Debates


Innovación y compromiso


(Respuesta al comentario Número 11)

Apreciable Sr. Domínguez:

Me permito disentir de su opinión en el sentido de que la herencia de los positivistas consiste en presentar la historia a partir de documentos, si por documentos entendemos simplemente escritos en papel, las fuentes de la historia, sea uno positivista o no, son muchas y todas deben ser valoradas y consideradas al hacer historia, cosa que no está peleada con la exactitud positivista.

Ahora bien, la frase "la historia la hacen los vencedores", es poco menos que un mito. Nadie niega que las versiones "oficiales" de la historia normalmente son escritas por los vencedores, pero sería un error suponer que dichas versiones tengan que ser aceptadas como dogmas de fe y que no haya otras fuentes disponibles de las que el historiador deba o pueda abrevar para llegar a la verdad de las cosas. Como usted muy bien dice, la propia realidad actual es una fuente de interpretación de los hechos históricos.

Por otra parte me figuro que al decir que los vencidos son los indígenas y las clases desprotegidas, se refiere usted a la conquista, de ser así, afirmar eso, que los vencidos fueron (que no "son" porque la conquista terminó hace más de 400 años) los indígenas es casi tan obvio como afirmar que 2 más 2, suman 4. No creo que haya una sola persona a la que eso le resulte una noticia interesante, todo el mundo lo sabe, efectivamente, los vencidos fueron los indígenas, es decir ¿Cuál es la aportación de esa frase? Del mismo modo que decir que, en la Guerra Civil Española los vencidos fueron los republicanos y los comunistas, y en la Independencia de los Estados Unidos los vencidos fueron los ingleses, y en la Guerra de las Galias, los vencidos fueron los galos ¿Y eso qué? El hecho de que un cierto grupo social, étnico o nacional resulte vencido en una batalla o en una guerra no es en forma alguna pretexto para justificar el que, casi 500 años después, sigan lamentándose de ese hecho y achacándole todas sus desgracias posteriores. Honestamente, ya basta de ese rencor absurdo e infundado que sólo se esgrime como excusa de la debilidad y la mediocridad, de la falta de iniciativa, de la falta de ánimo y prestancia.

Nadie niega que sea muy lamentable que se hayan perdido vidas y que las personas que habitaban este territorio hayan sido maltratadas, esclavizadas, si se quiere, sí, es muy lamentable, pero ya pasó y no puede uno escudarse en eso para no salir adelante. ¿O es que los franceses de hoy viven en la miseria porque los romanos los conquistaron? ¿Es que los rumanos viven lamentando las derrotas frente a los ejércitos turcos y la muerte de Vlad Tepes? ¿Es que los ingleses de ascendencia anglo-sajona siguen lamentando la conquista de los normandos? Hay que tener seriedad.

Mientras la historia en México se siga enseñando con esos tintes paternalistas, proteccionistas y llenos de rencor histórico, no llegaremos a ningún lado porque los jóvenes seguirán aprendiendo únicamente que la humanidad les debe algo por el hecho de que hace 500 años, un antepasado del que no queda memoria alguna, fue torturado por un español y que ese hecho lo libera de cualquier responsabilidad por su propio futuro. ¡Y no es así! Una cosa es entender la realidad a partir de los hechos históricos y otra muy distinta es conformarse con esa realidad, querer hacerse pasar por víctima de acontecimientos en los que uno ni estuvo presente y evitar, así, cualquier compromiso con la actualidad y con la vida propia.

Todos los pueblos del mundo, sin excepción, han sido en algún momento de la historia los vencidos, en otros, los vencedores, los papeles que les hayan tocado en suerte en un momento dado no pueden servir como excusa, como pretexto ni como justificación para vivir una vida de mediocridad e irresponsabilidad, para quedarse anclado en el pasado.

La dignidad debe, necesariamente, hacer que nos rebelemos cuando tengamos la impresión de ser tratados injustamente, debe hacer que luchemos por nuestras causas y que asumamos responsabilidad de nuestros actos, y no hay causa más importante que uno mismo ni responsabilidad más trascendental que salir adelante, y si hay que hacer esfuerzos sobrehumanos para triunfar en esa causa, pues a hacerlos y a dejar de esperar una reivindicación imposible e improcedente.

Las derrotas históricas, las circunstancias adversas, las dificultades constantes no son razones suficientes para no luchar y no progresar, para no salir todos los días a la calle a romperse la cara trabajando con esmero y dignidad, incansablemente hasta que llegue algo mejor.

Con los defectos que puedan achacárseles, ejemplos claros de esta firme determinación de progresar y de crecer son Benito Juárez y Porfirio Díaz, indígenas como el que más, que supieron hacer frente a las circunstancias con valor y entereza, que supieron salir de la miseria. Si ellos pudieron, no veo una sola razón por la que los demás no puedan.

De que las cosas son más complejas de lo que aquí puedo describir, no cabe duda, de que es mucho más fácil escribirlo que hacerlo, no cabe duda, de que el entorno nacional e internacional pone, desgraciadamente, a algunas personas en situaciones que parecen insalvables, no cabe duda, pero nada de eso exime a cada individuo de asumir su responsabilidad personal sobre su vida y basta de cantaletas y actitudes pusilánimes.

Yo lo invito a que, como profesor que es, esté a la altura de la responsabilidad que se le confiere y se cuide de transmitir a sus alumnos ese rencor que no lleva a progreso alguno, antes al contrario, enséñeles, sí, que los indígenas fueron vencidos, que los españoles fueron brutales en su trato, pero también enséñeles que no existen las deudas históricas y que no hay razón alguna para no levantarse y salir adelante con las propias herramientas con que uno cuenta, hoy igual que hace 500 años. Enséñeles, no la supuesta dignidad del vencido, que no es más que ardor social y orgullo mal entendido, sino la dignidad del que conoce y acepta su pasado y con ese conocimiento se hace de herramientas para triunfar en su presente.

Enséñeles que nadie es responsable de las desgracias propias más que uno mismo y que ninguna de las personas que estamos hoy en día sobre el mundo somos responsables de lo que haya pasado hace 500 años, ni los españoles nos deben nada, ni los franceses, ni los austríacos, ni nadie más. La única deuda que tenemos, es con nosotros mismos, y si tanto nos va a pesar lo que hayan sufrido esos antepasados que ni siquiera recordamos, entonces reivindiquémoslos NOSOTROS MISMOS con nuestro esfuerzo y nuestro exito, que se vea que de algo valió lo que ellos pasaron. Enséñeles que son producto de ese mestizaje, independientemente de las causas y de la forma en que éste se haya producido, y que, como tales, no pueden odiar a ninguna de las culturas de las que derivan porque resulta tanto como odiarse ellos mismos y como alimentar un resentimiento que siempre se vuelve hacia uno mismo y arruina la vida. Enséñeles a estar orgullosos de las dos culturas porque sólo así podrán entenderse y respetarse, y sólo así dejaran de autocompadecerse, porque la autocompasión no es más que una expresión velada de odio hacia uno mismo. Crecer escuchando hasta la saciedad que los antepasados de uno fueron los vencidos (como si uno no tuviera antepasados vencedores) necesariamente ha de redundar en concluir que uno no sirve para nada y que, si durante generaciones y generaciones la gente de uno ha sido vencida, es porque así debe de ser y, por lo tanto, todo esfuerzo es inútil porque uno está destinado también, a perder, nadie puede apreciarse a sí mismo con esas ideas.

Enséñeles las maravillas del mestizaje, de este país lleno de riquezas que no pueden explicarse por la acción única de vencedores o vencidos, sino por la interacción de los dos. Haga usted gente libre, responsable, con carácter y con ánimo, no resentidos sociales incapaces de progreso.

Por último, dice usted "No vale la pena pensar en su pasado sin perder de vista a los vencedores" ¿Quiere usted decir que la única forma en la que vale la pena pensar en su pasado (me imagino que se refiere a los indígenas y las clases populares) es perdiendo de vista a los vencedores? ¿No habrá querido decir "No vale la pena pensar en su pasado sin TOMAR EN CUENTA a los vencedores"? O sea que hay que tenerlos presentes, no perderlos de vista, para que valga la pena ¿No? Porque, si lo que quiso decir, efectivamente, fue que "NO vale la pena pensar en su pasado SIN PERDER DE VISTA a los vencedores", entonces todo este debate es ocioso. En todo caso, habrá querido decir "Vale la pena pensar en su pasado sin perder de vista a los vencedores." En fin...

En honor a la verdad, este debate está totalmente fuera de lugar, nada tiene que ver con el tema que se está tratando, pero de cualquier forma, esperaba usted respuesta, y ahí la tiene.

Saludos,

María del Carmen Ordóñez López
Ordóñez y Asociados, S.C.
México