Debates


Historia y objetividad


Estimados profes Carlos Barros e Israel San Martín:

Siento la necesidad de compartir con Uds. algo:

Hoy aquí en Buenos Aires la canícula nos está matando. Será difícil por lo tanto que podamos dormir. Un poco por eso, pero sobre todo porque me inquietó mucho el emilio sobre la situación del profesor Monzant de Venezuela, estuve releyendo unos párrafos de Hobsbawm y, como siempre, me ha dejado la cabeza "a mil".

Respecto de algunas cuestiones como las responsabilidades de los historiadores, los peligros, las tentaciones en que incurrimos, las reglas básicas de la disciplina que no debemos olvidar, creo que no por ser obvias resulta menos necesario recordarlas y remarcarlas. Y quién mejor que un maestro de la talla de Hobsbawm para hacerlo... Además, algunos aspectos son particularmente espinosos para los profesores de historia, ya que muchas veces lo que se espera de nosotros es lo opuesto de lo que sabemos (o creemos) que tenemos que hacer, y esto pone en riesgo hasta nuestra posibilidad de ganarnos la vida con nuestro trabajo. (Si no que lo diga el prof. Monzant).

En principio no quisiera mandar esta selección de párrafos a toda la lista, no sé si tengo derecho a fastidiar a todos los colegas inscriptos con textos que seguramente ya conocen... Eso lo dejo a criterio de Uds. coordinadores. Yo tengo esta sensación: la de que hay algunas cosas obvias sobre las que hay que volver a insistir y reflexionar... Y si bien el maestro E. Hobsbawm siempre ha declarado su adhesión a la ideología marxista, muchas de las cosas que dice podrían, con matices por cierto, ser suscriptas por la mayoría de los historiadores y profesores honestos que no compartimos esa filiación.

Gracias por "escucharme".

Stella García
Prof. de Historia egresada del ISP
"Dr. Joaquín V. González"
Buenos Aires
Argentina

"Antes pensaba que la historia, a diferencia de otras disciplinas como, por ejemplo, la física nuclear, al menos no le hacía daño a nadie. Ahora sé que puede hacerlo, y que existe la posibilidad de que nuestros estudios se conviertan en fábricas clandestinas de bombas como los talleres en los que el IRA ha aprendido a transformar los abonos químicos en explosivos. Esta situación nos afecta de dos maneras: en general, tenemos una responsabilidad con respecto a los hechos históricos y, en particular, somos los encargados de criticar todo abuso que se haga de la historia desde una perspectiva político-ideológica.

No hace falta que me extienda en el comentario de la primera de estas responsabilidades. De no ser por dos circunstancias totalmente nuevas, ni siquiera la mencionaría. Una es la actual tendencia de los novelistas a basar la trama de sus obras en hechos reales en vez de en argumentos imaginarios, con lo cual se desdibuja la frontera que separa la realidad histórica de la ficción. La otra es el gran auge que están experimentando las modas intelectuales "posmodernas" en las universidades occidentales/.../. En ellas subyace la idea de que todos los "hechos" a los que se presupone una existencia objetiva no son sino meras creaciones mentales: en resumen, que no hay una diferencia clara entre la realidad y la ficción. Sin embargo, la diferencia existe, y es fundamental que los historiadores, incluso aquellos de nosotros que son más radicalmente antipositivistas, sean capaces de distinguir entre ambas. El historiador no puede inventar los hechos que estudia. O Elvis Presley está muerto o no lo está. Hay una forma de responder a dicha pregunta de un modo inequívoco..."

"La historia no es una memoria atávica ni una tradición colectiva. Es lo que la gente aprendió de los curas, los maestros, los autores de libros de historia y los editores de artículos de revista y programas de televisión. Es muy importante que los historiadores recuerden la responsabilidad que tienen y que consiste ante todo en permanecer al margen de las pasiones de la política de la identidad, incluso si las comparten. Después de todo, también somos seres humanos."

"Debemos oponer resistencia a la formación de mitos nacionales, étnicos o de cualquier otro tipo, mientras se encuentren en proceso de gestación. Al hacerlo, no ganaremos en popularidad..."

"...la historia es la materia prima de la que se nutren las ideologías nacionalistas, étnicas y fundamentalistas, del mismo modo que las adormideras son el elemento que sirve de base a la adicción a la heroína. El pasado es un factor esencial /.../ de dichas ideologías. Y cuando no hay uno que resulte adecuado, siempre es posible inventarlo. /.../ El pasado legitima."

 Hobsbawm, Eric; "Dentro y fuera de la historia". En: Sobre la Historia. Barcelona, Crítica, 1998

 

"...la diferencia entre la realidad y la falsedad históricas no es ideológica. Es crucial para muchos propósitos prácticos de la vida cotidiana, siquiera sea porque de ella dependen la vida y la muerte/.../."

"Insistir en la supremacía de las pruebas y en el carácter fundamental de la distinción entre la realidad y la ficción históricas que puedan verificarse es sólo una de las maneras de ejercer la responsabilidad del historiador/.../."

"La deconstrucción de mitos políticos o sociales disfrazados de historia forma parte desde hace tiempo de las obligaciones profesionales del historiador, con independencia de sus simpatías. /.../. El papel público más importante que desempeñan hoy, /.../, consiste en ejercer su oficio de tal modo que constituya 'pour la nationalité' (y para todas las demás ideologías de identidad colectiva), 'un danger'."

"A la corta, es impotente contra quienes optan por creer los mitos históricos, en especial si se trata de gente que tiene poder político, lo cual, en muchos países, /.../, entraña el control de lo que sigue siendo el cauce más importante para impartir información histórica: las escuelas. Y que no se olvide jamás, la historia -principalmente la historia nacional- ocupa un lugar importante en todos los sistemas conocidos de educación pública."

"...los historiadores profesionales son los principales productores de la materia prima que se transforma en propaganda y mitología. Debemos ser concientes de que es así /.../. Las cosechas que cultivamos en nuestros campos pueden acabar convertidas en alguna versión del opio del pueblo."

"Es cierto, desde luego, que la imposibilidad de separar la historiografía de la ideología y la política del momento -toda historia, como dijo Croce, es historia contemporánea- abre las puertas al mal uso de la historia. Los historiadores no se colocan ni pueden colocarse fuera de su tema como observadores y analistas objetivos sub especie aeternitatis. Todos nos vemos sumidos en los supuestos de nuestro tiempo y nuestro lugar /.../. Lo que no podemos hacer sin dejar de ser historiadores es abandonar los criterios de nuestra profesión. En esto diferimos inevitablemente de aquellos cuyo discurso no está sometido a estas limitaciones."

"...la historia mala no es historia inofensiva. Es peligrosa. Las frases que se escriben en teclados aparentemente inocuos pueden ser sentencias de muerte."

 Hobsbawm, Eric; "La historia de la identidad no es suficiente." En: ob. Cit.