Debates


Negacionismo


Veo relanzarse un debate estancado a raíz de la polémica suscitada por Irán respecto al holocausto y la posibilidad de que en Europa se penalice legalmente a quien lo niegue. Y me parece un tema lo suficientemente importante como para justificar esta reactivación. Pero hay dos problemas de fondo que afectan a esta cuestión -al menos tal y como lo estamos enfocando los historiadores- que, a mi juicio, nos conducen a otros dos debates presentes en nuestra lista: la autonomía del historiador y el problema de la comunidad historiográfica. De entrada, la primera condición para hacer buena historia es la existencia de una comunidad autónoma; es decir, de una comunidad cuyos criterios de juicio no vengan impuestos por poderes espurios, sea del estado o de entidades económicas, etc. El estado debería en todo caso intervenir para asegurar esta autonomía, no para tutelar sus juicios mediante la represión y la amenaza. Debería intervenir para que la comunidad pueda establecer por sí misma sus propios acuerdos sobre las bases y reglas de nuestro oficio  -se me ocurre una tan sencilla como el hecho de que no podemos inventarnos las pruebas o el material con el que trabajamos (como hace, por ejemplo, el literato)-. Si el estado considera necesario imponer desde fuera los criterios de juicio está diciéndonos que no somos una comunidad, que somos menores de edad y que no somos capaces de regular nuestros conflictos, de imponer el “mejor” argumento  o de desprestigiar, desenmascarar y apartar a quien, como antes ponía de ejemplo, se inventa la documentación con la que trabaja. Es más, si el estado no confía en esto, él mismo está poniendo las bases para que la historia se falsee ¿y si mañana otro gobierno considera que hay penar a quien considere que existió el holocausto? En definitiva, y en ocasiones somos cómplices de esto, se olvida y olvidamos el carácter colectivo de nuestra disciplina y se tiende a enfocar nuestro oficio como si fuéramos un investigador solitario enfrentado al mundo, sobre el cual podemos decir “verdades o mentiras” al margen de las sanciones del resto de la comunidad; sanciones que, precisamente, son las que nos impide en la mayoría de las ocasiones decir lo que nos venga en gana si queremos seguir jugando a este “juego”. Por tanto, noción de comunidad y autonomía frente a poderes externos; ambas -dos caras de una misma moneda- únicas estrategias que pueden asegurar la producción de una historia seria, que no niegue lo innegable y que matice lo matizable.
 
Alejandro Estrella
Universidad de Cádiz