsable del golpe fue el mismo pueblo chileno.

¿También justificas las torturas infligidas por el régimen de Pinochet a miles de demócratas chilenos? ¿Justificarás también las desapariciones y asesinatos de todos aquellos opositores al régimen? ¿Apoyarás las purgas, y las sistemáticas violaciones de los derechos más fundamentales del ser humano cometidas impunemente durante años por los asesinos de Allende? Supongo que contestarás que todo se hizo para salvar a Chile del coco marxista o que sencillamente que Pinochet y su gente no mataron a nadie. También negaron los nazis el exterminio sistemático del pueblo judío.

¿Te gustaría morderme, Lobo? Tranquilo. Creo que a estas alturas de mi carta abres tus mandíbulas y tu lengua amoratada cae a un lado de la boca, saliendo entre los colmillos. . .

¿Me pregunto, Hermano Lobo, como puedes ser tan ingenuo? ¿Pensabas que podías llegar a negar la evidencia del poder inmenso de las multinacionales, prestar tus zafios consejos a la juventud que se levanta contra estas mismas multinacionales, advertirles de los peligros del marxismo, del anarquismo y otras corrientes que tu llamas subversivas, insultarme abiertamente por mis ideas, negar la existencia de las razones que llenan el movimiento antiglobalizador, apoyar uno de los golpes de estado más obscenos de la historia del hombre . . .        y  todo eso,     . . . sin delatarte?

Los corderos ya no son tontos. Lee, Hermano Lobo,  lo que el otro día escuché en la radio a un  antiglobalización. (No digo el nombre para protegerlo de posibles mordeduras).

". . . Durante siglos hemos permanecido en la más absoluta oscuridad mecidos por la fuliginosa mano de las religiones que lejos de cumplir su función de pastores han mantenido aterrorizados al rebaño sacando provecho de su espanto y desconcierto, han bebido su sangre y han comido la carne de sus corderos, degollados por sus propias manos. Ahora llega otro horror con un rostro distinto pero de la misma naturaleza que el anterior, más hábil, eso sí, y adaptado a la sociedad actual: utilizando los poderes "media" intentan volvernos a las sombras. Nos dan circo y ocio sin fin para que no pensemos, para que no nos cuestionemos. Eliminado las fronteras se quiere igualar a todos los pueblos, pero igualarlos en la más profunda miseria espiritual extrayendo, como si fuera un cáncer, todo vestigio de cultura propia. Otra vez la edad media pero esta vez no basada en estructuras feudales sino en un patético materialismo que subyuga las almas de los hombres. La negación del individuo como ente libre. Sin identidad. Solo importa el hombre-consumidor, el hombre esclavo de las necesidades creadas. Se estigmatizará al que no piense como diga el sistema, al que no viva como diga el sistema. Como en la novela de Orwell desaparecerá el concepto de memoria de los pueblos y la historia será modificada según las necesidades del momento. ¿Os acordáis de los manuales de historia de la dictadura de Franco? Algo parecido. Perderemos nuestro pasado y con él el futuro, nuestra dignidad de hombres libres. De las viejas democracias europeas solo quedará el nombre. . . "

Supongo, Lobo, que estas ideas serán, como tu dices, subversivas. No es que comulgue con el contenido de la cita, pero respeto que alguien piense así y que además se atreva a sostenerlo en público. Pero son ideas y  nada más. Yo no lo fusilaría. . .    y menos en nombre de Dios. No creo que Jesús asesinase a nadie.

¿No entiendes que en la democracia no existen ideas subversivas, Lobo? Solo las tuyas y las del tiro en la nuca, el paredón, los campos de exterminio y la aviación contra los gobiernos elegidos libremente por el pueblo. Tú eres el subversivo, porque te disfrazas de demócrata e intentas tapar tus espúreas intenciones con mentiras sin dignidad.

¿Te encuentras mal, Hermano? ¿Tus garras tiemblan y todo tu cuerpo sufre con los nervios que atenazan tu entendimiento? ¿Duele Lobo? Imagínate lo que le dolió a Allende cuando apretó el gatillo, imagínate lo que sufrió el pueblo de Chile. Sufre ahora tú, Lobo; no me puedes morder, en este foro puedo expresarme libremente y sin demasiado miedo a tus represalias. ¿Si pudieras me matarías, verdad Lobo? Pero tómatelo con calma, aún no he terminado contigo:

Conoces perfectamente, Lobo, que son el odio y el miedo los que te hacen así. Los de tu especie anheláis controlarlo todo, subyugarlo todo, pues en vuestro mezquino ego sois incapaces de comprender la grandeza del espíritu humano y en vuestra sorda esquizofrenia solo lo inteligís como algo amorfo que tiende inexorablemente al mal y que de alguna forma hay que corregir. Teméis al hombre libre. Por eso lo fusiláis. Por eso asesinasteis a Allende. Os aterrorizaba.

Odiáis que el hombre piense y que tenga conocimientos y cultura pues esto pone freno a vuestra ansia por controlar el mundo, por vivir del mundo, por dominar el mundo. Poder. ¿Te gusta esa palabra, Lobo? ¿Tus sicalípticas fauces se inundan de nauseabunda baba al pronunciar esta palabra? Poder, Lobo, poder. Poder para esclavizar al mundo en nombre de Dios y sacar provecho con ello, castigando en público un pecado y cometiendo uno mil veces más mezquino en vuestro corruptos cubiles. Sepulcros blanqueados. Fariseos en posesión de la verdad. Soberbios esbirros de vuestra vil naturaleza cobarde y hedionda. Vuestras manos se encuentran manchadas de la sangre de millones de seres infelices que durante infinitas generaciones han sobrevivido a duras penas a vuestros pérfidos caprichos. Los mismos lobos con distinto pelaje. Siempre el hombre luchando por ser libre en un mundo mínimamente justo, siempre los mismo enfermos intentando impedir que los pueblos encuentren la luz. La eterna lucha entre el bien y el mal.

Pues conoce que enfrente de ti millones de hombres y mujeres demócratas, todos hijos de Dios, - cada uno del suyo-  que aman la libertad, su pasado, y la posibilidad de elegir su futuro, se encuentran dispuestos a darte caza. Allí donde te escondas y señalarte con el dedo. Como he hecho yo, Lobo, que desde el principio certifiqué tu naturaleza; como el viejo Linneo: te he clasificado. Las claves son fáciles. Tu taxón es muy singular. Fue divertido. Siempre os olvidáis de esconder las orejas bajo la piel de cordero.

Pero nadie te va a hacer daño, Lobo, solo te señalaremos con el dedo. Acuérdate, somos demócratas y no asesinamos a los que no son como nosotros. No llenamos los estadios de gente para aniquilarla. Somos corderos. No somos lobos.

Ahora todo ha terminado. Te has descubierto. Solo eres un Lobo. Un golpista.

Así visto, resultas patético.

Carlos Raya de Blas