Debates


Historia y género


[email protected] colegas:

Me gustaría contribuir con una breve aportación al debate sobre historia de género a partir de la interesante contribución de María Mercedes Tenti. A la pregunta de por qué una historia de género y no una "historia de las mujeres," me gustaría responder con las siguientes apreciaciones que he querido hacer prácticamente desde que comenzara el debate en esta lista.

En primer lugar, el término "historia de género" parece estar siendo interpretado en este debate única y exclusivamente como "historia de las mujeres." No puedo estar más en desacuerdo con esta identificación, a mi parecer errónea y perjudicial desde una perspectiva histórica. Esta diferencia, que ya ha sido analizada y superada superada en la literatura anglófona, sigue sin embargo causando confusión en la literatura escrita en español. Considero que no es posible hablar de "historia de género" sin plantear un análisis de, en primer lugar, qué queremos significar con el término "género." Si consideramos el género como una categoría organizativa de relaciones, inevitablemente este planteamiento nos conduce a la necesidad de plantear análisis más inclusivos (es decir, ir más allá de la categoría-constructo de "mujer" e incluir otros "géneros"). Pero además, debemos evitar caer en lo que [email protected] anglófonos como Mary Wiesner han dado en llamar "the add women and stir approach," es decir, la idea de que una historia del género ha de tener como foco principal al colectivo-constructo de las "mujeres" y que basta con hablar de "la mujer" para que nuestra obra se considere una historia de género. En este sentido, considero que esta aproximación a la historia del género - es decir, una aproximación que plantee una equivalencia entre "historia de género" e "historia de la mujer," limita extraordinariamente nuestra capacidad de comprensión del significado de "género." Desde esta perspectiva, considero que no cabe plantear un estudio de género que no tenga en cuenta, por ejemplo, los procesos de formación de identidades masculinas así como su efecto sobre la construcción de conceptos como la femeneidad, "lo femenino," etc. Una historia de género completa debe tener en cuenta no sólo a "la mujer" (¿existe realmente como sujeto histórico, o es una categ oría analítica que nos ofrece más problemas que soluciones? ¿cómo lidiar con la categoría "mujer" cuando en nuestra tarea histórica sabemos que las categorías de clase social, estatus, posición económica, etnia, o incluso orientación sexual han de conducirnos inevitablemente a una concepción mucho más pluralista y heterogénea de la realidad que llamamos "mujer" de la que el término implica?), sino que también debe integrar conceptos como la masculinidad, o incluso el propio concepto de "los hombres." Porque, si bien la historiografía tradicional aparentemente se ha concentrado en experiencias masculinas, haciendo pasar la experiencia de los hombres por experiencia universal del género humano, lo cierto es que al mismo tiempo esa misma historiografía no nos ofrece los mecanismos adecuados para profundizar en el conocimiento de la historia de ese otro constructo del "hombre" (específicamente masculino) en tanto que "hombre". Los trabajos de sociólogos como Kimmel, Connell, o Harry Brody constituyen un buen punto de partida para el análisis de la masculinidad desde una perspectiva abiertamente progresista e incluso feminista dentro de los denominados "estudios de género." Por eso creo necesario que, desde nuestros estudios de género, seamos capaces de integrar el estudio de "lo masculino" como parte integral de las experiencias estructuradas alreadedor de la noción de género, y superar las limitaciones que nos autoimponemos al identificar el concepto de historia de género con "historia de las mujeres."

En segundo lugar, me gustaría añadir que un debate actualizado sobre la historia de género debería estar afianzado sobre tres pilares fundamentales, dos de los cuales no tienen aún demasiado eco en nuestras universidades: (1) los estudios de la mujer; (2) la nueva historia de la(s) masculinidad(es), desarrollada por los teóricos que menciono más arriba; y (3) la teoría queer de inspiración anglosajona, cuyo texto fundacional es el Gender Trouble de Judith Butler, en el cual la autora cuestiona la bipolaridad hombre/mujer y anuncia la necesidad de conceptualizar ambas realidades como constructos sociales visibles solamente en contextos históricos específicos. Considero que [email protected] teóricos queer (Butler et al.) han añadido, desde finales de los ochenta y sobre todo en los noventa, suficientes aportaciones teóricas como para que historiadores prestemos más atención a la noción de género como constructo social (por ejemplo: ¿un niño de cinco años, qué género tiene? ¿y una mujer viuda en la Venecia del renacimiento? ¿basta, desde una perspectiva histórica, definir a ambos simplemente en función de su sexo biológico como "hombre" y "mujer" respectivamente, ignorando otros factores que determinan su posición en la estructura de género de sus respectivas sociedades, como por ejemplo su edad, su estado civil, su posición en la familia extensa, etc. etc.?

No he pretendido hacer un repaso exhaustivo de todas las interesantísimas aportaciones que se han ido sucedienco en la lista, sino más bien exponer en forma de boceto algunos de los puntos que considero han estado ausentes del debate hasta el momento y sugerir nuevas direcciones en el planteamiento de los estudios de género desde una perspectiva histórica.

Reciban un cordial saludo,

Vanesa Casanova-Fernandez
Departamento de Historia (Sección de Oriente Medio y Norte de África) - Georgetown University