Debates


Innovación y compromiso


Me animo a intervenir acerca del tema de si la historia la escriben los vencedores y si es posible una historia de los vencidos, a partir de los mensajes de Cuahtemoc Domínguez y Juan Antonio Ordóñez.

Es una frase clásica aquella de que "Quien gana la guerra, gana la historia". Creo que se acuñó en el marco de la guerra civil de los EEUU en el siglo XIX y ciertamente encierra una profunda verdad. Quien gana la guerra, gana desde luego el derecho a hacer la versión oficial de ella y a decidir quiénes eran los malos y quiénes los buenos, quiénes son los héroes y los traidores. Pero existiría, creo yo, algo así como un ciclo, según el cual, una vez que los vencedores han logrado imponerse de modo digamos contundente, dentro de su propio seno surgirán voces críticas y solidarias con los vencidos de ayer. Estos fueron los lascasianos en el siglo XVI, tras la Conquista, o los indigenistas del siglo XX. Tratan de escribir entonces una "otra historia", alternativa a la oficial, en el que los roles de los malos y los buenos terminan totalmente trastocados.

Pero a pesar de que surge esta contrahistoria oficial (un ejemplo magnífico de la cual es el libro de León Portilla, por ejemplo), sus cultores provienen también del mundo de los vencedores. Es algo así como la figura del policía bueno y el policía malo. El policía bueno nunca entra en acción hasta que el policía malo haya ejecutado su trabajo. Algo así siento que pasa en el Perú de hoy, por ejemplo, con la controvertida Comisión de la Verdad y Reconciliación que investigó la guerra civil de 1980 a 1993 en el Perú.

 Con ello no quiero decir que sea imposible construir una historia distinta a la oficial, ni que debamos satanizar las versiones "oficiales" o las "contraoficiales", simplemente que también debemos ser críticos cuando topemos con nuevas versiones que se presentan como las "de los vencidos", tratando con ello de ganar legitimidad.

Carlos Contreras
Departamento de Economia
PUCP, Lima.