Debates


Fines de la historia


Hola a Todos:

Quisiera expresar mi desacuerdo, desde el más profundo respeto, con las opiniones del señor Juan Antonio Ordóñez vertidas en sus ultimas intervenciones.

La Historia no solo debe narrar. Por suerte, esa Historia de fechas y lugares sin dar apenas explicaciones o razones sobre los hechos narrados hoy no esta considerada como Historia en el mundo historiográfico. Esa Historia Historizante en la línea de lo dicho por el profesor Julio Valdeón hoy día por suerte ya no se sigue.

Tampoco puedo estar de acuerdo con la afirmación de que interpretar la Historia es mas bien filosofar sobre nuestra disciplina. Historia a Debate creo que se creo precisamente para debatir sobre cuestiones de teoría, metodología e incluso filosofía de la Historia (al menos así lo veíamos cuando nosotros estudiábamos en la Facultad) mas aun en una época en que  los grandes paradigmas historiográficos del siglo XX se han diluido en múltiples corrientes, opciones personales, etc. Por tanto, cuando usted dice que no debemos interpretar la Historia desde mi humilde punto de vista creo que comete dos errores.

El primero de ellos es el de caer en un cierto complejo por el cual no tenemos argumentos, quizá por el carácter “acientifico” para algunos de nuestra disciplina, de ponernos a realizar reflexiones sobre esta. En esta línea le recomiendo el libro del profesor Julio Arostegui La investigación Histórica: Teoria y metodo, editado por Critica.

El segundo de los errores que comete en mi opinión es el de centrarse en el hecho concreto. Pone usted como ejemplo el 12 de octubre de 1492, por tanto se da el Descubrimiento de América y pregunta si este suceso  “¿Requiere alguna interpretación?”(cito literal). Usted se fija en lo que Braudel denomino “tiempo corto”, el tiempo episódico.

Sin embargo este tiempo episódico no nace de la nada, estando dentro a su vez de una estructura superior, que seria el “tiempo medio” el tiempo de las coyunturas y estas a su vez dentro del “Tiempo Largo”, de  la Larga Duración que sufre una muy lenta evolución. En este sentido creo que se debería interpretar la cita de Pierre Vilar, en la que quizá pecando de un lenguaje excesivamente “cientifista”, no dice mas que en la Historia se debe de tener en cuenta el episodio y la sucesión de estos dentro de las estructuras más amplias que conforman la Historia para un estudio adecuado de esta.

Por tanto el tiempo corto si seria el hecho concreto del 12 de Octubre de 1492, pero este se tiene que encajar en una serie de movimientos más profundos y que deben ser interpretados, ya que en caso contrario no estaríamos mas que en una simple sucesión de hechos, sin el más mínimo análisis de estos, más cercanos a la crónica o a los antiguos anales que a la Historia entendida actualmente.

En el caso concreto del Descubrimiento deberíamos tener en cuenta una serie de sucesos. Entre ellas nos podríamos fijar en el desarrollo de la cartografía en el periodo que los geógrafos califican de Ibérico comprendido entre el siglo XV y XVI esencialmente; el desarrollo  de mejores técnicas navales como fue el desarrollo de la caravela; la caida de Constantinopla en manos de los turcos a mediados del siglo XV complicandose el lucrativo comercio de las especias; el desarrollo por parte de los portugueses de una ruta hacia la “tierra de las especias” rodeando Africa y que obviase a los intermediarios y a la presencia turca; la rivalidad iberica entre las Coronas de Castilla y de Portugal que se plasmarian en la Guerra Civil que se dio en Castilla entre los partidarios de la reina Isabel de Castilla, hermana del difunto rey Enrique IV y la hija de este, Juana “la Beltraneja”(por los rumores de ser hija de don Beltrán y no del rey) y que ocasiono que en el Atlántico en palabras del profesor Heers se diese la primera guerra colonial entre reinos europeos...

Por tanto decir que el Descubrimiento o cualquier otro suceso histórico  no se debe interpretar dentro de  una serie de claves creo que es un error. La Interpretación tradicional de la batalla de Lepanto fue que la armada española, bajo el mando de don Juan de Austria destrozo a la flota otomana  y salvo a la Cristiandad de la pérfida amenaza musulmana. Generalmente se obviaba la participación  del Papado y de Venecia en la Liga Santa y el hecho de que tras la Batalla  la actividad musulmana a través de los corsarios musulmanes no se redujo, incluso hubo un repunte. Tampoco se manifestaba el hecho de que al año siguiente la flota turca estaba repuesto de la gran derrota o que el paron de sus actividades mas allá de su área de influencia en el Mediterráneo Oriental se debía también a la aparición de un nuevo frente militar, en este caso contra los persas. Para los Turcos fue una batalla que tampoco se pudo considerar como una derrota a manos de los pérfidos “idolatras” cristianos (para los musulmanes somos idolatras por el culto a los santos)

En esta  misma línea estaría el episodio de la “Defenestración de Praga” (1618) ya que es esta el momento de inicio del inicio de la Guerra de los Treinta Años. Pero el atentado contra los representantes imperiales no nació de la nada, ya que el conflicto no solo se produjo por la lucha entre confesiones religiosas, dándose otra serie de factores como la búsqueda  de una mayor autonomía entre los distintos “estados” que formaban el Imperio, la solidaridad dinastica entre los Austrias y el mantenimiento de una política de prestigio o las implicaciones internacionales tras el final de la Tregua de los Doce Años entre la Monarquía Hispánica y las Provincias Unidas.

Sobre una mala interpretación de la Historia en el ámbito arqueológico podríamos citar en España el mito de Tarteso (le recomiendo como una muestra de esta polémica historiografica ALVAR, J. y BLÁZQUEZ, J.Mª: Los enigmas de Tarteso, Madrid, Catedra, 1993). De este teóricamente poderoso reino, comparable según ciertos autores a la gran civilización griega o mesopotámica, apenas tenemos documentación arqueológica que avale esta interpretación.   Se dio la creencia de un gran estado, de los primeros en Europa, dentro de un contexto en el que a los políticos españoles les interesaba entroncarse con las grandes civilizaciones antiguas. Pero esto se hizo con los descartes de cualquier documentación que pudiera ir en contra de esta idea, o que pudiera demostrar una contaminación “semita” proveniente de la presencia fenicia.

También fue incorrecta la interpretación tradicional del fin de Tarteso debido a una presencia punica muy temprana interesada en destruir el apogeo tartesico buscándose una interpretación del final de Tarteso que pudiera relacionarse  con una cada vez mayor tensión entre Cartago  y Roma relacionada con el periodo de la Paz Armada previa a la I Guerra Mundial o al periodo de entreguerras.

En esta misma línea estaria el deseo de entroncar la esencia de España con los Indoeuropeos a través de la colonización griega de la que aprendimos todo lo bueno en contra de la nefasta influencia “semita” de los simples comerciantes y explotadores fenicios (esta era la interpretación tradicional hasta hace el ultimo tercio del siglo XX en la arqueología y la Historia Antigua en España).

Para finalizar esta intervención que creo que quizás sea demasiado extenso, quiero reafirmarme en la necesidad de una interpretación de cualquier hecho histórico, para dar una explicación causal, genética (estructural, definitoria) y no solo narrativa.

Esperando que mis planteamientos sean tenidos en cuenta y confiando   que mi digresión ayude a seguir con el debate y con avances en la practica en todos los sentidos de nuestra disciplina dentro de esta lista de correo y estando a su disposición   para cualquier replica o continuación del debate con el señor Juan Antonio Ordóñez

Atentamente

Aitor Pérez Blázquez.
Licenciado en Historia por la Universidad de Málaga
Fuengirola (Málaga), España