Debates


Negacionismo


Respecto al tema que se discute y en atención a las opiniones vertidas en cuestión, deseo comentar que: la definición de Holocausto hebreo surge de concepciones filosóficas y teológicas hebreas de gran profundidad que hay que considerar. La definición de holocausto hace referencia al contexto del Antiguo Testamento, y se refiere fundamentalmente al sacrificio, a la ofrenda a Dios. Podemos entenderlo, en un sentido literal, como la quema del cordero que es ofrendado a   Dios. Es el “sacrificio” y a la vez “la ofrenda”. Tal definición encierra concepciones teológicas contenidas en el pensamiento hebreo  y cristiano occidental que vale la pena tener en cuenta cuando se discute el tema y se menciona el concepto en cuestión. Es la experiencia histórica de la Shoá de los hebreos lo que conocemos como el horror del Holocausto. Por ello, su denominación es distintiva, peculiar y alude a eventos enmarcados por el totalitarismo nacionalsocialista y los eventos de la Segunda Guerra Mundial.
 
Entonces, el Holocausto hebreo  posee una particularidad histórico cultural que le concede tanto su momento histórico como su singularidad histórica-cultural y su coyuntura. En efecto, el Holocausto sucede en el marco de la emergencia del movimiento totalitario nacionalsocialista alemán, y se desarrolla dentro de los lindes de la Segunda Guerra Mundial, como lo mencionados, y sus raíces son profundas. En atención a esto, sugiero tener presente el llamado “debate Goldhagen” y su tesis de la existencia de una cultura política con ribetes antisemitas que hizo posible la formulación de regímenes asesinos que convocaron prácticas y voluntades de diferentes naturalezas.
 
A mi juicio el Holocausto es un punto de inflexión de la Historia contemporánea que marca 3 hitos fundamentales que paso a relatar: 1. lo imponderable del drama y el sufrimiento humanos desatados y sus consecuencias desgraciadas para la humanidad por el horror que representan. 2. los nefastos acontecimientos que encierran el desarrollo del proyecto político nacionalsocialista, que convierten al Estado nazi en una institución organizada en torno al logro del exterminio absoluto de sus enemigos, así como de todos aquellos que fueron considerados por este como indeseados, superfluos o reemplazables, bajo el rótulo de no-personas (esto incluye la práctica de la esclavitud). 3. Tras la derrota del fascismo, y particularmente, del nacionalsocialismo, y la confirmación de la existencia de prácticas de exterminio humano de dimensiones y procedimientos industriales, nunca vistos e inimaginados por una gran porción de la sociedad, y en consecuencia, la formulación de un marco jurídico y político internacional en torno a salvaguardar los Derechos Humanos fundamentales e inalienables. De este último aspecto se desprenden varios elementos, a saber, la reformulación y refundación de la cultura democrática contemporánea, vinculada con un marco  jurídico internacional (universal) de los DDHH, promovida sistemáticamente por la ONU. En adelante, los regímenes democráticos no se comprenderán sin el respecto absoluto a este marco jurídico, base de una cultura nueva en torno al cultivo y promoción de los Derechos Humanos. La formulación jurídica, política e institucional de los Derechos Humanos se desprende de conocer y ponderar tanto los costos humanos de la Segunda Guerra, como también al revelarse las consecuencias de la persecución desataca en contra  de distintos grupos y la relación de estos principios con la concepción de la democracia contemporánea. Se desarrollarán en el tiempo mediante una serie de hitos e instrumentos, los que pasaremos a  mencionar adel!
ante
 
- La Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por las Naciones Unidas en 1948 que establece una concepción amplia de la ciudadanía, abarcando derechos civiles, políticos y sociales.
 
- La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por las Naciones Unidas en 1948.
 
- La promoción del derecho a la democracia ha sido proclamada por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en su resolución 1999/57.
 
- La Declaración y Programa de Acción de Viena, de 1993, establece que “la comunidad internacional debe apoyar el fortalecimiento y la promoción de la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en el mundo entero”.
 
- la Declaración del Milenio, de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2000, que establece que “no escatimaremos esfuerzo alguno por promover la democracia y fortalecer el imperio del derecho y el respeto de todos los derechos humanos y libertades fundamentales”.
 
Por todos estos antecedentes podemos afirmar que el Holocausto hebreo es un momento de inflexión histórica y cultural que abrió la posibilidad de revalorizar tanto la democracia contemporánea como los derechos naturales e inalienables de la persona humana, a los que el Estado democrático debe absoluta lealtad. En consecuencia, el Holocausto hebreo es la referencia desde la cual se comprendió la urgencia y naturaleza de los Derechos Humanos, así como el punto de partida para comprender, caracterizar y enmarcar jurídicamente el trato que merecen tanto las personas como los diversos pueblos y grupos étnicos que, a través de la Historia, sufrieron la trasgresión de sus derechos fundamentales. Es así que desde esta perspectiva, solo tras la experiencia del Holocausto hebreo, la comunidad internacional, así como las Ciencias Humanas y Sociales, tuvieron un lenguaje común para explicar, describir y tipificar otras masacres símiles en consecuencias respecto del horror y el costo hum!
ano que desatan.
 
No tiene caso, entonces, poner en una balanza, otros “Holocaustos” o masacres masivas, ya que, el número de victimas no es el factor agravante de estas acciones. Se equivocan quienes creen que las referencias al Holocausto hebreo niegan la gravedad e importancia de otros eventos similares, como el Holocausto Armenio o las matanzas en Ruanda o la guerra intestina en Somalía. Se equivocan quienes, en un afán comparativo, miden importancia entre el Holocausto hebreo y la destrucción física de grupos étnicos amerindios a manos de la explotación, la esclavitud, la pobreza y las enfermedades.  La cuestión no es cuál evento es el más importante, doloroso o más descomunal en cifras, sino que es que el Holocausto hebreo se convirtió en la referencia de la cultura contemporánea para definir y conocer estas situaciones. Los eventos del Holocausto no niegan ni opacan la importancia de otras catástrofes. Ellas no se orden en una dudosa jerarquía.
 
Otros estudiosos también caen en el error de ceder a la idea del Holocausto como un mero y relativo argumento político del Estado israelí y del sionismo para lograr sus objetivos, ya que con ello desmereciendo la validez y alcance universal de esta experiencia humana. Otros también se equivocan al utilizarlo como argumento el relativizar los eventos del Holocausto ante los excesos del Estado de Israel contra el pueblo Palestino, usando estas ideas como excusa y argumentos para hacer guiños amistosos al desastre de este pueblo menoscabando el Holocausto y caracterizando como una mera excusa histórica.
 
El Holocausto hebreo no es un argumento que sirva para situarse a favor o en contra de nada ni nadie, es una experiencia de la humanidad, de valor histórico y cultural que ha servido para que la humanidad recapitule en los aspectos más fundamentales de su propia naturaleza y para  fundamentar el proyecto político de las democracias contemporáneas y las nuevas dimensiones de la ciudadanía. Cabe al Historiador hacer estas distinciones y no jugar al juez, tildando y caracterizando las caras del sufrimiento humano a su antojo y necesidades. Me temo que, la comprensión del Holocausto pone en tela de juicio algo fundamental del historiador contemporáneo, y es el despliegue de sus verdaderas convicciones democráticas. En efecto, la experiencia histórica del Holocausto, así como la de todas las masacres llevadas a cabo en la historia de la humanidad, nos hacen la pregunta: ¿en qué creemos?, ¿tenemos verdadera convicción democrática?, ¿nos jugaremos por ella si es necesario? En efect!
o, todo quienes se sienten con el derecho y la altura intelectual y moral de tildar y caracterizar estos eventos deben preguntarse por sus convicciones democráticas y si es que ellas son verdaderamente consecuentes y si es que ellos mismos comprenden a cabalidad la historia contemporánea a la que se refieren.  
 
El negacionismo, tanto en su vertiente inglesa como gala, tienen por virtud relativizar el Holocausto con argumentos falaces y odiosos, que no resisten una mirada objetiva, pero que son alimentados por la ignorancia de muchas personas que ceden a la tentación de criticar lo incuestionable, pensando que con ello se apoya a los desvalidos. Comprender la naturaleza histórica, jurídica y cultural de los DDHH y la tipificación del Genocidio es fundamental para proveerle derecho y protección a los pueblos que son vulnerados en sus derechos fundamentales. Cuestionar el Holocausto para deslegitimar, criticar y cuestionar las prácticas del Estado de Israel no hace más que mermar las bases de los DDHH. Los argumentos deben ir por otros senderos y deben situarse en torno a los derechos fundamentales del Pueblo Palestino, la legitimidad histórica y cultural del Estado Palestino y la situación irresuelta que se arrastra tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, considero!
 fundamental que quienes tengan dudas en torno a la legitimidad del Holocausto las lancen al viento pero no las expresen ligeramente en una tribuna pública y democrática, ya que lo único que dejan ver es su parcialidad y su desconocimiento sobre la Historia Contemporáea.  En otros debates de Historia a Debate he sido testigo de cómo se llega a la descalificación de profesionales que dan su opinión personal, y me refiero a la Licenciada Yeni Castro en torno a la Pena de Muerte, pero con sorpresa observo que no despierta ninguna opinión el que se opine libremente sobre los eventos del Holocausto y su cualificación. Invito a la comunidad a desarrollar un debate profesional y con argumentos valederos e informados que dejen de lado los comentarios viscerales y despectivos, así como los argumento falaces.
 
Atentamente
 
Alfredo Gómez Alcorta
Licenciado en Historia. Universidad de Chile.
Profesor de Historia y Ciencias Sociales. Licenciado en Educación. Universidad Gabriela Mistral.