Debates


¿Qué hacer?


ESTIMADO PROFESOR CARLOS BARROS:
 
Tuve el gusto de recibir la planilla de la encuesta que se hizo por ustedes hace mas de dos años y en ella escribí muy clara y francamente acerca del compromiso ineludible que tenemos los historiadores de realizar una interpretación de la historia partiendo de un punto de vista ético y no comercial ni oportunista. No somos artistas de la farándula; deberíamos sentirmos más deseosos de ser útiles que de ser "famosos". (Pero, bien sé que tales ideas están a contracorriente de la imagen o aspiración actual de un historiador, profesor y escritor de historia.) Somos escritores de verdades a veces muy difíciles de desentrañar, legitimizar y explicar. Digo que éstas son como las medicinas homeopáticas: hay que saber cuándo y cómo administrarlas para que hagan el efecto positivo deseado. Ellas se convierten casi siempre en "la estrella que ilumina y mata", según palabras de José Martí.   La Historia es una profesión o "sacerdocio" que apunta hacia el reconocimiento y el sostenimiento de los altos valores morales del hombre y la mujer, hacia su orientación en la vida, hacia un desarrollo humano superior que se mide, ante todo, por su enriquecimiento espiritual.  Reitero, estamos involucrados en un proceso de superación y perfeccionamiento continuo hacia la plena humanización de la Sociedad. El capital espiritual acumulado es inmenso, no cabe duda, y puede potenciar verdaderos "milagros" en el siglo XXI. La concientización de la vida humana como parte armónica e inseparable de la vida del Planeta, del respeto hacia todos los seres humanos con derecho a la vida son los nuevos rasgos que hay que resaltar -por encima de los egoismos mezquinos de quienes solamente valorizan la petulante riqueza material, el confort, las diferencias sociales, el sentimiento vano de la superioridad sobre otros, el lujo, la ostentación, la vanidad y otras tonterías prehistóricas capitalistas penosamente vigentes en los medios de comunicación y alimentados por estos con fines comerciales de simplezas mercantiles-.  Pero, ¿ existe el interés en los historiadores del primer mundo por unirse al carro de los humildes, de los países pobres donde el pan, la educación y la salud son lujos casi inimaginables? En fin, Carlos estoy a sus órdenes desde mi querida Isla y ya saben que los apoyo con corazón y coraje probados. En palabras de Agostinho Neto: ¡A lutta continua, a vitoria e certa!


Un abrazo fraternal de Lohania Aruca
Tertulias de Historia
UNEAC
La Habana