Debates


Positivismo


 
En relación a la posición, ya reiterada del señor Sánchez sobre la línea editorial y su importancia en la veracidad de los hechos narrados, me gustaría refutar algunos de sus  postulados, sobre todo el papel que le adjudica a la violencia como origen de deslegitimación de una determinada forma de gobierno, especialmente en aquello que se refiere a la similitud de las dictaduras de Fidel Castro y de Pinochet. Podríamos estar de acuerdo en que toda forma de violencia es lamentable y muchas veces condenable, sobre todo cuando se trata de mantener los privilegios individuales o de grupos reducidos sobre una determinada sociedad. Pero no siempre la violencia responde a intereses egoístas y bastardos sino al inalienable derecho de los pueblos de retomar su libertad perdida frente un aun determinado tirano. Ya lo decían los iusnaturalistas cuando un poder se vuelve tiránico, el pueblo tiene todo el derecho a derrocar la tiranía. Es así como Locke justifica la Gloriosa revolución inglesa de 1688, y con los mismos argumentos los colonos americanos argumentan su rebelión contra Jorge III. ¡Señor Sánchez¡ No todas las violencias son iguales. La violencia social que emana del pueblo en defensa de sus inalienables derechos es un derecho también inalienable. Además, estamos viendo recorrer el mundo un conjunto de revoluciones, del colores, apoyadas por las grande democracias que con fines supuestamente democráticos impone gobiernos como el de Georgia, o el de Colombia, sobre un mar de sangre y de represión que aliena los derechos mas elementales de las mayorías. Que somos mayores y deberíamos ser historiadores lo mas objetivos posible. ¿es que este tipo de violencia es legítima porque luego celebran elecciones, siempre fraudulentas mientras que la violencia social es condenable? Señor Sánchez en el tema de cuba hay muchas variables que analizar, y no es el caso en este pequeña intervención entrar en ellas. Están la lucha contra la opresión de clase y la lucha contra el dominio imperialista que, indudablemente, son cuestiones de peso que incluso historiadores de prestigio, conservadores como Hugh Thomas, han puesto de manifiesto. No es cuestión de calificar aquí el régimen de Castro, pero lo que es seguro es que para una persona sería y mucho menos para un historiador, comparar y darle el mismo rango al régimen de Pinochet y al régimen de Castro, se me antoja una obscenidad. Piense en la manos de Víctor Jara y en los desaparecidos sobre le Océano, entre otras infinitas lindezas

A Coruña, 29 de octubre de 2009

José Francisco Correa Arias
Profesor de Enseñanza secundaria
Doctor en Historia Medieval por Santiago de Compostela