Debates


Fines de la historia


El mito del origen.

Significado de Historia Social e Historia Cultural en la ENAH, una traducción.

Proximamente se llevará a efecto el Coloquio "Dialogos entre la Historia Social y la Historia Cultural" organizado por la Academia de la Licenciatura en Historia y coordinada por el Antropólogo Social Alejandro Pinet Plascencia. Este será un evento de real importancia porque puede ser el recuento y balance historiográfico del quehacer de la Licenciatura en los últimos 24 años, lo que es aplaudible y desde luego nos invita a la participación, aunque debemos aclarar que fue una auto-invitación, cuando el Coloquio fue anunciado desde el año pasado, pues en un inicio no estaba en él.

Lo primero que nos debemos preguntar es ¿por qué los organizadores iniciales titularon así el coloquio? Historia Social dialogando con la Historia cultural, lenguaje figurativo metonímico en el que la sustitución representa con probabilidad la existencia misma de la historia social y la historia cultural en la Licenciatura, que son los que ahora dialogan. ¿Quienes son la Historia Social y quienes la historia cultural en este contexto? Para el común de los historiadores con toda probabilidad la historia social es la historiografía iniciada por Marc Bloch y Lucien Febvre en Francia que abandonaron la prioridad por el acontecimiento y se sumergieron en el análisis de las estructuras sociales, culturales de la Historia, es decir una historia no exclusivamente política sino tocada por la economía, la sociedad y la cultura. En tal sentido, la historia social es la historia que predomina en este momento a nivel internacional y prácticamente todos los historiadores de la ENAH nos insertamos en ella.

La historia cultural es un hecho más contemporáneo e inserto en la propia Historia social, es decir no ajeno a ella y como una línea de interés paradigmática de la misma. En el diccionario británico de historia se le define como la escuela que encabezan Chartier o el mismo Ginzburg, preocupada por fenómenos como la lectura o la escritura y sus aspectos culturales. Una escuela con interés, pero que despierta el escepticismos de los colegas en Historia, pero que aún así se le considera importante. Llama la atención que al final de este diccionario se muestren palabras críticas y duras para los seguidores de esta escuela en América Latina. La historiografía francesa tiene, por ejemplo, una fuerte base de conocimientos estructurales (economía, política, sociedad y cultura) sobre la cual se puede soportar el análisis cultural que pretende dicha corriente, pero en América Latina lo común es la carencia de estudios estructurales y el nivel de erudición que la construcción de dichaelaboración requiere.

No obstante se traigan profesores invitados, el diálogo no es propiamente el diálogo de Chartier con sus homólogos "sociales", sino un hecho más local, más de nuestro entorno, más "globero y bicicletero", menos que ver con el debate internacional. Y ello es así porque la ductilidad y amplitud del término "Historia Social" no significa lo mismo que la pretensión de Historia social de la ENAH. Se debe estar sumergido en la dinámica pueblerina de nuestra licenciatura para entender de que se habla. La Historia Social es la microhistoria de una de las corrientes de académicos que dicen fundaron la Licenciatura. Lo curioso es que no lo eran en los años 80, pues reivindicaban la historia total, la llamada historia en construcción de vertiente vilarista, retomada y asimilada para articularse como corriente a inicios de los años 80 del siglo XX en la académica Dra. Hilda Bernarda Iparraguirre Lociero que llegó de argentina en 1976. Ella articuló dentro de la Licenciatura esa corriente que posteriormente se adhirió unilateralmente al llamado pensamiento de la escuela social inglesa para apropiarse del apelativo Historia Social a partir del texto de E.P. Hobsbawm Marxismo e Historia desde el cual se reivindicaron ellos como miembros de la Historia Social inglesa. Sin embargo esa pretensión no ha sido la respuesta de un estilo o la creación de una abundante producción historiográfica, sino la existencia de un grupo académico cuya organización más acabada fue el proyecto de Hilda denominado 3 siglos de modernización en México y la acción política para controlar desde su perspectiva la Licenciatura en Historia y desde luego el Programa de Maestría-Doctorado de Historia-Etnohistoria en la ENAH. Es esto lo que significa Historia Social en la ENAH y no una vertiente importante de la historiografía mexicana como se pretende.

La llamada o autodenominada Historia cultural por el contrario tiene por lo menos una presencia académica en el plano nacional, no así en el plano internacional, donde existen muchas dudas y escepticismos. Pero la historia cultural en la ENAH tiene presencia sólo en el trabajo académico en la ENAH un pequeño grupo que perteneció a la llamada escuela historiográfica que colaboró y editó Palos de la crítica y que ahora se expresa en Historia y Grafía del mismo formato, pero desde la plataforma de la Universidad Iberoamericana. Una producción sin duda de mayor calidad que la de sus homólogos sociales, pero que ha terminado como un apéndice del posgrado a pesar de que uno de los fundadores de la carrera el Dr. Guy Rozat Dupeyron encabezó la carrera en los 80 y creo la maestría en la misma época. La Historia cultural como sujeto dialogante se ubica principalmente en el Dr. Alfonso Mendiola Mejía y al que se suben algunos otros profesores entre ellos el coordinador del evento.

Así los dos sujetos del diálogo egocentrista, excluyentes desde el título de cualquier otra expresión en la licenciatura, se sentarán a dialogar y hacer un balance de su filosofía y sus resultados de producción. El sentido de esta lectura no tiene equívoco, ni representa una sobreinterpretación o una lectura paranoica, en el sentido de Umberto Eco, sino el sentido llano, convencional que pueden entender los habitantes de la Licenciatura en la ENAH, Historia social es un grupo de maestros e Historia cultural es otro grupo de maestros.

Esta interpretación podemos reforzarla cuando hemos leído la tesis de Licenciatura de dos exponentes de esta Historia Social Orlando Osbaldo Arreola Rosas, hoy profesor de tiempo completo de la Licenciatura y Juan de Dios Quintana Vista, un trabajo colectivo que titularon La enseñanza de la Historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1937-1985) y que presentaron para su titulación en año 2001. El trabajo pretende la formación de la Licenciatura en Historia en dos vertientes La Historia Social y la Historia realizada por los seguidores de Guy Rozat.

Este trabajo es la lectura que dos miembros de la historia social hacen de la propia historia de la Licenciatura, la ubicación de sus orígenes y su estado hasta 1985. Toda lectura, como sabemos, no es la descripción llana de lo que sucedió, si bien construye su referente, lo hace desde una tradición y un lugar de producción, e imprime su estructura escriturística. Es inevitable, la escritura refleja las estructuras que lo concibieron y habla del medio, las creencias, la moral, las certidumbres del grupo donde fue creada. La dirección de la tesis se refleja y las fuentes empleadas también. Así que no es meramente la lectura de Orlando o Juan de Dios, sino las expresiones del medio retroalimentadas con una visión grupal que en la oralidad tiene su origen.

Ellos, la Historia social han producido su propio mito del origen y este mito se sustantiva y adjetiva en este trabajo. Sus pretensiones no necesariamente se reflejan en el referente, pero desde él construyen una Licenciatura desde dos pilares únicos y que ahora se meten a dialogar. Así pues el diálogo entre la Historia Social y la Historia Cultural es para los miembros de la primera el diálogo entre las escuelas fundantes de la licenciatura. Un diálogo (de dos) positivo en tanto se reconocen los dos mutuamente, se encuentran, se escuchan, reflexionan juntos como partes indispensables de un todo. La reconciliación, el reconocimiento tiene como opuesto y revelador el hecho de que en el pasado hubo desencuentros, fricciones, menosprecio mutuo y oídos sordos. Pero ambos, tolerándose ahora mutuamente al constituirse tienen a su vez un tercero no reconocido, menospreciado con el que existe desencuentro. Ese tercero es la existencia de mayor diversidad que ellos mismos, la negación de otras historias otros postulados, otras producciones a su mismo nivel. Ellos han negado al otro en las palabras de la historia cultural o han omitido las culturas subalternas en el lenguaje de los de la historia cultural. Lo han hecho porque temen que el otro, el subalterno rompa la coherencia dialogal, traiga nuevos argumentos, nuevas estructuras, nueva historia que someta las conclusiones cómodas y míticas al escrutinio de la crítica y de la profundidad de otros pensamientos.

Así el diálogo entre la Historia social y la Historia cultural en la ENAH no sería propiamente un balance sino un ejercicio de seducción y mutuas complacencias, dado que estaría siempre negado y omitido la otredad como una diversidad que no fue ni lo uno ni lo otro, que ha tenido su propia historia y que contiene dentro de esa historia elementos que no agradan la coherencia de la historia que se ha querido construir como el mito del origen de nuestra licenciatura.

Por ello al conocer el foro, al auto invitarnos y luego aceptar la invitación de ellos, hemos preguntado ¿existe una historia outsider en la ENAH? es decir una historia no oficial, al margen de las fuentes, las pretensiones y los sentidos de los oficiales. ¿Cuál ha sido el interlocutor permanente a ambos grupos a lo largo de la historia de la licenciatura en historia? ¿Con quién se han negado a dialogar? Por ello, en nuestra responsabilidad académica presentamos la mesa ¿Existe una historia outsider en la ENAH? como una contribución responsable, académica al debate que requiere la Licenciatura.

Mtro. Arturo Luis Alonzo Padilla
Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Candidato a doctor por la Universidad Autónoma Metropolitana