Hola de nuevo:

Me gustaría introducir algunos elementos más de reflexión en el debate. Recordaréis que el informe de la Academia hace referencia a un sobrepeso de la contemporaneidad en el currículo de la ESO y el Bachillerato, y de que, aparte del desarrollo curricular que realizan las editoriales de textos, la institución carece de información acerca de la práctica de los profesores en el aula. Bien, es acerca de esto de lo que quiero aportar mi punto de vista. Respecto al exceso de los contenidos de Historia Contemporánea (el bloque temático "Mundo actual" en el Diseño Curricular Base), las programaciones, tanto de los textos como de los Departamentos didacticos de los IES tienden a ubicarlos en 4 de ESO. Los contenidos referentes a la historia más próxima ( desde la Guerra Civil a nuestros días) ocupan el último tramo del curso académico, lo que, debido a la escasez de horas y lo denso de los programas, revierte en que casi nunca se cubren. Como instrumento de trabajo para mi tesis doctoral, estoy realizando una encuesta entre profesores de Secundaria (que os invito de paso a conocer en la siguiente dirección: http://members.es.tripod.de/histodidac/index-2.html ) que indica que solo un tercio de los encuestados completan el temario, mientras que los dos tercios restantes solo llegan satisfactoriamente a la República y la Guerra Civil.

El problema de desconocimiento de las raíces próximas del mundo en el que viven los alumnos se agrava si tenemos en cuenta que solo aquellos que sigan estudios de Bachillerato, y en concreto de las opciones de Humanidades y Ciencias Sociales tendrán una asignatura en 1º de Historia Contemporánea Universal, y en todas las opciones en 2º una Historia que, en el antiguo territorio MEC tiende a ser Contemporánea de España (que con los agobios lógicos de la Selectividad oferece un recorrido acelerado y superficial de los últimos temas). En definitiva, a pesar de lo que se diga, en la práctica, promociones enteras de alumnos pueden salir de la escolaridad obligatoria sin haber visto nada relativo a la Historia más reciente (desconociendo, por tanto, las claves del mundo en el que viven), y solo un grupo cribado por la selección académica del Bachillerato habrá tenido acceso a conocimientos en buena medida superficiales y "para cubrir el expediente" de este periodo.

Pero esto no es todo: si investigamos la práctica docente, podemos encontrarnos con sorpresas de otra índole. La mitad de los encuestados están de acuerdo con la afirmación de que la meta del historiador es la objetividad y que debe abstenerse de interpretaciones ideológicas. Un tercio opina que los acontecimientos deben reposar entre 5 y 25 años para poder ser abordados históricamente. El 50 por ciento utilizarían una didáctica simplificada para dar a conocer los contenidos de la Historia reciente, y solo una sexta parte los considera capaces de comprender los aspectos esenciales de ese pasado. A la hora de optar personalmente por un paradigma explicativo para dar cuenta, por ejemplo, de la Transición democrática, y ofrecidas a su elección tres categorías de interpretaciones (una primera de tipo sociopolítico, una segunda de carácter funcionalista y una tercera que hace hincapié en los liderazgos personalistas), un tercio opta por la primera, la mitad lo hace por la segunda y una sexta parte por la tercera. Pero a la hora de transmitir esa misma interpretación al alumnado, la mitad elige la versión personalista (el papel director del rey, Suárez, Carrillo, González...), un tercio la funcionalista (la Transición como proceso natural de la maduración de las clases medias surgidas con el desarrollismo franquista) y solo una sexta parte opta por la interpretación sociopolítica.

Es decir, muchos de nuestros compañeros sostienen un paradigma histiográficamente elaborado para consumo personal y entre colegas, y sin embargo transmite paradigmas obsoletos, basados en la acción de personajes-clave, para consumo didáctico de un alumnado presuntamente inmaduro.

Un saludo

Fernando Hernández Sánchez

DTO. CC.SS., G e Historia
IES. SEFARAD Fuenlabrada (Madrid)