Debates


Historia y objetividad

 

A Doña Guillermina Domínguez.

Lamento que le haya tocado vivir en un mundo tan "comunicado" y lleno de prejuicios sexistas y, sobre todo, en este mundo hispano cuya lengua es tan culpable como el pecado al decir "los hombres" para querer decir "los hombres y las mujeres".

Lamento también que en su Biblia lea y relea la palabra "Dios" y nunca la palabra "Diosa".

A lo mejor consiga usted un mundo mejor donde se hable sólo de la "humanidad" y no del "hombre", un mundo donde la mujer no pase desapercibida, ni en el lenguaje, ni en las cátedras, ni en las curules, ni en los despachos, ni en los ministerios, ni en las páginas web. Un mundo que sea culpa de Adán y no de Eva. Un mundo donde la mujer no sea la costilla del hombre, sino su complemento, y el hombre el complemento de ella.

Con todo, no creo que tal lugar exista todavía y, si existe, bien discreto ha de ser.

Es curioso que se lamente usted de la invisibilidad femenina, cuando en este mundo hay hombres y mujeres igualmente invisibles. Barriadas, pueblos, familias, países enteros que no figuran sino como una cifra en la ONU o un índice en la OMS.

Como puede observar, la invisibilidad no es exclusiva de las mujeres. Felizmente usted no es del todo invisible, ya que puedo hallarla en la red y puedo intercambiar con usted algunas ideas desde este lado del Atlántico. En cambio, no puedo decir lo mismo del hombre simple que trabaja en la calle (no hablo genéricamente). Hay, en definitiva, hombres más invisibles que usted.

Tal vez el problema no sea de hombres contra mujeres, sino de Leviatán contra Leviatán.

Yo, que gozo de una transparencia casi rayana en invisibilidad, he aprendido a vivir en este mundo, aunque de vez en cuando no resisto la tentación de pintarme uno mejor con pinceles o con tinta.

Qué le vamos a hacer. También me hubiera gustado ser un líder. O un magnate. No me quejo. Hago lo que puedo.

Si de algo le sirve, este mundo injusto en que le ha tocado vivir al menos permite que usted dicte cátedra a muchos hombres, idea que hubiera sido repulsiva en épocas pasadas.

Recordando un pasado signado por los cinturones de castidad, las letras escarlatas contra las acusadas de adulterio, las cartas de repudio y otros tantos tratos injustos contra el bello sexo, considero que al menos se ha dado cierto avance. En lo que no veo avance alguno es en la discriminación social que impera aún en todo el mundo.

Saludos.

Giovanni Cabrera

LUZ