Historia Inmediata


Argentina


EL ARTÍCULO DEL LIC GUSTAVO LAMBRUSCHINI, QUE INCLUYO, SE PUBLICÓ EN "EL DIARIO", DE PARANÁ, AYER MIÉRCOLES 10 DE OCTUBRE DE 2001. MÁS ALLÁ DE ALGUNAS REFERENCIAS HISTÓRICAS QUE NO COMPARTO, ENTIENDO QUE AQUELLOS QUE OCUPAN SU TIEMPO INTENTANDO HACER NO VOTAR, O VOTAR ANULADO O EN BLANCO, DEBIERAN LEERLO Y SOBRE TODO RAZONARLO, PARA ADVERTIR QUE ES LO QUE ESTÁN HACIENDO, A QUIEN, A QUE, SIN QUERER ESTÁN SIRVIENDO

CORDIAL Y RESPETUOSAMENTE

ENRIQUE PEREIRA
[email protected]

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La política de la despolitización

Escribe Gustavo Lambruschini

Uno no es el que cree ser, sino el que objetivamente es.
Karl Marx

Desde un punto de vista subjetivo, quien vota en blanco o anula su voto, cree que cumple con su conciencia o con sus principios o con sus deseos. Los resultados de las encuestas indican como tendencias estadísticas que la suma de los votos en blanco y los anulados en las próximas elecciones estarían superando a las opciones de los votos válidos. Se piensa que existe una profunda y generalizada ineficacia y corrupción en el subsistema político estatal, y que el acceso a un cargo público significa tanto un privilegio económico como el resultado de un acomodo desvinculado de los méritos. Esto se esgrime como fundamento de tal modo de "votar". También, se hace notar –ahora por izquierda– que los electores se hallan ante diferentes formas de gestionar o "gerenciar" un mismo sistema o "modelo" y no ante la elección de sistemas o "modelos" alternativos.

Por una parte, se supone, que los que votan en blanco consideran en general que no se les presentan opciones, o porque "son todos iguales", o porque "todos son corruptos", o "porque todos son incapaces", etc. Los que, por otra parte, anulan deliberadamente su voto, votando a Sarmiento (¿por qué no mejor a López Jordán, su víctima?) o votando a Alberdi (¿por qué no mejor a Sampay, su alternativa?), avanzarían para impugnar en general a "los políticos" o a "los partidos políticos" o al sistema de elecciones periódicas mismo. Ambos se desresponsabilizan de lo que ocurre en el subsistema político, creyendo que no tienen nada que hacer ni decir más que votar, y piensan que la responsabilidad de lo que ocurre en el Estado y en el gobierno es de los otros y no también de ellos se hallan ante un problema de "oferta". También las encuestas indican que aquellos que así votarán, son en su mayoría los estafados por la Alianza, especialmente los votantes tradicionales del Radicalismo, los que "flotan" en la Internet, los que siempre "han pensado políticamente correcto" y los que se encuentran alejados de todo tipo de "extremismo".

Ahora bien, ¿qué significa –no ya desde un punto de vista sujetivo sino objetivo– el voto en blanco o el voto anulado? ¿Quiénes son los beneficiarios políticos y sociales de esa forma de "votar"?

En un primer aspecto, desde un punto de vista objetivo, votar en blanco o anular el voto, significa votar por el que va a sacar más votos, dado que se actúa no sólo por acción sino también por omisión y puesto que también se colabora no haciendo nada. Más allá de las intenciones personales de los actores, existen resultados políticos y sociales objetivos. Así pues, más allá de opacar en cierta manera y por breve momento su legitimidad, el ganador será el ganador, y gobernante será el más votado el poder político del Estado quedará en sus manos y lo festejará de todos modos. El escéptico y derrotista electoral ni siquiera hará un voto testimonial que exprese una cierta adhesión simbólica a un partido que aunque no gane, represente por lo menos una preocupación cívica y pública o al menos a una idea o ideal. Es falso que el voto en blanco deba ser interpretado sólo como una protesta, sino que puede ser interpretado también como una irresponsabilidad. También es falso que la anulación deba ser interpretada sólo como rechazo puede ser interpretada también como una broma autodestructiva y fuera de lugar justamente en el más serio de los lugares que es necesario tomar más en serio, porque de él dependen la justicia y la libertad. Más allá de lo que se crea y parezca subjetivamente, desde un punto de vista objetivo, los beneficiarios políticos del voto escéptico son los que cuentan con la mayor cantidad de votos válidos ése será el resultado político más allá de toda actitud subjetiva egocéntrica.

En una consideración más profundizada –que tiene en cuenta no sólo el significado político sino también el social–, se manifiesta un segundo aspecto del sentido objetivo de esa forma de "votar" quien vota en blanco o anula su voto, de hecho vota por los "mercados" y el establishment y les delega su poder personal al quitárselo a una agrupación política, cualquiera sea ella, incluso una de las que los gerencian. En efecto, el que vota en blanco o anula su voto, en la competencia real por el reparto del poder político y simbólico no vota, esto es, no emite ninguna opinión política o simbólica respecto del poder real que se reparte. Pero los "mercados" sí votan diariamente por una política muy concreta la que doblega al Estado como el poder alternativo. Es de suponer que aun los gobernantes vicarios del mercado no quieren que haya piquetes, desobediencia civil, manifestaciones, protestas, ni menos aún represión y muertes. Pero el que no vota, a un tiempo debilita al subsistema político de las instituciones democráticas y republicanas mismas (las relaciones políticas) y, por eso mismo, fortalece al subsistema económico (las relaciones mercantiles), dado que el poder real es la resultante de fuerzas políticas, económicas y simbólicas. Cuando los gobernantes cualesquiera ellos sean, incluso los gerentes de los "mercados", deban negociar con éstos, estarán debilitados. Sin embargo, para un orden social mínimo, es preferible aumentar el poder social incluso de los gerentes de los "mercados", y no el de los "mercados" mismos.

En fin, el no votar es el síntoma más evidente y más elocuente del éxito de la política de la despolitización. La despolitización es una política en la que se encuentra conscientemente empeñado el bloque de clase dominante se trata de bajar los costos de la legitimidad del orden social naturalizándolo y haciéndolo pasar por una fatalidad incambiable. Hay algunos, sin embargo, para los que esta deserción de la política es una forma de hacer política... Pero el experimento crucial para esta hipótesis estaría en averiguar, cuántos de los que preconizan hoy el voto en blanco o anulado irían a votar, esto es, a opinar sobre cuestiones públicas y a elegir mandatarios para llevar a cabo mandatos cívicos, si el voto no fuera obligatorio. Más aún habría que preguntarles, si lo que con más ardor desean es tener un DNI o una tarjeta de crédito.

Pero, lo que con melancolía se constata, es que cada vez son más los que ignoran las cosas públicas y más aún la posibilidad de que éstas sean cambiadas; cada vez más proliferan las víctimas que no pueden conectar conscientemente sus intereses con la gestión de la política del Estado; cada vez más adquieren consenso políticas que quieren "ajustar a la política para beneficiar a los mercados", o políticas como las que preconiza el convicto de Don Torcuato, que quiere que el voto deje de ser obligatorio, sabiéndose que los mercados seguirán votando y también los paniaguados de quienes sí tienen claro el vínculo de gestión estatal y intereses de clase.

La conclusión parece clara no votando, las víctimas del modelo y del sistema creen subjetivamente estar castigando a sus victimarios, pero objetivamente las victimas estarían eligiendo una vez más a sus victimarios.

(1) Votar significa emitir una idea u opinión, no sólo elegir un mandatario según esa idea.