Historia Inmediata


Argentina

QUERIDO CARLOS Y ESTIMADOS COLEGAS DE LA RED HISTORIA A DEBATE

EN ESTA PÁGINA DE HAD, SOBRE ARGENTINA Y LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS, NO PUEDO DEJAR DE ENVIARLES ALGUNAS REFLEXIONES SUGERIDAS A PARTIR DE ESTE DEBATE (OJALÁ QUE FUESE FECUNDO DESDE LO ACADÉMICO, SOCIAL Y POLÍTICO SOBRE LA CREACIÓN DEL INSTITUTO DE REVISIONISMO HISTÓRICO) ESTAS REFLEXIONES LAS HE PUBLICADO EN "EL DIARIO" DE PARANÁ (ENTRE RÍOS) ARGENTINA EN DICIEMBRE PASADO.PERIÓDICO DE TENDENCIA OFICIAL PERO QUE HA TENIDO LA DEFERENCIA DE PUBLICAR ESTA COLABORACIÓN.

DESEÁNDOLES UN FELIZ AÑO 2012, ADJUNTO EL ARTÍCULO.

UN AFECTUOSO ABRAZO

AMELIA GALETTI
Revista Hablemos de Historia
Entre Ríos, Argentina

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REVISAR LA HISTORIA?

Amelia Galetti

Mucho me sorprende que en esta instancia política, llamada "progresista", se instale desde la esfera del poder aquello que, como sociedad debemos recordar y lo que debemos olvidar de nuestro pasado. Por el contrario, el término progresismo me sugiere librepensamiento, diversidad de interpretaciones y resistencia a todo intento de hegemonía.

No es bueno ni sano que la historia, como reconstrucción del pasado (oficio de los historiadores) esté digitada desde el oficialismo; precisamente, el historiador debe estar alejado del poder como condición insoslayable que nos garantiza la reconstrucción no manipulada del pasado con fines políticos e ideológicos.

Si bien, lo que más me sorprende es el desconocimiento, intencionado o no desde los sectores oficiales, de los itinerarios que hoy transitan los historiadores, quienes trabajan en una diversidad de temas, enfoques e interrogantes que han ampliado y profundizado el denso campo de la historia como ciencia.

De esta decisión, que es la creación del Instituto Nacional del revisionismo histórico argentino e iberoamericano Manuel Dorrego (Decreto/ 1880/2011) se desprenden varias lecturas. Por una parte, hablar hoy de revisionismo es inapropiado, porque bien sabemos que el historiador sustenta su labor precisamente en la revisión constante del pasado en virtud de los interrogantes que cada presente le sugiere. Pero también es anacrónico, porque el revisionismo como corriente historiográfica que relató la otra mirada del pasado argentino, como respuesta antinómica a la corriente liberal-mitrista, comienza hace ya más de tres cuarto de siglo, hacia 1935 con el Ensayo sobre Rosas del historiador entrerriano Julio Irazusta. Revisión en la que" la figura de Urquiza, no aparece en fórmula de antinomia absoluta respecto de su oponente" (1). Valga este ejemplo. Asimismo es anacrónico porque ya está ampliamente superada la antinomia liberal-revisionista, sencillamente porque la verdad no está sólo de un lado.

Éste, un nuevo revisionismo, que pareciera recalar en la exaltación de protagonistas, selectivamente mencionados como Belgrano, Dorrego, Rosas, Irigoyen, Perón, en la línea parcializada de lo que llaman "la corriente nacional y popular", sin ver, que la otra línea que construye la historia argentina, la de Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Roca, es también nacional, sólo que lo es desde otra mirada de lo que se podía entender por Nación. Porque así es la dinámica social en el transcurso del tiempo, ese juego de libertades, el debate de ideas, de intereses y de proyectos. Explicar esta controversia, es pensar y hacer historia.

Un nuevo revisionismo con actitud reduccionista en la exaltación de una línea de protagonistas, en la que se desconocen los matices y claroscuros, propio de una historia elemental en la que la realidad oscila en el juego absoluto de lo blanco y lo negro, de héroes y villanos, de réprobos y elegidos. Pero además, con actitud contradictoria, en cuanto aspira a plantear el protagonismo de los movimientos populares y recala en una exaltación de individualidades.

Sobre los diferentes relatos nos fuimos construyendo como Nación; no fuimos los unos o los otros, sino, los unos y los otros con toda su gama de matices en una dialéctica que es necesario explicar, para comprender que hoy, no es posible continuar anclados en términos maniqueístas, que parcializan las interpretaciones del pasado, con poco felices proyecciones que dividen, resienten y desgastan nuestro cuerpo social.

Hoy es necesario, que los historiadores que saben de la honestidad que exige la tarea de recrear el pasado, contribuyamos a reconciliarnos con él sin fórmulas excluyentes. Que de esa dialéctica que es parte esencial de la condición humana y de la dinámica social, vayamos elaborando la síntesis en la que reconozcamos las voces de todos los actores. En ese reconocimiento de nuestro pasado sin exclusiones ni omisiones deberíamos ir construyendo nuestra identidad, asumiendo un pasado sin condenarlo ni absolverlo. Sólo explicándolo alejado de las interpretaciones imperialistas.

No podemos desconocer, que en nuestro país la producción historiográfica tiene un desarrollo vasto y cualitativo, en el mismo nivel de la dinámica de la historiografía occidental. De ello se desprende que los temas que hoy propone este nuevo revisionismo como nuevos temas, no son tales, puesto que, los movimientos populares, el protagonismo de las mujeres, entre otros son temáticas ya incorporadas en el territorio de nuestros historiadores. Valen como ejemplos, los trabajos sobre la historia del movimiento obrero, las mujeres entre la casa y la plaza, las mujeres de la conquista, el pueblo en la calle, la cultura de la movilización, la sociedad civil y sus redes, sufragio y ciudadanía y muchos más.

No obstante me inquieta que, paralelamente a la crítica rigurosa de las investigaciones historiográficas circule la historia simplificadora, de afirmaciones categóricas y lenguajes equívocos. Deseo que esta ola neo-revisionista se aproxime a lo primero.

Pero no desconocemos un mal que nos aqueja a los argentinos y que es la persistente tendencia a culpabilizar el pasado, a ver la historia en términos conspirativos y de opuestos. Para ello abundan los clisés "la historia que no se nos contó", "lo que nunca se nos dijo", la "historia secreta", "la otra historia". Una necesidad catártica de bucear en el pasado para encontrar enemigos y culpables, quizás, una manera de descargar en el otro el peso de nuestra responsabilidad y la dosis de inseguridad que nos limita en la búsqueda de una síntesis. Síntesis que nos permita comprender que construimos la realidad entre los unos y los otros.

De allí, que es imperativo el buen uso de la historia y en ello, los historiadores deben asumir su responsabilidad, reconciliándonos con nuestro pasado. Tomar la palabra para decir a la sociedad que la Historia no puede ser un instrumento al servicio del poder.

(1) Ríos (M.C.) Rememoraciones en el Bicentenario. El mundo de los historiadores entrerrianos, en ENTRE RÍOS.IDENTIDADES Y PATRIMONIOS, Bs. As., Dunken, 2008.pp 117-156.