Debates


Grandes hombres 


 
Hace algunos años, uno de los profesores del área de historia contemporánea del campus de Ciudad Real, me recomedó que leyera la novela de José Luis Olaizola "La guerra del general Escobar", ganadora del Premio Planeta en 1983. Pude descubrir a un personaje de ña guerra de España totalmente olvidado por los historiadores, con una fascinante historia tras de sí, y ya que ustedes me dan la oportunidad, quería referirme a él para que nuestros hermanos latinoamericanos, así como también los jóvenes historiadores españoles, le conozcan. Antonio Escobar Huerta era comandante de la Guardia Civil en Barcelona cuando en 1936 se produjo el golpe de Estado. Hombre de profundas convicciones religiosas, padre de un guardia de asalto, de un miembro de falange, de una monja adoratriz y hermano de otra monja y de uno de los militares que acabaron apoyando el levantamiento, no dudo en ponerse del lado de la República, su juramento de fidelidad pesaba más que cualquier otra cosa. La posición de la Guardia Civil en Barcelona, así como el peso delanarcosindicalismo fueron fundamentales para que el golpe en la ciudad condal no prosperara. El gobierno republicano, falto de altos mandos, le nombró general en jefe de los ejércitos de Extremadura, entre tanto, había sido herido varias veces, na en el frente de Madrid y otra en Barcelona, la primera vez por balas fascisas, la segunda por un pistolero anarquista, sobrevivió milagrosamente y, como buen católico, pidió permiso para peregrinar a Lourdes, nadie pensaba que volvería de allí, pero él y su hijo, tras dar gracias a la Virgen, regresaron a España para continuar su labor para sorpresa de propios y extraños.

Tras entrevistarse con los altos mandos políticos y militares de la República reconoció que toda resistencia era inútil ante la situación de precariedad de las fuerzas leales. Rindió sus tropas ante Yagüe y este le invitó a salir de España, pero él, seguro de que había cumplido con su deber, torturado por la muerte de su hijo falangista en Belchite, por el asalto que recibió cuando custodiaba algunos de los golpistas en la Ciudad Condal, asalto de las turbas que acabaron con la vida de los que el general escoltaba y con su otro hijo preso, decidió quedarse. Preso en el castillo de Mojuitch, fue fusilado con honores militares, permitiéndosele que dirigiera su propia ejecución. El cardenal Segura y diversas instituciones religiosas intentaron interceder por él ante Franco, pero fue muerto en 1940. Hasta allí se desplazaron miembros de la congregación religiosa a la que pertenecía para recoger restos de sangre del que consideraban un santo.

Hoy, la historia de este hombre, que antepuso su juramento a cualquier circunstancia, está prácticamente olvidada. Una novela, una película: "Memorias del general Escobar", y un breve artículo en HIstoria 16 del año 83, junto con esta reseña, son demasiado poco para una figura, no crucial, pero si honrable.
 

JORGE JUAN TRUJILLO VALDERAS
UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA