Historia Inmediata


Bolivia


Amigas y amigos:

Anoche en el Hemiciclo Parlamentario se llevó a cabo la solemne Sesión de Honor en homenaje al 28º aniversario de la reconquista de la democracia, que nos recuerda el 10 de octubre de 1982, cuando el Gral. Guido Vildoso Calderón hizo entrega de la banda presidencial al Dr. Hernán Siles Zuazo, vencedor de las elecciones de 1978, 1979 y 1980, que le fue negada sistemáticamente por las Fuerzas Armadas, pues veían en su persona al político que abría las puertas al socialismo.  

Hugo Bánzer Suárez, que gobernó el país con mano dura entre 1971 y 1978, se vio forzado a convocar elecciones en 1978. Su protegido, el Gral. Juan Pereda Asbún, salió vencedor en elecciones fraudulentas arrebatándole el triunfo legítimo al Dr. Hernán Siles Zuazo. 

Desde entonces un puñado de generales se apoderó del destino del país por la vía del golpe de Estado:  

  • Juan Pereda Asbún. 1978, golpeó a su protector, el dictador Bánzer.
  • David Padilla Arancibia, 1978-1979, convocó a elecciones en 1979
  • Alberto Natusch Busch, 1979, derrocó al Dr. Wálter Guevara Arze y provocó una masacre sangrienta
  • Luis García Meza Tejada, 1980-1981, derrocó a la presidente Lidia Gueiler Tejada, con el concurso de paramilitares, su gobierno estuvo ligado al narcotráfico y practicó el asesinato selectivo y el genocidio  
  • Celso Torrelio Villa, 1981, sucedió al dictador,

Todos estos intentaron detener el tránsito de pueblo de Bolivia al régimen democrático.  

El último dictador, general Guido Vildoso Calderón (1982), tuvo bajo su responsabilidad conducir la transición al régimen democrático. 

El 10 de octubre de 1982, se concretó la reconquista de la Democracia. Hernán Siles Zuazo fue posesionado como Presidente Constitucional de Bolivia, y desde entonces Bolivia vive en el marco del Estado de Derecho.  

Cada año se conmemora ese hecho histórico. Esta vez, una mujer, dos varones y una institución fueron reconocidos por su lucha por reconquistar, sostener y desarrollar la democracia. 

La noche estuvo llena de simbolismos: 

  • Los senadores y diputados ya no ostentan más el título de “Honorables”, ya no gozan de privilegios de corte
  • Políticos profesionales (generalmente doctores, abogados y licenciados), deben compartir los curules con mujeres del pueblo (humildes mujeres de pollera, mujeres de raíz indígena), indígenas (un chipaya vestía su traje tradicional), mineros de base (fueron con sus guardatojos, los que usan en las minas), trabajadores informales (gremiales, comerciantes), clase media (profesionales, maestros)
  • Los “oficialistas” vitoreaban y aplaudían, junto a las barras e invitados, a cada uno de los homenajeados
  • Los “opositores” estaban abrumados, pues casualmente aquella mujer, hombres e instituciones, enfrentaron a los líderes e intereses de partidos tradicionales que hoy, como opositores, defienden
  • Un joven  político progresista, con excelente formación, presidió la sesión de Congreso
  • Los “opositores” reclamaron: “no nos de clases, profesor”
  • Un minero perforista, un abogado defensor del Estado, una periodista defensora de los derechos humanos, todos ellos comprometidos con los altos valores del pueblo, de su patrimonio y de la democracia, fueron reconocidos por los Asambleistas nacionales
  • Por primera vez en la historia tomó el atril oficial, un trabajador minero, Pedro Montes, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, cuando tomó la palabra en nombre de los condecorados
  • Los “opositores” perdieron la paciencia y corearon “libertad de expresión”, a los que el joven orador, respondió que “la democracia es un régimen de gobierno que se sustenta hoy con la redistribución de la riqueza, el respeto a los derechos humanos, la lucha contra la corrupción, la lucha frontal contra el racismo y toda forma de discriminación, sin coartar los derechos consagrados en la Constitución”.
  • Paradójicamente, la medalla todavía lleva en su anverso la leyenda “República de Bolivia”, cuando fueron las acciones de las masas, a las que hombres y mujeres como los homenajeados lideraron históricamente, las que sepultaron la vieja república para erigir el Estado Plurinacional con Autonomías.

Ana María Romero de Campero, periodista, presidenta de la Cámara de Senadores, fue reconocida por su condición de Primera defensora del Pueblo, por su infatigable lucha por los derechos humanos, y por ser parte de la instauración y construcción democrática del nuevo Estado. Por razones de salud no estuvo presente y fue su hija la que recibió la medalla. 

Manuel Morales Dávila, abogado, docente universitario, ex diputado nacional, ex Contralor General de la República, Presidente del Comité de Defensa del Patrimonio Nacional, fue condecorado por promover la recuperación de las empresas del Estado, por procurar la libertad de dirigentes sindicales y políticos, hecho que le valió la cárcel, la persecución y el exilio, y por contribuir a la democracia boliviana. 

La Central Obrera Boliviana, fundada durante la revolución de 1952, representa a dos millones de obreros y trabajadores bolivianos del campo y la ciudad, fue condecorada por desempeñar un rol protagónico y decisivo para la recuperación de la democracia boliviana, por ser institución tenaz que lucha por los derechos y la vida en democracia. 

Edgar Ramírez Santiesteban, perforista, dirigente de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y de la Central Obrera Boliviana, participó en la nacionalización de las minas, como pocos obreros fue docente en la Universidad Popular “Tomás Frías” de Potosí, Universidad Nacional “Siglo XX” de Llallagua, y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, fue condecorado por su lucha sindical por la consolidación de la democracia boliviana y por consolidar la organización del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia. 

La condecoración de la “Orden Parlamentaria al Mérito Democrático Diputado Marcelo Quiroga Santa Cruz” se otorgaba tradicionalmente a políticos que, desde cualquier posición, apoyaron a la Democracia como forma de gobierno. Fue creada por la Cámara de Diputados de la antigua República, es cierto. 

Pero en esta ocasión (quizá sea la última vez que se la confiere), debo resaltar la relación que se hace, por primera vez en la historia política de Bolivia y quizá de otros países, de los archivos en la lucha por la recuperación y consolidación de la Democracia. 

La importancia de este hecho político de reconocimiento a un archivista, en este caso un digno archivista minero, debe ser asumida por todos nosotros como una muestra más de la concienciación de la clase política por los archivos que custodian la memoria institucional, los derechos ciudadanos y la base para el desarrollo nacional.

Nunca como hoy se puede parafrasear que “los archivos constituyen la base del poder”.

Reciban un cordial saludo,

Luis Oporto Ordóñez
Biblioteca y Archivo de la Asamblea Legislativa Plurinacional
La Paz, Bolivia





 

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