Hola a todos:

Respecto al ya famoso informe de la Academia, a mí, francamente, lo que menos me alarma es el follón que ha montado acerca de los contenidos específicos que se imparten en los distintos territorios. La argumentación es tan débil, y la falta de correlación entre acusaciones y evidencias tan escandalosa, que no merece ni la pena entrar en polémica por ello: baste decir que, con tan caótica línea argumental y tan falaz relación causal, estos sesudos caballeros difícilmente superarían un examen de selectividad LOGSE. ¿Que tras los diseños curriculares de la asignatura de Historia late una intención de vertebración nacional? Como decía un articulista de Avui, han descubierto las sopas de ajo...¿Es que su proyecto está libre de esta pulsión? Como si los nacionalismos fueran buenos o malos por una simple cuestión de escala. Y bien, constatado esto ¿qué piensan hacer? ¿Ejercer la retroacción en las competencias educativas? ¿Derogar la LOGSE? ¿Abolir los Estatutos de autonomía? Como nada de esto es posible, los académicos dejan fluir otras quejas que sí pueden tener resultados, a corto plazo, más deletereos: la parte doctrinal del informe propugna el retorno a un neopositivismo historiográfico, con una descalificación feroz de la aproximación de la Historia al resto de las Ciencias Sociales - proceso que, sin llegar a la fusión interdisciplinar que ellos pretenden denunciar, convirtió a nuestra disciplina en el último cuarto del siglo XX en una eficaz herramienta pedagógica para una aproximación crítica del alumnado al mundo que lo rodea-. Quizás sea esto lo que molesta a la Academia, la sustitución de la mera cronología, tan querida por ellos, donde las cosas suceden porque suceden y le suceden a gente muy importante y de forma muy gloriosa, por el estudio de los procesos, donde el alumno ha de indagar el por qué de la cosas que ocurren en las sociedades e insertarlas en su contexto; el poner el acento en las raíces del mundo en que viven los alumnos -ese "abuso de contemporaneidad" que encocora a nuestros valetudinarios colegas, falso por lo demás, ya que, en la práctica, los apretados programas y la escasez de tiempo no permiten cubrir las etapas cronológicas de la Historia reciente-, en lugar de en procesos clausurados sobre los que se exige la realización de un acto de fe.

El peligro de todo esto, a mi juicio, está en que se nos acabe cerrando el currículo e imponiéndonos una determinada óptica de la Historia que debemos enseñar: no son solo las ópticas nacionalistas las que están en riesgo, sino todas aquellas metodologías no positivistas que conciben a la Historia y su didáctica como una aproximación al pasado para comprender el presente y construir el futuro.

Fernando Hernández Sánchez
Dto. de CC.SS., Gª e Historia
IES. "SEFARAD"
Fuenlabrada (Madrid)