Debates


Revisionismo historiográfico

 


QUERIDO CARLOS Y AMIGOS DE HISTORIA A DEBATE...

 
HAGO LLEGAR UN COMENTARIO PUBLICADO EN EL DIARIO DE PARANÁ (ENTRE RÍOS) ARGENTINA EL 10 DE DICIEMBRE DE 2011. CONSIDERO COMO TODOS LOS INVOLUCRADOS EN HAD QUE LOS HISTORIADORES DEBEMOS TOMAR LA PALABRA, CON SERIEDAD Y CON HONESTIDAD Y EVITAR LAS EXPRESIONES LIGERAS SOBRE ESTE CAMPO TAN COMPLEJO E INSONDABLE QUE ES LA VIDA EN EL TIEMPO, ES DECIR LA HISTORIA.

 
CORDIALMENTE

 
PROFESORA AMELIA GALETTI
DIRECTORA DE LA REVISTA HABLEMOS DE HISTORIA
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE ENTRE RÍOS
ARGENTINA



 
REVISAR LA HISTORIA?
Amelia Galetti(1)

 
Mucho me sorprende que en esta instancia política, llamada “progresista”, se instale desde la esfera del poder aquello que, como sociedad debemos recordar y lo que debemos olvidar de nuestro pasado. Por el contrario, el término progresismo me  sugiere librepensamiento, diversidad de interpretaciones y resistencia a toda hegemonía.

 
  No es bueno  que la historia, como reconstrucción del pasado esté digitada desde el oficialismo; precisamente, el historiador debe estar alejado del poder como condición  insoslayable que nos garantiza la reconstrucción no manipulada del pasado  con fines políticos e ideológicos.

 
  Si bien, lo que más me sorprende es el desconocimiento, intencionado o no  desde los sectores oficiales, de los itinerarios que hoy transitan los historiadores, quienes trabajan en una diversidad de temas, enfoques e interrogantes que han ampliado y profundizado el  denso campo de la historia como ciencia.

 
   De esta decisión, que es  el instituto de Revisionismo Histórico se desprenden varias  lecturas. Por una parte, hablar hoy de revisionismo es inapropiado, ya que  el historiador sustenta su labor precisamente en la revisión constante del pasado en virtud de los interrogantes que cada presente le sugiere.  También es anacrónico, porque el revisionismo como corriente historiográfica que relató la otra mirada del pasado argentino, como respuesta antinómica  a la corriente liberal, comienza  hacia 1935 con el Ensayo sobre Rosas  del historiador entrerriano Julio Irazusta.  Revisión en la que la figura de Urquiza, no aparece en términos antinómicos respecto de  aquél. Asimismo es anacrónico  porque ya está ampliamente superada  la antinomia liberal-revisionista, sencillamente porque la verdad no está sólo de un lado.

 
   Éste, un nuevo revisionismo, que pareciera  recalar en la exaltación de protagonistas, selectivamente mencionados como Belgrano, Dorrego, Rosas, Irigoyen, Perón, en la línea parcializada de lo que llaman “la corriente nacional y popular”, sin ver, que la otra línea que construye la  historia argentina, la de Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Roca, es también nacional, sólo que lo es desde la  otra mirada de Nación.  Porque así  es la dinámica  social en el tiempo, ese  juego de libertades, el debate de ideas, de intereses y de proyectos.  Explicar esta controversia, es pensar y hacer historia.         
                                                                                                                                                                                                                                                                                      
   Un revisionismo con actitud reduccionista en la exaltación de una línea de protagonistas, en la que se desconocen los claroscuros, propio de una historia elemental en la que la realidad oscila en el juego absoluto de lo blanco y lo negro, de réprobos y elegidos. Pero además, con actitud contradictoria, en cuanto  plantea el protagonismo de los movimientos  populares y recala en una exaltación de individualidades. 

 
    Sobre los diferentes relatos nos fuimos construyendo como Nación; no fuimos los unos o los otros, sino, los unos y los otros con toda su gama de matices en una dialéctica que es necesario explicar, para comprender que hoy, no es posible continuar anclados  en términos maniqueístas, que parcializan las interpretaciones del pasado,  con  poco felices proyecciones  que dividen y desgastan  nuestra sociedad.

 
   Hoy es necesario, que los historiadores que saben de la honestidad  que exige la tarea de recrear el pasado, contribuyamos a reconciliarnos con él sin fórmulas  excluyentes. Que de esa dialéctica que es parte esencial de la condición humana  vayamos elaborando la síntesis en la que reconozcamos las voces de  todos los actores. En ese reconocimiento de nuestro pasado sin exclusiones ni omisiones deberíamos ir construyendo nuestra identidad, asumiendo un pasado sin condenarlo ni absolverlo. Sólo explicándolo alejado de las interpretaciones imperialistas.

 
    No podemos desconocer, que en nuestro país la producción historiográfica tiene un desarrollo vasto y cualitativo. De ello se desprende que los temas que hoy propone este nuevo revisionismo como nuevos temas, no son tales, puesto que, los movimientos populares, el protagonismo de las mujeres, entre otros son temáticas ya incorporadas en el territorio de nuestros historiadores.

 
   No obstante me inquieta que, paralelamente a la crítica rigurosa de las investigaciones historiográficas circule la historia  simplificadora, de afirmaciones categóricas y lenguajes equívocos. Deseo que esta ola neo-revisionista se aproxime a lo primero.

 
   Si bien, no desconocemos un mal que nos aqueja a los argentinos, que es la persistente tendencia a culpabilizar el pasado, a ver la historia en términos conspirativos y de opuestos. Para ello abundan los clisés: “la historia que no se nos contó”, “lo que nunca se nos dijo”, la “historia secreta”. Una necesidad catártica de bucear en el pasado para encontrar  enemigos y culpables, quizás, una manera de descargar en el otro el peso de nuestra responsabilidad y la dosis de inseguridad que nos limita en la búsqueda de una síntesis. Síntesis  que nos permita comprender que construimos la realidad entre los unos y los otros.

 
   De allí, que es imperativo el buen uso de la historia y en ello, los historiadores debemos asumir la responsabilidad, reconciliándonos con nuestro pasado.  Tomar la palabra para decir a la sociedad que la Historia  no puede ser  un instrumento al servicio del poder.