Debates


Historiografía

 


Me dirijo por primera vez a esta comunidad, la que ha tenido a bien recibirme, para intervenir en lo que han llamado Historia a Debate. Aunque no he leído todas las intervenciones hay un asunto que me interesa y es el relativo a la diferenciación entre historia e historiografía, a la que incluyo la ciencia de la historia y las teorías de la historia, asuntos cuya aclaración me parecen centrales para los propósitos de la comunidad de Historia a Debate. Veamos.

La palabra historia tiene al menos cuatro significados y por ello nos podemos referir indistintamente a cuatro entidades diferentes. Estas son: 1) el pasado o lo acontecido; 2) un lapso del estudio de la cultura que se inicia a partir del desarrollo de la escritura; 3) la narración del pasado histórico, y 4) la disciplina que estudia lo histórico, es decir, la rama del saber que indaga acerca de la naturaleza de ese pasado y la forma de narrarlo.

Según esto, al preguntar qué es la historia, podemos responder indistintamente: 1) todo lo que ha pasado; 2) el pasado del hombre comprendido a partir de la escritura; 3) lo que escribimos acerca de ese pasado; 4) una disciplina: sea oficio, campo del saber o carrera universitaria.

Desde los años cuarenta, y a partir de las precisiones al lenguaje propuesta en México por José Gaos, comenzaron a diferenciarse dos entidades: el acontecimiento pasado, al que este filósofo le dio el nombre de Historia, y la narración junto con la disciplina a las que llamó Historiografía. Años después cobró forma una segunda subdivisión al separar la narración y la reflexión propia de la disciplina proponiéndose varios nombres para esta última; Teoría de la Historia, Filosofía de la Historia, Ciencia de la Historia, Filosofía de la Historiografía y también Historiología, como proponía Ortega y Gasset. Independientemente del nombre de cada entidad, constituyen para nosotros campos de indagación claramente diferenciados que nos permiten referirnos a materias diferentes.

Proponemos, siguiendo la terminología que parece tener mas adeptos, llamar Historia, al acontecimiento pasado; Historiografía a lo que se escribe acerca de ese pasado; y Ciencia de la Historia a la disciplina o rama del saber cuyo cometido es la reflexión acerca de la naturaleza del pasado, de la actividad del historiador y de la disciplina misma, reservando el término de Teoría para nombrar a las escuelas, corrientes o doctrinas de la historia. Cabe aclarar que esta diferenciación semántica, con todo y que goza de cierta difusión, no es aún aceptada universalmente, ni siquiera en el universo de los historiadores.

Cada uno de estos términos ofrece un campo enorme de discusión, de aclaración y de elección por parte de los profesionales del estudio de la historia, que me parece deben ocupar un lugar preponderante en el debate que ustedes plantean. Planteo a continuación algunos elementos para debatir y aclarar:

Historia. No hay precisión acerca de lo que podemos llamar historia dado que los límites que originalmente se marcaron para el estudio del pasado del hombre son cada vez menos de observancia general, por lo que conviene revisar su vigencia. La delimitación en dos etapas: historia y prehistoria, definidas a partir de la invención de la escritura condujo a destinar para su estudio a dos disciplinas: la antropología y la historia respectivamente, cada una con objetivos y métodos distintos.

Sin embargo, la palabra historia en su sentido cotidiano se usa como sinónimo del pasado, por ello podemos referirnos a la historia o a la historiografía de los pueblos primitivos, aún cuando en sentido estricto no son narraciones históricas, pues éstas, se entiende, deben basarse en el estudio y valoración del material escrito. Esta connotación de la palabra nos parece que ha dado pie para que algunos historiadores se forjen una idea errónea de sus finalidades, de sus capacidades y conocimientos, creyendo que pueden estudiar cualquier etapa y cualquier cosa.

Es evidente que cada una de las ramas del saber destinadas al estudio de las dos etapas: la historia para los pueblos alfabetas y la antropología para los prealfabetas; tienen sus propios medios de investigación y sus propias fuentes de información: la escritura para los historiadores, y los objetos producidos por el hombre, los testimonios en sentido general, para los antropólogos. Sin embargo vemos que cada vez con mayor frecuencia los historiadores recurren a testimonios no escritos, como el Arte, la arquitectura o la artesanía para dar sus explicaciones. En aras de una explicación mas completa, y siguiendo la posición ideológica de los historiadores que afirman que el cometido del historiador es explicar lo mejor posible el pasado, la actitud parece lógica, y la inclusión de la antropología dentro de la historia con su cuerpo de ideas y sus métodos de investigación es buena opción, aún considerada como una de las "ciencias auxiliares" del historiador, como llama Luis González y González a la arqueología, numismática, sigilografía, diplomática, cronología, geografía, onomástica "...y no se cuantas mas". Sin embargo, al borrarse las diferencias o al incluir una dentro de la otra, surgen algunos problemas que no son simplemente sutilezas relativas a los límites entre ellas y, en consecuencia a la delimitación de campos profesionales, sino que nos parecen de suma importancia aclarar porque pueden impactar de manera negativa en su desarrollo.

El historiador, al rebasar los límites de su preparación académica por tratar de interpretar un testimonio no escrito, puede cometer no pocos errores por falta de conocimientos específicos. Si bien todos los objetos producidos por el hombre son capaces de hablarnos y de decirnos un sinnúmero de cosas respecto al hombre y a la sociedad en la que vivió, también es cierto que para comprenderlo debe entenderse su lenguaje, en otras palabras, debe conocer la materia de que se trate para abordarla correctamente. Y entenderla, significa conocer su esencia. Dice Gaos en su Historia de nuestra idea del mundo: "Pero la expresión de las ideas no sería exclusivamente verbal. Habría también una expresión no verbal de las ideas, expresión útil o bella, y ésta, plástica u óptica, o musical o acústica; en los artefactos, en la obra de arquitectura, escultura y pintura, y hasta en la música, se reconocen corrientemente expresiones de ideas.... Y toda esta pluralidad de expresiones hay que tener en cuenta precisamente en la historiografía...". Surge por ello una pregunta: ¿El historiador, con la preparación normal que recibe en la escuela puede escribir la historia de cualquier cosa, sean relojes, pintura o arquitectura; o de sectores de la cultura como la economía, la política, el arte, la ciencia o la tecnología; o las ideas y los sentimientos? ¿El historiador puede escribir la historia de todo y de cualquier cosa? Nos parece como primera aproximación que no es posible porque no es un conocedor especializado en cada materia. Probablemente sin ser un experto pueda "leer" en la arquitectura de la época una orientación social, pero lo que nos parece que no puede hacer es estudiar exclusivamente la arquitectura sin ser un experto en ese campo; en otras palabras, quizá sepa indagar, buscar sus fuentes y relatarlo pero nos parece que ni de todo ni de cualquier cosa. Para ello requiere una preparación especial.

Historiografía. Y aquí surge otra polémica clásica: ¿El historiador solamente rescata y describe los materiales para que otros especialistas los expliquen, o él mismo debe dar la explicación histórica? ¿El historiador describe la realidad o la interpreta? El historiador sabe buscar los materiales tangibles para su posterior análisis; los selecciona y valora; puede mostrarnos la sucesión de acontecimientos, ubicarlos en el tiempo, identificar a los participantes, describir las situaciones y relacionarlas con otros acontecimientos culturales; puede determinarlos como un proceso cultural y justificarlos como parte indispensable de esa cultura. Esto sí puede hacerlo; en lo que se duda es si puede explicar y valorar la calidad del objeto o fenómeno estudiado. Si el trabajo del historiador fuese fechar, ubicar y describir exteriormente el objeto de estudio, entonces puede historiar casi todo; pero si su trabajo consiste además en explicarlo o interpretarlo, entonces solo podrá escribir la historiografía de algunas cosas o fenómenos, y sólo si se compenetra en esa materia y posee conocimientos profundos de los fundamentos del asunto que pretenda historiar, sea economía, arquitectura, política, literatura, etc.. Por eso vemos que la historiografía de las ciencias, y de cada una de ellas en particular, las escriben miembros de la propia rama aunque con resultados no siempre satisfactorios porque a éstos, igualmente, les falta la preparación o los conocimientos de la ciencia y del oficio del historiador.

Según esto, escribir la historia es un problema interdisciplinario por naturaleza que requiere el dominio de dos ramas del saber al mismo tiempo; porque intentar explicar algo de lo cual se desconocen los medios y la dificultad para fabricarlo, sus motivaciones, objetivos, finalidades, y en general su naturaleza, es empresa vana, pues solamente se podrá hablar de lo aparente o superficial, eludiendo lo esencial por desconocerlo o por enfocarlo desde el punto de vista de otra rama de estudio.

Ciencia de la historia. Debemos reconocer que una buena cantidad de historiadores no conoce o no acepta la existencia de una entidad llamada Ciencia de la Historia, cuyo cometido es la reflexión acerca de los fundamentos de la disciplina, aunque reconocen, siguiendo la propuesta de Gaos, que existe una disciplina que reúne la teoría con la narración a la que llaman Historiografía. Según parece, el problema de fondo respecto a la discusión en torno a la naturaleza de la disciplina es la confusión entre ciencia y "filosofía"; entendida ésta como una especulación metafísica que propone una finalidad, un destino o un plan general para la historia mediante el cual se pretende explicar el proceso histórico unitariamente, pues una vez captado permite la comprensión de todo lo individual. La "filosofía de la historia", así entendida, ha buscado desde siempre -y aún lo hace- el secreto del proceso histórico o la fórmula para comprender la historia sin tener que realizar la trabajosa labor de analizar los hechos concretos, es decir, sin partir de lo real. Esta posición, al alejarse del pensamiento científico que parte del estudio del objeto, rechaza la consideración de la historiografía como labor que requiere apoyo en la ciencia.

Pido disculpas por la amplitud de mi comentario y termino preguntándome si con el nombre de Historia a Debate se refieren a debatir acerca del pasado, de lo que se escribe acerca de ese pasado o de la disciplina que estudia el pasado, la forma de abordarlo y el campo y cometido de la misma disciplina o, seguramente, un debate global que abarque lo histórico, para lo cual sugiero separar los campos de aclaración con términos diferenciantes.

Atentamente

Carlos Ríos Garza
Maestro en Historia del Arte