Historia Inmediata


Crisis en Argentina

 
Las nuevas batallas de las luchas sociales del siglo XXI

Argentina, diciembre 2001/ enero de 2002

El papel de la conciencia

El pueblo argentino está protagonizando una experiencia histórica y es consciente que tiene final abierto. Esa convicción pone el entusiasmo a tantos millones de participantes, por eso el clima de alegría en las calles en medio de tanto dolor! Millares de argentinos de distintos sectores sociales y de lugares distantes de todo el país estamos haciendo grandes descubrimientos. Ya empieza a haber un conocimiento colectivo acerca de qué está pasando, quiénes manejan los hilos, qué intereses están en juego y a través de qué mecanismos nos roban y nos han engañado durante décadas.

El saber hace libres, y la conciencia que da el conocimiento permite encontrar caminos de acción. Saber qué hacer, para dónde conviene ir, produce un profundo sentimiento de dignidad y estima. Hemos cambiado la autocalificación zoológica, ya no nos consideramos ovejas y esta recuperación de la confianza en las propias fuerzas, que se presenta con la palabra "dignidad" en muchas pancartas, es el ingrediente más notable del avance de la conciencia que se ha producido en este corto lapso desde diciembre pasado.

Esto es hacer política. ¡Curiosos vericuetos recorridos por la conciencia!. Mientras se repudia la política y a todos los políticos, "que se vayan, que se vayan todos y que no quede ninguno", se hace política todos los días como nunca antes, porque hasta ahora, la mayoría había comprado el discurso de que "hacer política" era ir a votar.

Es un aprendizaje colectivo; se avanza en días lo que llevó décadas de acumulación. Todos los grandes virajes de la historia producen esta aceleración de la conciencia en momentos en que se pone al rojo vivo la lucha entre intereses antagónicos. En este mes de cacerolazos y cortes de rutas y calles, se ha empezado a materializar la unidad efectiva del pueblo argentino, al identificar al enemigo de todos; al experimentar la fuerza colectiva y a valorar la capacidad de creación, disposición y entrega para apuntalar un nuevo proyecto de país.

Estos hechos más recientes marcan un salto cualitativo como producto de la acumulación en la conciencia que va desde haber creído que la "democracia" (a secas) era la solución definitiva, a haber descubierto el entramado profundo y sórdido del manejo del poder financiero a través de los partidos políticos (Justicialista, Unión Cívica Radical y FREPASO), cuyas cúpulas se prepararon para hacer el "trabajo sucio local" , completando la tarea del terrorismo de estado de 1976 al 83 con el terrorismo económico, financiero, social, cultural, contra el pueblo argentino.

Estos 20 años de "democracia" permitieron a la gran mayoría del pueblo aprender más por el método del ensayo y error que del aporte de sus intelectuales orgánicos. Lamentablemente fueron pocos, muy pocos los que se mantuvieron firmemente sin tumbarse ante la ola de posmodernismo, de antimarxismo, de decepción por creer que el "fin de la historia" había llegado aunque lo negaban en su discurso- con el triunfo definitivo del neoliberalismo.

Sucesivas experiencias permitieron al pueblo ir descubriendo que la justicia estaba emparentada con el poder político, la corrupción, el crimen y la droga; que los ministros y demás funcionarios que se presentaban como "tecnócratas" en realidad eran piezas claves del poder financiero con continuidad desde la dictadura militar; que los partidos que habían tenido un origen popular estaban corrompidos y que sus prácticas anulaban el juego democrático legislativo y la independencia de poderes; que a través de las políticas neoliberales introducidas como rampa al "primer mundo" causaron la tremenda desocupación, miseria, empobrecimiento, debilitamiento de las funciones sociales del estado, pérdida de las empresas nacionales, exilio forzoso de gran mayoría de argentinos y enriquecimiento ostentoso y provocador de unos pocos; que el golpe militar fue esencialmente orquestado desde el poder financiero para domesticar al país imponiendo torniquetes como la deuda externa, aniquilando la soberanía nacional; que los medios masivos de comunicación respondían a los intereses del poder, desde donde se ocultaba información, se desinformaba, se usaba en todos los casos el doble discurso; que la represión seguía operando sobre los luchadores populares y contra el pueblo mientras los narcotraficantes, corruptos, traficantes de armas, nunca eran investigados, juzgados ni menos aún sancionados; que las "privatizaciones" de las empresas públicas fueron la más vil entrega de la propiedad de la nación.

Una pulseada fuerte El análisis científico da cuenta de que el necesario proceso de concentración capitalista va produciendo cada vez más sectores sociales afectados por la voracidad del capitalismo y la corrupción de quienes poseen y manejan el capital financiero a nivel transnacional; da cuenta de cómo se agudizan las contradicciones de clase y de qué mecanismos utilizan desde el poder para ocultarlas, o llegado el caso reprimir para mantener el "orden" que necesitan. La creciente desocupación, el deterioro de las condiciones de vida, empobrecimiento, falta de justicia, de seguridad, de salud, de vivienda; corrupción y negociados impunes, etc. fueron la evidencia del funcionamiento de esa ley del capitalismo. El proceso actual está permitiendo que cada hombre y mujer del pueblo argentino a través de su propia experiencia en el torrente de la historia adquiera representación en su conciencia de estas cuestiones como fenómenos sociales, colectivos. Ya no podrá uno pensar que lo que le pasa es porque no supo, no tuvo suerte, no pudo; ya nadie podrá atribuirse a sí mismo los fracasos, sino que empiezan a ver que el problema es de todos, aunque en distinta medida, es de todos, de todos los que no tienen el poder. Y allí, cuando se descubre colectivamente ese engaño, esa burla de la buena fe, se produce un haz de fuerzas que puede ser imparable.

Todo eso acumulado permitió dar el gran salto del 19 y 20 de diciembre. Desde allí avances cuantitativos en la dirección de identificar como enemigo del pueblo a los políticos corruptos, traidores, entreguistas, que llevaron a este drama como verdugos del poder financiero los "banqueros" como se expresa en las consignas que a voz en cuello riman con las cacerolas en lucha. Este despertar de la conciencia conlleva la identificación de las solidaridades sociales necesarias para transformar en fuerza material tanta bronca y tantas ganas de cambiar; tantas esperanzas de un futuro mejor convergen en las calles diversos sectores de las capas medias, empleados, profesionales, estudiantes, desocupados, jubilados, obreros, comerciantes, productores industriales y agrarios, peones, changarines, esto es otro de los avances en la organización y construcción de una fuerza social en camino de ser una fuerza política.

La presencia de familias enteras con sus hijos, madres embarazadas que exponen su panza ante las cámaras para decir que quieren un futuro para ese hiijo por nacer; viejos que dicen"Juicio a quienes me quieren robar el futuro de mis nietos". Todos juntos de todas las edades empiezan a convocarse con el tintineo que va creciendo y que hace que todos empiecen a parar la oreja y salgan a la calle.

Una de las más grandes novedades que aparecen en este original proceso de movimiento social es otra idea matriz el pueblo es soberano. el pueblo tiene poder, ya no se admiten representaciones, menos delegar sin controlar. El pueblo ha creado un fantástico diálogo que impone por el ruido. No es que el pueblo quiera saber de qué se trata como aquél grito del 25 de mayo de 1810. Hoy el pueblo sabe de qué se trata y sabe lo que quiere y lo grita a los cuatro vientos y lo hace con mucho ruido porque descubrió además que hasta ahora se hacían los sordos.

Este gobierno actual, endeble por las circunstancias de su elección legislativa, cuestionado totalmente por pertenecer a la "clase política" que es repudiada en bloque, es un fusible entre la fuerza creciente del pueblo y las presiones con todas las formas de lobbies y aprietes oficiales y privadas de los banqueros y los jefes políticos de los países del G7, de la UE, Bush y el Departamento de Estado y los organismos "multilaterales de crédito". Sus titubeos muestran que oye y ve los ruidos de la calle. Su origen no le permite ponerse a la altura del pueblo, menos aún como sus representantes. Se da una curiosa forma de democracia directa en donde el pueblo al no tener sus propios representantes en las estructuras del gobierno, le dicta al gobierno lo que tiene que hacer.

El gobierno, caminando en una cuerda floja, no puede obviar los ruidos, las voces de la historia en las calles y las rutas de todo el país. Pero sus compromisos con el poder financiero son más fuertes hasta ahora. Por eso intentan acallar al pueblo atemorizando con violencia y metiendo provocadores como en el GRAN CACEROLAZO NACIONAL del 25 de enero. Lo nuevo es que queda cada vez más claro para el conjunto del pueblo que la sociedad se va escindiendo en dos campos, y a esos campos los separa la cuestión del poder para ejercer justicia, para crear una democracia nueva, para poder vivir con trabajo y con dignidad. En cada minuto en cada lugar desde el 19 de diciembre, están frente a frente, dos posturas antagónicas que se van delineando y que obliga a colocarse, indefectiblemente, o en el campo del pueblo o en el campo de la corrupción y del poder financiero.

El mundo entero está pendiente de esta pulseada histórica del siglo XXI. Porque Argentina es un eslabón clave en el poder financiero transnacional, en la globalización imperialista por el nivel de inversiones extranjeras actuales, pero además está mirada con avidez desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos porque temen que pueda ser un ejemplo para otros pueblos y además, por la avidez imperialista de avanzar en una loca carrera para apropiarse de manera absoluta de un espacio con escasa población y con excelentes recursos naturales y geopolíticos.

Los pueblos del mundo están pendientes de esta historia con final abierto, porque permite dar esperanzas a otros que están también sometidos a las mismas políticas y a los mismos discursos engañosos y están haciendo sus propios descubrimientos.

Tratan de paralizar los cacerolazos, tratan de meter al pueblo abajo de la alfombra, pero no cabe, ha crecido. Las denuncias de que iba a haber violencia en el Gran Cacerolazo Nacional; el bloqueo de la mitad de la Plaza de Mayo con fuerte vallado policial; las amenazas de represión que se lanzaron desde varios días antes; la falta de difusión del magnífico cacerolazo del día antes contra la Corte Suprema de (In)justicia) no hicieron mella en la voluntad de manifestar de todo el pueblo de la República. En cada ciudad miles de personas con sus propias banderas argentinas y pancartas, con todos sus reclamos, y todas sus ganas de que no los arrase la violencia del más despiadado capitalismo globalizado salieron a las calles. En Buenos Aires caminatas desde cada barrio, desde cada esquina, en grupos de vecinos conocidos en esta práctica colectiva para controlar la efectividad de los objetivos, marcharon kilómetros a pie hasta confluir en la plaza histórica de Mayo.

Como lo reconocen todos los medios periodísticos, la provocación vino de adentro de la Policía Federal, en un operativo de 2800 efectivos!! altamente pertrechados. ¿Por qué ese despliegue provocador cuando todo estaba en orden? Porque su objetivo no es evitar desmanes, su objetivo central es parar el avance del pueblo; atemorizar para evitar que se repita esta exposición pública mundial de fuerza social, un pueblo entero saliendo a decir ¡basta de esto! Y que aprende rápidamente de cada nueva avanzada callejera. El otro objetivo ha sido mostrar al FMI y a los poderosos que están capacitados y decididos para reprimir el pueblo y además necesitaron que sus fuerzas de "seguridad" hagan experiencia de lucha urbana contra el pueblo movilizado. Su objetivo es controlar y reprimir pero con las fuerzas de "seguridad" de policía, prefectura y gendarmería como forma de mantenerse "dentro de la ley"

Las batallas del siglo XXI. El proyecto del poder financiero cierra con represión. El proyecto del pueblo cierra con mas democracia Estas batallas son originales una especie de guerrilla urbana, colectiva y a la vista, cuyas armas son la caminata, la consigna que denuncia y propone con pancartas, con camisetas pintadas, con heterogéneos carteles caseros y diversas formas y aparatos para hacer ruido; batallas por el dominio del espacio geográfico, las calles, las plazas, las rutas, sin asentamiento permanente del territorio, en movimiento, sin caer en las provocaciones que montan desde los aparatos represivos; batallas que se ganan, para afuera, con el ruido y con la cantidad tan creciente de personas que ha llegado a producir un cambio cualitativo. Pero también se ganan adentro de cada uno de los participantes en la satisfacción de haber golpeado donde había que golpear, haber desnudado más entuertos de corrupción y estafa; haber hecho "escraches" frente a la casa de los políticos, jueces, sindicalistas corruptos; frente a los bancos y las empresas "privatizadas"; frente a Tribunales para que renuncie la Corte Suprema de Justicia; de haber encontrado más solidaridades y entusiasmo colectivo; de haber dado rienda suelta a la imaginación y a la creación individual y grupal. Por el otro campo el amedrentamiento, la fuerza policial, la brutalidad y la falta de respuesta a los reclamos. Una nueva forma de "autismo". Hasta ahora en cada una de estas batallas gana el pueblo en fuerza política y en organización.

Cuando los de arriba no pueden (seguir como hasta ahora) y los de abajo no quieren (seguir como hasta ahora). Esta pulseada avanza en fuerza. Les obstaculiza los planes al poder financiero y a quienes quieren representarlo. Ha dejado atrás a todas las estructuras partidarias y sindicales incluyendo las de izquierda. Ha abierto un nuevo carril de experiencias y solidaridades que avanzan hacia superiores formas de organización, obligando de hecho a todos los que quieren participar que modifiquen sus viejas formas de hacer política, que se adapten a estas nuevas formas de democracia directa, de transparencia que imponen respeto a todos pero confianza en la nueva construcción y defensa colectiva de lo que se va construyendo en cada asamblea local. "Los de arriba" todavía pueden pero temen, porque saben que caminan por una cornisa para mantener la "·gobernabilidad" que necesitan para el "orden" de ellos. "Los de abajo" también son conscientes de que se necesita la gobernabilidad, pero otro orden, no quieren éste y empiezan a proyectar un bosquejo de lo que quieren y de cómo lograrlo.

Este punto es la nueva tarea que empieza a aparecer aunque está brotando en todos los lugares al mismo tiempo formas de seguridad propias, programas para un nuevo gobierno, elecciones rotativas de los representantes de asambleas y coordinadores.

Otro salto significativo está por darse cuando colectivamente se pueda asimilar la importancia que tiene Argentina dentro de la globalización imperialista, las capacidades para desarrollar un proyecto propio de país que desde su estado soberano sea capaz de integrarse al mundo globalizado facilitando relaciones humanas entre los pueblos; revertir la imagen instalada en los medios de que Argentina es un país pobre, valorando la inmensa riqueza que acá se produce y que es saqueada por distintos mecanismos fraudulentos y leyes del estado del poder financiero. Está empezando a verse colectivamente que cuando el FMI dio "ayuda", "préstamos" (desde la dictadura militar, con la deuda externa, después con el Plan Brady, y con los sucesivos "canjes de deuda", "préstamos y blindajes"), nos puso salvavidas de plomo. Ya la bandera contra el FMI no es un consignismo de la izquierda. Ahora empieza a estar en las propuestas de cada una de las asambleas barriales.

El otro punto, la gran tarea es la cuestión de la herramienta organizativa necesaria para que el pueblo se constituya en fuerza política para ejercer el poder del estado, de un estado de nuevo tipo, acorde al nuevo bloque social en las circunstancias históricas actuales.

Todo esto está a punto de formar parte del bagaje colectivo, de la conciencia de todos los sectores sociales en juego. Eso permitiría sintetizar los reclamos sectoriales en un proyecto superior para el pueblo argentino donde cada uno descubriría que no puede conseguir lo que reclama si no se cambia el poder del estado de manos y por ende si no se van construyendo aparatos del estado acordes con los nuevos sectores sociales que tengan el poder a través de las formas más avanzadas de democracia popular.

En esta etapa, con este sector minúsculo y debilitado de la oligarquía financiera en el poder, y con un pueblo cada más vez amplio incorporando a diversos sectores sociales y más organizado en torno a que no quiere vivir más como hasta ahora, el carácter del cambio posible es alcanzar la democracia popular a través del poder del pueblo. Y eso significa un cambio de carácter revolucionario para avanzar en la senda de la justicia y el pleno ejercicio de los derechos humanos para todos. Como decíamos al principio, estamos recorriendo una historia con final abierto.... como todas las historias.

Buenos Aires, 27 de enero de 2002

Irma Antognazzi [email protected]
Grupo de Trabajo Hacer la Historia
Facultad de Humanidades y Artes
Universidad Nacional de Rosario
Argentina