Debates


Historia y ética

 
Dr. Bernardo Máiz:

Quisiera comentar algo que dije con anterioridad:

Los parámetros conceptuales, desde la antropología o desde cualquier otra disciplina social, deben confluir sustancialmente. Desde luego que el esquema aportado por un concepto como el de "consenso" es en sí complejo, pero nosotros -el ser humano-, somos los autores de su esquematización y su carácter de aplicabilidad -al igual que el concepto de objetividad. Este mundo lo reestructuramos, lo redimensionamos constantemente, y estas permanentes recreaciones se encuadran en temporalidades específicas. Nosotros las rescatamos o las volvemos vigentes a partir de cortes arbitrarios difinidos consciente o inconscientemente dentro del orden de lo que hemos dado en llamar "social". Y es necesaria la recreación de la o las realidaes porque eso las define como organismos vivos: es como la ciencia que requiere retroalimentarse constantemente, reefinirse a sí misma en la medida en que adquiere más información, por lo que sus "acuerdos de verdad" -como los define la Teoría e la Biología Cultural-, se integran a partir de su carácter residual. Nuestros conceptos de "tradición" o "identidad", implican cortes temporales y culturales aportados por la antropología y la historia. La "profundidad" temporal acota el momento histórico de un análisis, mientras que la "profundidad" cultural define el tipo de hombre y sociedad intervenidos por el investigador. Por ello, cuando pensamos rescatar una tradición, primero debemos hacernos las preguntas de ¿la de qué año, siglo, época?, si no estaremos cayendo en la tentación de la atemporalidad. Pongo el ejemplo de trabajar la figura específica de una persona: Si yo lo tuviese que "rescatar" como concepto, primero deberé definir que época suya voy a estudiar (no es lo mismo cuando esta cumplió 5 años que cuando entró a la universidad), sin embargo, todos estos momentos de la persona la constituyen como un todo en el tiempo presente. La antropología y la historia deberán conformar la capacidad de penetrar a la persona diferenciada, motivando así los cortes arbitrarios que la sociedad se apropiará para su idea del entorno. El consenso así, se desenvuelve en la suma de particularidades reales, cuantificables y por supuesto perfectibles pero siempr humanas. Los conceptos como un abstracto cobran contundencia real al "bajarlos" por su aplicabilidad. Finalmente es el tan antiguo como vigente principo hegeliano de la Positividad:el hombre es libre en la medida en que es consciente de sus limitaciones. Un hombre carente de andamiajes no puede definirse a sí mismo ni a su conportamiento. El ejercicio de nuestra voluntad al interior de nuestras limitantes expuestas, nos permite ser internamente libres. Disculpe la disgresión pero la creo válida. Un fraternal abrazo.

Dr. Joaquín Muñoz,
Escuela de Educación Superior en Ciencias Históricas y Antropológicas
de San Luis Potosí, México.

Un abrazo.