Debates


¿Qué hacer?

 
Estoy completamente de acuerdo con la Doctora Hilda N. Agostino.
 
Solo quisiera contribuir con un planteamiento más que considero en mi tesis (la cual está en proceso actualmente), y que tiene que ver con la teoría de la historia que cada uno podemos adoptar en nuestro quehacer profesional, y de ahí, con la manera en que conceptualizamos, consciente o inconscientemente, la realidad histórica.
 
1) La visión positivista de la historiografía adoptó como método de análisis, el llamado "análisis clásico". Este, es el mismo que utilizaba la ciencia natural con mayor éxito y prestigio en el momento de su surgimiento en el siglo XIX, es decir, la Física. Dicho método en general, hace "cortes" muy menudos de la realidad (natural o histórica), pues asume, que para conocer una realidad compleja, esta puede dividirse en muchos fragmentos para ser estudiados con mayor detalle y una vez alcanzado este objetivo, puede reunirse toda la información y conocer la realidad en su conjunto (es un método de aritmética simple). Esta era la idea profunda e insconsciente, pienso yo, detras del programa Rankeano.
 
Llevado este método al estudio de la historia, tendríamos pues los siguientes "cortes":
 
- Temporales: hechos.
- Espaciales: ciudades o localidades
- Sociales: individuos.
 
2) Volviendo al punto, cuando abogamos por una historia colectiva, no abogamos por una historia de todos los individuos al mismo tiempo, o de toda la sociedad al mismo tiempo. Abogar por una historia colectiva no significa que no podamos historizar a un sólo individuo. Lo que se pide en el fondo, es que, a la hora de delimitar el objeto de estudio, a la hora de hacer "cortes", aunque estos sean muy pequeños (individuos como Hitler o Napoleón), respetemos la realidad histórica, y hagamos conscientes las operaciones de abstracción implicadas en nuestra labor. Que no perdamos de vista la posición de estas "partículas", en el tiempo y en el espacio, pero también en lo social. Esto, por otro lado, nos permitiría diferenciar las contribuciones individuales, de las estructurales.
 
3) Lo anterior tiene que ver, pues, con la dimensión metodológica. Pero, como bien sabemos, el programa Rankeano adoptó también, por el contexto histórico en que surgió, una dimensión acorde a los valores de su propio tiempo: el nacionalismo. La escritura de la historia como práctica profesional, comenzó como historiografía política, en la que se asimiló a la población de un territorio, con el Estado que lo gobierna. Es decir, la historia del Estado-Nación se convirtió automáticamente en la historia de todos los individuos bajo su mando.
 
4) Los valores actuales difieren de los del siglo XIX, aunque en ciertos sectores de las sociedades de muchos países (entre ellos los latinoamericanos), siguen siendo casi los mismos. La historiografía nacionalista privilegió los acontecimientos políticos sobre los acontecimientos culturales, económicos, psicológicos, etc. Es un tipo de memoria colectiva impuesta porque exalta unos acontecimientos que considera importantes (los que condujeron a la formación del Estado-Nación), sobre el resto de la realidad histórica. Lo mismo pasa con los sujetos. Exalta a unos, los estadistas, monarcas, presidentes, generales, etc en la medida que contribuyeron a forjar el Estado nacional, sobre el resto de los sujetos históricos, quienes quedan en la sombra como "la masa". Otro tanto puede decirse del espacio: privilegia las ciudades como escenarios de los acontecimiento y los hombres considerados "importantes", sobre el resto (con frecuencia inmenso) del territorio, bajo la etiqueta de "campo".
 
Abogar por una reestructuración de la memoria colectiva puede leerse en este sentido también, como defender el estudio de la realidad histórica en toda su complejidad y no sólo de una manera parcializada y reduccionista. Privilegiar la memoria del acontecimiento político y de los hombres de Estado deja de lado una parte inmensa de la realidad histórica y en este sentido no nos permite comprender el presente en todas sus dimensiones. Si nos interesa comprender el presente en todas sus dimensiones no es por un mero afan de erudición, sino con miras a contribuir a mejorar el futuro. Y en el presente, para aclararnos lo que somos y lo que no somos como sociedades, en cierta forma, para crear un nuevo sentido de identidad.
 
Reciban un saludo todos. Espero haber ayudado a aclarar más el punto, aunque quedan abiertos varios temas.
 
Ana Lilia Gaona, ENAH, México