Debates


Historia y objetividad


Sin duda el problema de la objetividad ha sido uno de lo desafíos a los que secularmente se ha enfrentado cualquier disciplina que, posando su mirada sobre sí misma, se embarcara en un ejercicio de autoreflexión. Por tanto, aunque por lo que compete a la historia este problema ha adquirido trazas específicas, creo que es posible aclarar algunos puntos situándonos a un nivel teórico de mayor generalidad.

En este sentido, me parece importante retomar todas aquellas propuestas que desde hace tiempo vienen cuestionando un pensamiento dicotómico (claramente sustancialista) que aborda el problema del conocimiento intentado determinar los mecanismos que permiten al "sujeto cognoscente" producir un conocimiento que representa las cualidades del "objeto"; en otras palabras: producir un conocimiento objetivo. Una vez "desvelados" estos mecanismos la comunidad científica en cuestión habría dado con la normatividad que debe regular su práctica. En definitiva, este pensamiento dicotómico acaba por alojar la normatividad de la disciplina en un exterior a sí misma, sea este Dios, la Realidad o el Lenguaje.

¿Supone el rechazo a este sustancialismo del modelo dicotómico renegar de la aspiración a la objetividad y lanzarse en brazos de alguna suerte de nihilismo posmoderno? Muchos de los mensajes recogidos en este debate recuerdan los peligros (ya no sólo cognitivos, sino éticos y morales) que conlleva el abandonarnos a ese "todo vale".

Sobrevivir a este nuevo ejercicio de dualismo (fundamentación-fragmentación) es posible recuperando ciertas intuiciones que, en el caso de nuestra disciplina, se remontan a los fundadores de Annales y a cierta historiografía marxista heterodoxa (v.g. E.P. Thomspon), releyéndolas a la luz del presente. En este sentido, se trataría no sólo de asumir que el sujeto no representa nada, (antes bien, construye el objeto); sino la necesidad de pertrecharse de recursos analíticos que nos permitan abordar las prácticas intersubjetivas a partir de las cuales se definen los criterios que regulan la construcción de esos espacios de objetividad. En palabras de Bourdieu, se trataría de sustituir el análisis de la relación entre sujeto y objeto, por el de la relación entre los sujetos a la hora de determinar la relación del sujeto con el objeto. De esta manera, la normatividad que regula la producción de conocimientos objetivos pierde su carácter sustancialista y se ubica dentro de la propia disciplina: en el juego de conflictos y consensos en el seno de la comunidad en cuestión. Esta línea de análisis permitiría a una disciplina comprender cómo, siendo su normatividad el resultado de situaciones socio-históricas concretas, ésta es capaz de trascender dichas condiciones, adquiere validez intersubjetiva y permite, en consecuencia, producir un conocimiento objetivo.

En conclusión. Si el primer punto del manifiesto HaD, que reivindica una historia científica que recupere el papel activo que desempeña el sujeto (sin caer en la fragmentación nihilista), es una vía inexcusable en la constitución de un nuevo paradigma (y me parece que lo es), este “giro práctico” se revela como un recurso inapreciable, toda vez que nos recuerda que reivindicar “en toda su radicalidad” la dimensión histórico-social de la ciencia histórica (en tanto que resultado de prácticas intersubejtivas) no disminuye un ápice su dimensión cognitiva y su aspiración a la objetividad.

Alejandro Estrella Gonzalez
Universidad de Cádiz