Debates


Historia digital

 
Mi ocupación para el próximo curso será, precisamente, promover la integración curricular de las TIC entre el profesorado de Ciencias Sociales de Secundaria en Canarias. De modo que tengo "muy presentes" (en mi conciencia) las reflexiones que me propongo aportar, y por cuya extensión les pido disculpas.
 
¿Qué tiene de nuevo nuestra "nueva historiografía"? Ya lo indica básicamente Carlos Barros: facilita, agiliza, potencia la producción del saber histórico y la comunicación profesional como nunca hasta ahora. Y lo subraya la profesora Graciela Santamaría: es un avance tecnológico.
 
Y esos son sus límites. Es un fenómeno que se produce exclusivamente en el ámbito técnico de la producción del saber histórico y también de su difusión social. Muy por encima se encuentra un conjunto de paradigmas (siempre acudo a Topolsky) que condiciona estrechamente la investigación y la enseñanza históricas. Estos paradigmas en absoluto se están viendo alterados o modificados por la actual irrupción de las TIC en la sociedad, en la enseñanza y entre las comunidades de investigadores/as.
 
Como tampoco cambian las relaciones sociales y de poder en los institutos y universidades, y en sus aulas. Aquellas que rigen la distribución de los recursos humanos y económicos entre departamentos. Aquellas que determinan las líneas y proyectos de investigación que finalmente se desarrollan. Aquellas que configuran los currículos de Historia en todo el Sistema Educativo; los reales, los que viven [email protected] estudiantes.
 
Claro que el uso de las TIC contribuye a aumentar la motivación y mejorar el aprendizaje. ¿Por qué? Aunque parezca paradójico, porque acerca a los jóvenes a la realidad. Al menos frente a la exposición magistral, el dictado de apuntes, el libro de texto y los "manuales únicos" en general. Su pretensión de reunir y ofrecer "la información" -aunque sólo sea la más relevante- sobre un tema o período histórico determinados se derrumba ante la enorme potencia informativa y comunicativa de la Red.
 
La "tecnología del libro de texto" (Juame Martínez Bonafé) es la que peligra esencialmente con la introducción educativa de la informática. No peligran ni el libro ni su "horizonte epistémico". Entre otras razones porque serán imprescindibles "buenos libros" sobre la Red. Y porque, en cualquier caso, seguirá siendo necesario leer: libros digitales o digitalizados, prensa y toda clase de documentos susceptibles de ser empleados como fuentes históricas. Como siempre.
 
La Red es un medio formidable para acceder a las fuentes para la investigación. Pero éstas, en términos generales, siguen siendo las tradicionales. En la medida que los archivos progresen en la digitalización de sus fondos ello será aún más cierto.
 
Por tanto, el contraste de las fuentes, como tal, no debía ser especialmente distinto. Y si algo hace la Red, precisamente, es multiplicar como nunca las posibilidades de validarlas. Facilita el acceso a otras fuentes alternativas y la comunicación con las instituciones que producen y ofrecen la información. Pero también nos permite pulsar la opinión de (otros) expertos con mucha más agilidad.
 
Las "nuevas tecnologías" fundamentalmente dejan en evidencia a los "viejos recursos", y a los "viejos métodos" que los emplean. Y, en ese sentido, será posible que un cambio en el terreno técnico sea capaz de provocar "revoluciones epistemológicas" a largo plazo. Pero el cambio se debe producir en el territorio de los métodos, de investigación y de enseñanza.
 
¿Una revolución? Las propuestas, los modelos capaces de integrar las TIC con toda su potencialidad en la producción del saber histórico y en su aprendizaje ya existen. Y la única razón por la que pueden calificarse como "revolucionarios" es porque proceden del siglo XIX. Ahí se produjeron los primeros intentos de elaborar una historia global. Y ahí se desarrollaron los primeros métodos de enseñanza globalizadores.
 
Al ordenador le ha tocado en suerte ser el instrumento más brillante de la globalización económica, política, cultural y, en consecuencia, de la realidad histórica, de la historia. Su paulatina introducción en la investigación y en la enseñanza demandará métodos también globalizadores, haciendo definitivamente inviables algunos paradigmas que igualmente provienen del siglo XIX.
 
Sin embargo, al igual que Historia a Debate es "síntoma, causa y consecuencia de la nueva historiografía que está naciendo en la Red", la ausencia aún mayoritaria de las TIC en la investigación y en la enseñanza de la Historia refleja la hegemonía de esos paradigmas. Al mismo tiempo, "el ordenador" también es síntoma, causa y consecuencia de procesos históricos muy contestados. Para no cegarnos con su brillo serán aún más necesarias las "miradas globalizadoras", para seguir teniendo al ser humanno en el centro de nuestras pre/ocupaciones. Sí, en cierto modo, la vuelta a los Clásicos.
 
 
Domingo Marrero Urbín
Profesor de Enseñanza Secundaria
Las Palmas de Gran Canaria