Debates


Historia y ética


Hola a :
 
En cierto modo parece lógico que tratando precisamente sobre Historia y Ética afloren tantas manifestaciones de nuestra alienación. Se ha venido vinculando reiteradamente la construcción de nuestra ética a una serie de imposibles, de ideas sin fundamento en la misma realidad histórica: la ideología dominante.
 
¿Hasta qué punto podemos superar nuestras limitaciones? ¿Por qué seleccionamos determinado tema o problema de investigación y no otros? ¿Y por qué lo abordamos con un enfoque metodológico concreto y no otros? Estas decisiones están mucho más condicionadas por nuestras limitaciones (de toda índole) que por el ejercicio de nuestra libertad.
 
Somos seres humanos, limitados, falibles y, por supuesto y ante todo, subjetivos. Tanto que la misma experiencia histórica es esencialmente una construcción subjetiva, individual y socialmente. He asistido a debates acerca de los nacionalismos en España, entre historiadores que se arrojaban mutuamente a la cabeza "hechos históricos verdaderos". Sin embargo, no parecían ver lo más obvio: que fueron vividos y son ahora "revividos" subjetivamente.
 
Por eso vincular nuestra ética con el respeto por la "Verdad" se me antoja casi suicida. ¿Qué Verdad? ¿La Verdad de quién? Pero el poco respeto por la Verdad del que se hace gala con el saber histórico en realidad va más allá de los efectos de la subjetividad. ¿Cuántos ejemplos de mentiras intencionadas podríamos reunir entre solamente examinando los currículos oficiales de nuestros respectivos países? ¿Por qué en las Islas seguimos empleando el término "Prehistoria de Canarias" para calificar una sociedades productoras de excedentes, estamentales, en proceso de centralización política en las islas más importantes, que conocían la escritura y hasta un par de alfabetos en algunos casos?
 
En Canarias sabemos que, justamente, es un problema "político". El saber histórico nació siendo, sobre todo, político. Y cuando los políticos hablan de asuntos de Estado, de "alta política", hablan más que nada de Historia. Nuestro supuesto distanciamiento de la política es una entelequia, tan lejana de la realidad como de nuestras vocaciones más comunes. Al menos aquí, una parte significativa (y siempre la más relevante) de los departamentos de Historia de ambas universidades mantiene una pública (y en varios casos notoria) militancia y actividad políticas.

¿Deslegitima esto su producción historiográfica?
 
En la "práctica" de nuestros discursos sobre este asunto estamos negando la mayor: la heterogeneidad, diversidad y pluralidad de los historiadores e historiadoras. La búsqueda de la Verdad, del equilibrio perfecto, de la exacta objetividad nos impide ver que hay tantas éticas históricas como limitaciones personales, subjetividades, mentiras y alineamientos políticos.
 
Este velo cubre lo verdaderamente cierto de todo esto. La función principal del producto de nuestro trabajo (cuando investigamos y cuando enseñamos) es otorgar legitimidad a unos frente a otros, a un presente real frente a otros posibles. ¿Por qué no nos horrorizamos (y no nos movilizamos) ante las enormes fortunas de los hijos, nietos y bisnietos de los industriales que se lucraron como nunca en las dos guerras mundiales? Porque esas dos carnicerías "ya son Historia", y eso no se discute.
 
¿Cómo construir una Ética de los historiadores e historiadoras obviando la función social de su trabajo? ¿Y cómo "validar" entonces un saber histórico producto de tanta diversidad, incluso ética?
 
Existe una alternativa. Tendríamos que discutir nuestros métodos de producción y reproducción de los saberes históricos: cómo investigamos y cómo enseñamos. Pero, por desgracia, solemos reconocer muchas veces que "la metodología no es nuestro fuerte". Una limitación (en ocasiones amputación) muy interesante, como nuestra eterna búsqueda de la "Verdad", para la Ética hegemónica hoy día. Esa que está dibujando el mundo de horror que vivimos.
 
Abrazos a ,
 
Domingo Marrero Urbín
Profesor de Enseñanza Secundaria.
Las Palmas de Gran Canaria.