Debates


Historiografía y Globalización

 
No tengo muy claro si Carlos Raya ha medido bien el alcance de sus palabras. De entrada, esa idea de las consecuencias de la globalización exige ejemplos concretos. Si el señor Raya es capaz, sin titubear, de afirmar que, por ejemplo, Estados Unidos es una nación gobernada por (¿uno o varios y en qué sentido?) organismos supranacionales, entonces habremos dado un paso hacia la claridad de lo que piensa sobre este asunto. Y después de EEUU, habría que poner otro ejemplo..., porque el anterior es muy manido... Evidentemente, no estoy de acuerdo. Creo que esta es una visión de la realidad que, además de equivocada, es fundamentalmente cómoda: sí, cómoda, y por lo tanto peligrosa a la hora de buscar soluciones a los problemas que hay realmente. Es una visión claramente marxista, en su sentido más originario, y echa balones fuera desde el momento en que elude la realidad y se basa en utopías. Es muy fácil decir que los problemas derivan de algo que está por encima de nosotros. Muy fácil y muy torticero: dar tantos rodeos para maltratar a la democracia es algo que ya no cuela. En este sentido, y luego comentaré algo más al respecto, el problema del movimiento antiglobalizador es que no es ideológicamente heterogéneo: muchos de sus integrantes tienen unos intereses políticos claramente extremistas, a los que lo ocurrido en Europa en 1989 no parece que haya afectado lo más mínimo. Por supuesto que no sugiero que la democracia sea intocable, lo que sugiero es que la alternativa a ella ya no puede ser ninguno de los terribles sistemas ya puestos en práctica no hace mucho... La virtud de la democracia es, en mi opinión, que desde su mismo interior dispone de mecanismos para autocorregirse cuando sea necesario. Pero eso depende de nosotros, no de los organismos supranacionales.

La cuestión central en todo esto es que yo no veo cómo se puede demostrar, siquiera sugerir, la diferencia que hay entre la libre elección de los ciudadanos y la imposición. La única imposición que yo conozco es la que se da en las dictaduras. Esa es objetiva. Hablar de que en una nación democrática los ciudadanos, AUNQUE NO SE DEN CUENTA, están también oprimidos es hacer de 'salvapatrias'; es meterse peligrosamente en la conciencia y el corazón de las personas... Los organismos supranacionales existen porque nosotros lo hemos querido; aunque resulte sorprendente, son hijos de la libertad. Así las cosas, debemos también esforzarnos en centrar bien el objeto de nuestra atención: el fin último de la antiglobalización no pueden ser las multinacionales, sino la pobreza, la miseria, el subdesarrollo. No deben ser entes abstractos, sino personas. Países concretos, situaciones concretas, realidades concretas.

A este respecto, creo sinceramente que hay que superar la globalización del propio movimiento antiglobalizador. La pregunta, en este sentido, es: ¿bajo qué forma el espíritu antiglobalizador se ha manifestado o se manifiesta fuera de esas dos o tres grandes concentraciones que han terminado siempre como el rosario de la aurora? Cualquier lector se habrá dado cuenta de que lo que pregunto en el fondo es qué queda de los antiglobalizadores cuando no están enfocados por las cámaras de televisión. Perfectamente sé que una de las maravillas de nuestro tiempo es ese ejército de voluntarios que pululan por el mundo como don quijotes o bajo la manta de las ongs, pero ¿cuántos son realmente y cuántos de esos antiglobalizadores? Hablaba antes de esa heterogeneidad ideológica del movimiento y no quería, desde luego, sugerir que deberían ser iguales; lo que quiero decir es que no es lo mismo querer acabar con la pobreza que ir contra la democracia. Y muchos antiglobalizadores van a esto. Y por eso esas concentraciones acaban como acaban y, por eso, el objetivo de estos se cumple. Provocar como provocan a la policía en manifestaciones de orientación pacífica no es más que una estrategia clásica de los anarquista y de los extremistas, de izquierdas o dederechas. Se amparan bajo el manto blanco de la buenas intenciones para lanzar su cócteles de veneno negro. Creo que es fundamental que todos los verdaderos luchadores por la erradicación del subdesarrollo eviten con todas sus fuerzas el contacto con esto grupúsculos.

Sugerir que la policía en una democracia está al servicio de las multinacionales, al decir que intentaron desprestigiar al movimiento antiglobalizador, es nuevamente moverse en el plano de la ideas menos contrastadas. La policía está al servicio del orden público y nadie, nadie, puede decir que ese haya sido su objetivo prioritario en estas manifestaciones. El objetivo subversivo es siempre el mismo: si en medio de una manifestación de cien mil personas, diez individuos se dedican estratégicamente al terrorismo, la reacción de la policía implica que resulten afectados más de diez personas... Por eso es imprescindible separar el grano del trigo.

GUILLERMO SAAVEDRA