Debates


Historiografía y Globalización

 
Hay normas no escritas que deben ser respetadas; hay normas fundamentales en debates de este tipo, donde la respuesta no puede ser inmediata, que deben ser respetadas. Sobre todo, no mentir: no tergiversar la intervención de los participantes al hacer uso del turno de réplica. Tampoco valorar intenciones. Sugerir arbitrariamente los movimientos ocultos del alma de aquel al que uno contesta.
Carlos Raya hace todo esto, y, sin querer, no hace más que darme la razón en mi creencia de que la postura que él defiende es frágil, poco contrastada y poco realista.

Cuando empieza su colaboración y dice que yo arremeto "sin respeto" con la idea que él defiende, entonces 'miente'.

Cuando aclara que él no es "marxista" tergiversa deliberadamente mis palabras: yo no dije eso, dije que sus opiniones eran de raíz marxista.

Cuando sugiere que yo entiendo ese marxismo como algo "peyorativo" se inventa las cosas: yo, simplemente, expreso mi 'desacuerdo' con tal idea, apuntando superficialmente algún motivo.

Cuando suelta, como quien no quiere la cosa, la palabra "franquista" para referirse a mis palabras, el señor Raya se escuda en la más vil maniobra dialéctica para intentar responder: el insulto.

Cuando Carlos Raya afirma que yo intento 'silenciar, ridiculizar, demonizar' sus opiniones, simplemente 'miente'.

Cuando el señor Raya califica mi lenguaje como 'algo trasnochado' que delata mi verdadera 'etiología', otra vez se vuelve a escudar en el insulto para eludir el debate.

Cuando Carlos Raya dice que "Lo mejor es el último párrafo. No tiene desperdicio" vuelve a usar la descalificación como medio de orientar la opinión del lector.

Cuando el señor Raya, finalmente, sugiere que existen unas 'motivaciones' en el fondo de mi escrito, se escuda cobardemente, otra vez, en la invención, en la mentira, en todo aquello que puede eludir el debate.

Lamento esta larga introducción, pero es fundamental, porque, como apunté al principio, el de Carlos Raya es todo un 'estilo' que viene a explicar muchas de las ideas del señor Raya y que viene a explicar la inoperancia del movimiento anti-g, que más allá de las grandes palabras, grandes manifestaciones, grandes declaraciones, etc., etc., está huérfano absoluto de ideas y hechos.

¿Qué es eso, vuelvo a preguntar, del 'creciente poder' (yo pensaba que 'ya' era una realidad) de las multinacionales? Quiero ejemplos.

¿Qué es eso de que pone en peligro nuestro sistema de vida...?

¿Qué es eso de que las multinacionales llegan a 'eliminar' a quien se opone a sus objetivos?

¿Cómo que qué paso en Chile? Entre otras muchas cosas, pasó que cuando el 'marxista' (¡vaya!, otra vez...) Allende estaba en el poder se dedicó a luchar contra la mitad de su pueblo, demonizándolo y saqueándolo, al tiempo que se iba entregando como un corderito en manos del sistema político que más riqueza, igualdad y libertad ha llevado a los pueblos... (sí, ese que soportan los cubanos...) Claro,
la gente se le rebeló. Faltaría más.

¿Cómo que las multinacionales quieren que consumamos cuánto y cuando ellas decidan? Faltaría más que ese no fuera su objetivo, pero, y yo no sé ud., señor Raya, lo que es yo, sólo consumo cuando a mí me da la realísima gana.

Por último: mire, señor Raya, cualquier joven estudiante que haya ido a lo largo de su vida a cualquier manifestación, le podrá asegurar que siempre, siempre, se presentan en ellas grupos subversivos que vienen a otra cosa... No es cuestión de las manifestaciones anti-g, sino que es cuestión de un estilo de actuación de los extremistas. Simplemente digo que los anti-g deberían cuidarse muy bien de evitar esas malas compañías, si es que realmente lo quieren... Porque, claro, decir que la policía está dominada por las multinacionales, o que la policía quiere desprestigiar al movimiento anti-g, no es más que un bonito cuento, que suena muy bien para ciertos oídos histéricos, pero que no hace más que obligarnos, una vez más, a eludir la realidad.

GUILLERMO SAAVEDRA