He estado leyendo el informe de la academia, y no sé qué pensar: por una parte, observo que no da ningún ejemplo en lo referente a lo sesgado y parcial de la enseñanza que dicen se imparte en las ikastolas; por el otro, mucho me temo que tengan razón y a los alumnos de secundaria de las llamadas Nacionalidades históricas se les esté enseñando una historia completamente tergiversada.

Quiero hacer referencia en concreto a unas recientes declaraciones del lehendakari, J.J. Ibarretxe, en las que decía que el problema vasco se remonataba a ciento sesenta años atrás; no resulta muy difícil suponer que se refería a la primera guerra carlista, que terminó en 1839. Pues bien, como todo el mundo que haya estudiado el tema medianamente a fondo sabe que ésta es una mentira histórica del tamaño de una catedral; me remito a Stanley G. Paine, que en su "Historia del Nacionalismo Vasco" da, a mi juicio, en el clavo cuando dice que la clave de la participación de la población rural vasconavarra en la guerra se basó principalmente no en el supuesto foralismo de D. Carlos, sino en su exacervado tradicionalismo, que coincidía con el del clero vasco; fue este clero el responsable directo de dicha participación. Resulta difícil creer que un verdadero nacionalista vasco luchara por instaurar en el trono de España a D. Carlos María Isidro de Borbón-Parma, pero por alguna extraña razón los nacionalistas lo hacen.

Esta disertación, aparentemente no relacionada con el tema que nos trata, me lleva a la siguiente pregunta: si el lehendakari toma esta mentira histórica por cierta, ¿la estarán dando también por cierta en las ikastolas? Mucho me temo que la respuesta es afirmativa, y sólo por eso ya merecerían ser censuradas; pero si alguien quiere darme datos de lo contrario, estaría muy dispuesto a retractarme.

El informe de la Academia de la Historia está politizado; es cierto. Sin embargo, también es cierto que la historia siempre estará politizada, porque no hay historiador en este mundo que no vierta sus opiniones al interpretar los hechos históricos. Pero hay hechos que no pueden ser cuestionados, y sin embargo la gente los oculta o niega: por ejemplo, en Cataluña existe la idea bastante extendida de que los catalanes no podían comerciar con las colonias de América, idea que se puede rebatir fácilmente con algunos documentos del Archivo General de Indias de Sevilla donde se ven concesiones -y hasta monopolios, en algunos casos- a compañías catalanas para comerciar con dichas colonias. Por todo esto, creo que no se debe despreciar en ningún momento la señal de alarma que ha lanzado la academia; aunque la escasez de ejemplos concretos le resta credibilidad y debe ser corregida.

Javier Arriaga Sevilla