Debates


Historia y ética

El establecimiento de una norma ética de aplicación general como es el decir siempre la verdad de las cosas, es algo utópico si queremos ser coherentes con nosotros mismos.
 
Podemos intentar partir del supuesto teórico que se debe decir siempre la verdad, pero ¿cuál es la verdad?, ¿acaso no tenemos cada uno una verdad diferente?, mi verdad puede no ser la misma que la de otros investigadores, a pesar de partir todos de los mismos datos. Es más, con el paso del tiempo y con los mismos datos sobre la mesa, al releer nuestro trabajo, podemos cambiar de opinión sobre la explicación del mismo hecho histórico; lo estamos viendo cada día, y sin necesidad de tener que plantear contextos en los que se elaboran las ideas bajo presiones externas, en cuyo caso podría estar más justificado, desde el punto de vista humano al menos, ya que no científico.
 
Estoy conforme en que se debe tratar de no ocultar datos ni exponerlos a medias o de forma tendenciosa, pero siempre con la seguridad que no siempre serán entendidos  igual por todos los individuos (investigadores o no) y que dejemos claro que las interpretaciones de los mismos, es una postura personal y por tanto, no tiene por qué coincidir con otras interpretaciones.
 
Cualquier persona en su vida diaria, es muy discutible que funcione con la verdad absoluta, o aún más, es muy discutible que sea bueno ni necesario disponer de ella. Me vienen ahora a la memoria multitud de obras literarias dónde se expone esta misma idea y que sería largo relatarles, pero la “verdad absoluta” es una cuestión ampliamente debatida desde el punto de vista ético-filosófico y que aún no se le ha dado solución.
 
En resumen, como científicos sí debemos acercarnos lo más posible a la verdad, pero siendo conscientes que esa puede ser sólo nuestra verdad.
 
Enrique Vegas Rioja
Facultad de Historia de la ULPGC