Como guionista de historietas (mal llamados "comics" como mal llamadas "historietas; debería ser "literatura verboicónica" o abreviatura que propongo "Livics") escribí cientos de relatos históricos en forma de "Historieta Histórica". En Argentina, un país fundamental para el género, como que aquí tuvimos al Gran Revolucionario, Héctor Germán Oesterheld. En mis comienzos, en los '60, aún teníamos el arrastre de la 2° Guerra Mundial, así que contábamos historias individuales de soldados, de víctimas y de héroes, donde siempre se aportaban detalles históricos del enorme friso que fue esa guerra. En muchas historias de ambiente norteamericano, como se usaba entonces, narramos historia de ese país: de la época de su independencia; de (por supuesto) la Conquista del Oeste; de los años del jazz, etc. Como guionista "gauchesco" escribí dos personajes ambientados en la pampa argentina, en los fortines de frontera justo antes del gran genocidio que perpetró el Ejército Argentino en 1879 ("El Cabo Savino" y "Martín Toro"). Otra historia ("Pehuén Curá")  hablaba de los tiempos de Juan Manuel de Rosas y la primera (e incruenta en su filosofía) Expedición al Desierto. Tomé muchos otros temas históricos argentinos. En un proyecto claramente orientado a contar los grandes hechos de la historia nacional, "El chasqui", relaté nuestras dos Invasiones Inglesas en diez episodios (que dibujó mi hermano Mario): un minucioso trabajo documental donde se contaban cosas pocas veces narradas en los libros escolares de historia. Junto con Mario, precisamente, hicimos "2 de abril", una tira diaria que se publicó SIMULTÁNEAMENTE con la Guerra de Malvinas, donde se alternaba la historia pasada de las islas con el desembarco. Curiosamente, habíamos avanzado hasta la Usurpación en lo antiguo y hasta el izamiento de la bandera argentina el 2 de abril de 1982, cuando (en la realidad) fuimos derrotados, y detuvimos el relato, porque hablar del tema se volvió peligroso (no olvidemos la Dictadura que vivíamos). Narré muchas historias de caudillos, entre ellos había empezado a rescatar una mujer singular que fue guerrillera primero, y luego bandolera, hija de indio huarpe y criollo, doña Martina Chapanay, que murió como a los 89 años. Esta historieta nunca se dibujó ni -obviamente- publicó. También hice historia europea, con algún personaje que actuaba en la época de Nostradamus: Krantz venía del futuro a detener "la noche de San Domingo"; lo conseguía, pero irremediablemente se producía luego "la noche de San Bartolomé", y la Historia que quería cambiar retomaba su cauce básico. Anduve contando la India prebudista con "Kabul de Bengala", y la macedonia prealejandrina con "Argón el Temible". Narré historias africanas y del Shanghai colonizado, que iba a terminar en la llegada de Mao (inconclusa). Una serie, "Manuscritos Apócrifos de la Conquista", contaba hechos extraños de la conquista americana, tomados de "dudosos manuscritos, descalificados códices y casi ilegibles grabaciones de alambre". Se contaba la llegada de Colón... luego de haber viajado con Enrique el Navegante, la caída de Atahualpa, la historia de Magallanes y los patagones contada por un tehuelche, la llegada al río de la Plata según un pillastre embarcado, etc. El proyecto incluía el Dorado, el Paititi, las 7 Ciudades de Cibola, la Ciudad de los Césares, etc.
 
¿Por qué el tiempo pasado? Porque por esos avatares de la política, la globalización y nuestra propia incapacidad, hemos dejado morir la historieta en este país. Las revistas cerraron en 1994. Quedan algunas cosas esporádicas y las tiras de diarios.
 
Como ven, soy uno de esos sacrílegos que usan la Historia para sus fines personales.
 
En mi descargo puedo decirles que SIEMPRE me he documentado al máximo, y que la parte documental dentro de la fantasía era estricta, aún en los "Manuscritos...", puesto que me basaba en auténticos historiadores y en mitos reales.
 
De algo estoy seguro: muchísima gente aprendió historia leyéndome. Y cuando en alguna película o programa de televisión oigo aborígenes mapuche o ranquel gritando "Ya-ya-yaaaaaa, acabau huinca", no sé nunca si esa escena se basa en investigación o está directamente tomada de mis historietas.
 
Hace quince días escribí la número 5500. Dije cinco mil quinientas. Imagínense.
 
Atentamente suyo:
 
Jorge Claudio Morhain