Historia Inmediata


Colombia


Mayo 19 de 2004
“¿Cuál conflicto armado?”

Inició mi intervención con esta pregunta, no porque podamos olvidar o ignorar que en nuestro país Colombia vivimos en medio de un conflicto armado, sino porque a lo largo de la historia más reciente de  nuestro país los enfrentamientos entre diversos poderes políticos y económicos (que a la larga son la misma cosa), han sido una constante, tanto así que pareciera que hubiéramos vivido varias guerras.

Pero lamentablemente ha sido el mismo conflicto revestido de diversos intereses, dependiendo del momento histórico y del contexto temporal en el que nos movemos. Como bien dice el artículo propuesto por Javier Montoya, no podemos ver nuestro conflicto desde solo una perspectiva y extraerlo de la realidad globalizante, somos parte de un mundo, de un sistema económico y político que envuelve masas y no podemos pensar si quiera que nuestros problemas sean solo producto de nuestra historia.

Tampoco podemos aislar nuestro tiempo de los procesos históricos, necesariamente tenemos que partir de nuestro origen mutilado por una cultura europea que nos obligó aceptar y asimilar una cultura totalmente extraña y ajena a nuestras verdaderas necesidades, y que además nos interrumpió lo que podemos llamar “nuestro proceso natural de desarrollo cultural” y que probablemente nos haría ser una cultura diferente, claro, en historia el hubiera simplemente no existe.

Lo verdaderamente relevante es el hecho de nuestro forzado proceso de modernización que más que a unas necesidades propias obedeció a unos intereses externos y que de alguna manera son el origen de la desigualdad social, la corrupción, la lucha de intereses, el enfrentamiento entre las clases populares y las clases dirigentes (llámense partidos políticos o movimientos armados), el principio del conflicto armado de nuestro país.

A esto además debemos agregar otro problema de carácter social, que se ha desarrollado lejos de los escenarios políticos: la indiferencia, este conflicto se ha convertido en algo tan cotidiano, que para nuestra juventud es algo que quizás ya no tiene solución, entonces lo único que queda es tomar partido de algún lado del conflicto o sencillamente apagar el televisor. Y es aquí en donde nosotros como educadores nos jugamos nuestra creatividad, ya no solamente debemos pensar en la historia como historiadores (si es que lo llegáramos a ser) sino como habitantes de una realidad a la que debemos acercar a las nuevas generaciones, teniendo en cuenta que probablemente están lejos de interesarse por la academia.  Entonces nos queda un reto ¿Cómo hacer para que nuestros jóvenes que a propósito se extraen de nuestra realidad, sin ambiciones de historiadores y con un horizonte que se enfoca hacia una vida un poco menos “académica”, se interesen por sus conflictos y crean en que aún hay algo por hacer?

Sin duda urge cambiar la perspectiva desde la cual hemos venido mirando el conflicto y hay que ver que la labor realizada por los historiadores es de vital importancia en este cambio, así mismo hay que dotar a los jóvenes de otros argumentos para la crítica pero sobre todo para la propuesta a un cambio social, político y económico que verdaderamente sea compatible con nuestra idiosincrasia.

Lejos de mi pretender si quiera hablar desde un punto de vista  intelectual, hablo desde mi experiencia desde la escuela y desde mi opinión a partir de la observación como profesora de historia en la zona urbana de nuestra bella geografía.

Zulma Amparo Moreno Correa
Colegio Sagrados Corazones ­ Mosquera- Cundinamarca