Hola de nuevo:

En torno a las últimas aportaciones al debate, creo que centrarnos en un cruce de interpretaciones beligerantes acerca de los contenidos teóricos de una o varias historias nacionales limita gravemente la discusión sobre la verdadera naturaleza del programa político que subyace en el informe de la Academia (que, con toda probabilidad, va a ser el sustrato "científico" sobre el que se asiente la futura reforma del currículo de Geografía e Historia que prepara el Ministerio de Educación). Tanto Corbalán como los que no estén de acuerdo con él seguirán seleccionando los contenidos que consideren ajustados para impartir sus interpretaciones de la Historia (como de hecho hacemos todos los historiadores), pero mal irá la cosa para la didáctica de nuestra disciplina si lo que transmitimos a nuestros alumnos es un conjunto enciclopédico e inconexo de cronologías que se demuestran por sí mismas, de reinados, pleitos dinásticos y territoriales interminables, batallas gloriosas (por ganadas o por perdidas), y de todo aquello que Pierre Nora ha denominado "Lugares de memoria" como hitos fundacionales de un imaginario colectivo ( a la escala que se prefiera).

A título de ejemplo, llevo siguiendo a través de la prensa las aportaciones que desde diversos ámbitos se están dando al problema que nos ocupa. Destacan, sobre todas las demás, las del espectro nacionalista vasco -dada la evidente confrontación con el gobierno central, a la que las sedicentes alusiones a las ikastolas en el informe de la Academia ha venido a añadir combustible-, desde los diarios Deia y Gara. Llevo contabilizados cerca de 200 artículos, y he entresacado de ellos los hitos históricos o lugares comunes empleados para realzar la Historia (propia o ajena), es decir, el material que conforma la pecepción histórica. Si a alguien le interesa, los resultados son: de 213 citas, 56 corresponden a reyes y gobernantes; 36 a personajes épicos (el Cid, don Pelayo, Santiago, Aitor, Lope de Aguirre...); 25 a batallas y 24 a conquistas militares; 20 a rebeliones nacionales y movimientos sociales (Portugal y Cataluña, Comuneros, Germanías, Irmandiños, Machinadas); 18 a regímenes políticos y formas de gobierno (República, Fueros, Confederación...); los movimientos ideológicos y las mentalidades, así como las referencias a la historia económica solo reciben 7 y 1 alusión, respectivamente; el resto se lo reparten referencias a la antigüedad de las raíces nacionales y a la intolerancia ajena (Inquisición, expulsión de judíos y moriscos). En serio: ¿este es el discurso alternativo sobre la Historia? ¿Constituye esta antigualla algo distinto no ya a la filosofía de la Academia, sino a la propia "Enciclopedia Álvarez"?

Realmente, cuesta creer que las revoluciones epistemológicas en el campo de la historiografía acaecidas en el siglo XX no hayan sido capaces de derribar un paradigma tan obsoleto como el que se traduce tras este paisaje mental, pero así es.Por lo tanto, podemos seguir arrojándonos a los Reyes Católicos y a Felipe V a la cabeza, con lo que seguiremos discutiendo acerca del envoltorio sin entrar a valorar la mercancía averiada que envuelve. Insisto, el asunto de los contenidos, el "¿cuánta Historia enseñar, y de dónde?" no tiene salida en el actual marco competencial: las comunidades siempre conservarán la capacidad de fijar el 45 % del currículo propio, así como la potestad inspectora. A mí me sigue preocupando ese 55% que es competencia del MEC, sobre todo si prevalece el programa epistemológico latente en el famoso informe. Recomiendo vivamente la lectura del artículo aparecido en EL PAIS del 22.07.00, Sobre la Historia y su Academia, de J. C. BERMEJO BARRERA y P. LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, donde se inscribe el informe de la Academia en un contexto más amplio: "en otros países -Reino Unido, con G. Elton; EE UU, con G. Himmelfarb, F. Fukuyama o F. Huntington; Australia, con K. Windshuttle- varios autores vienen proponiendo la misma tesis: resucitar la historia nacional frente al posmodernismo o la sociología histórica, y reafirmar las identidades nacionales tradicionales frente al multiculturalismo. Todos estos autores son de una orientación política netamente conservadora y consideran que esa vuelta a la historia tradicional debe ser una respuesta ante una situación de crisis social y política que pone en peligro la hegemonía de las grandes potencias -en el caso de EE UU- y las identidades políticas de las naciones del Primer Mundo". Es ahí donde podemos perder capacidad de elaboración crítica, de aproximación a los problemas del presente a partir de las trazas del pasado desde una óptica multidisciplinar enriquecedora, de esos valores que transmitimos a nuestros alumnos en las clases de Historia y que comparto plenamente con Corbalán (por cierto, con el que puedo estar o no de acuerdo, pero para el que solicito el respeto que merece cualquiera de los que expresamos nuestras preocupaciones sobre lo que constituye nuestra pasión intelectual).

Fernando Hernández Sánchez
Dto. de CCSS, Gª e Historia
IES. SEFARAD Fuenlabrada (Madrid)