Debates


Nuevo Paradigma Educativo


Hola a todos:

Soy historiadora formada dentro del campo de las Humanidades, no de las Ciencias Sociales, aunque, por supuesto, suelo transitar cómodamente por varias de sus fronteras disciplinarias como la antropología, la sociología y la política. En las isla caribeña que habito y me habita, Puerto Rico, la educación primaria y secundaria en Historia es pésima, aun cuando puedo reconocer excelentes maestros escolares que desde los Estudios Sociales, se esfuerzan por desarrollar interés por parte de sus alumnos en el campo que nos ocupa. Pero mucho del interés no rebasa la curiosidad. Es decir, pocos muy pocos llegan a la universidad con el entendimiento de que la Historia posee la virtud de ampliar sus formas de conocer, comprender, pensar acerca de sus entornos inmediatos para actuar a favor de transformarlos en espacios más vivibles. Mucho, pues, del aprendizaje se queda en la captación de datos sueltos que les resultan interesantes, pero sin poder establecer ilaciones con los procesos históricos que (in)forman y atraviesan sus modos de asumir valores y sus maneras de relacionarse con los/las otros(as) y con lo otro (especificidades territoriales, sociales, culturales, medioambiente, etc.). Claro, también me parece que existen otras tantas razones que podrían explicar el “déficit” de aprendizajes más profundos que la Historia académica no logra superar. Enumero algunas de las que observo en mi país, sin pretensiones de exhaustividad.

1. Pobreza de destrezas de lectura y escritura crítica. ¿Cómo conocer, comprender, pensar, crear desde la universidad con el fin de obtener un grado (no pocas veces dentro del mismo campo de la Educación para la enseñanza de Historia), si apenas pueden manifestar, ni oralmente ni por escrito, una opinión, comentario, síntesis, etc. bien fundamentada?

2. Ausencia de prácticas de formación continua de los maestros escolares. Al menos en Puerto Rico, muchos de ellos siguen enseñando historia desde perspectivas historiográficas hace rato cuestionadas desde el saber académico (lo que no necesariamente implica destronamiento de aquellas o que apuesto a él: de hecho creo en la pluralidad de visiones).

3. Muy frecuentemente, aquellas prácticas tradicionales se acomodan sin remilgo alguno con las TIC. Estas, en no pocas ocasiones, se utilizan para seguir asignando tareas como, por ejemplo, búsqueda de biografías de hombres ilustres (ni siquiera de una mujer a la que pudiera otorgársele tal calificativo), o datos que el estudiante termina copiando y pegando (antes copiando y pasando en una libreta o en el mejor de los casos transcribiendo en una maquinilla). Lo que continúa abonando al pobre desempeño crítico en las prácticas de leer y escribir de los estudiantes. Y no es que las TIC obstaculicen la superación de este problema. Al contrario, cada vez las asumo como excelentes medios para la proliferación de nuevas prácticas de lectura.

4. Muchos docentes escolares incluso universitarios, no se ocupan de investigar, siguiera leyendo acerca de sus campos de formación académica (Fernando Mires dice: leer y leer, eso también es investigación). Por tanto, obvian lo que es parte de su compromiso social; que para mí significa contribuir a la formación de sujetos socialmente responsables, permitiendo que lleguen a razonar su presente y proyectarse hacia el futuro con criterios propios dentro de un amplio marco de valores éticos, ajenos a falsas moralidades o matrices conceptuales que la modernidad nutrió para jerarquizar, encajonar, supeditar…

5. La última línea del punto anterior, me lleva a lo siguiente. En el caso de la ínsula que habito y me habita nuestra realidad colonial conduce a la elaboración de textos escolares en los que abundan “hechos” de historia política, mientras lo cultural es tratado desde nociones duras de identidad nacional. Esto, en buena parta como resultado de que en 1952 se estableció una entelequia política, Estado Libre Asociado de Puerto Rico, cuya política cultural difundió la idea de que somos una sociedad de cultura nacional que no necesita de un Estado propio). Esto, sin duda, ha influido notablemente en el modo como se enseña la historia nacional, que, desde mi punto de vista, impide la enseñanza de una historia más inclusiva. Es decir, una que tome en cuenta, por ejemplo, los aportes de un sinnúmero de inmigrantes dominicanos que han hecho de 100 x 35 el espacio donde transcurre su cotidianidad; o que conceda amplio margen para la discusión de la existencia en el pasado y el presente de sujetos transgresores de jerarquías, valores, estructuras, patrones, etc

María Margarita Flores Collazo
Universidad de Puerto Rico en Arecibo