Historia Inmediata


Crisis en Argentina


Apreciados señores:

A través de amigos comunes, he recibido un mail donde se realiza un análisis sobre las amenazas que entrañan para los intereses populares, los comunicadores de la antipolítica.

Concuerdo, casi en su totalidad, con lo allí expresado, pero quisiera hacer una reflexión sobre los
alcances de la consigna "¡Que se vayan todos!".

Ciertamente, en el plano racional, uno siente aversión por el significado aparente de esa consigna; aunque, a veces, en el plano emocional, se sienta tentado a identificarse con ella.

Objetivamente, no se puede desconocer que es una consigna anárquica, y, como tal, portadora de una
conciencia política regresiva.

Además, peca por ilógica, tanto como por injusta.

Pedir "que se vayan todos", implica pedirle  a los pocos que han resistido la corrupción, desde adentro
del sistema político, todos estos años,  que se vayan ellos también. 

Esto es tremendamente injusto para con aquellos que, con alto costo personal, han mantenido posiciones dignas, en medio de tantas defecciones y claudicaciones generalizadas.

Difícilmente podría establecerse cuál es la proporción de hombres dignos, dentro del número total de
dirigentes políticos, pero es seguro que existen; porque todos conocemos por lo menos alguno, en
distintos niveles y jerarquías.

Pero además de injusto, es absolutamente ilógico, en un proceso de cambio y oxigenación de la dirigencia, desprenderse de estos portadores de la memoria del sistema corrupto y la lucha contra él.
 
Sería algo equivalente a perder voluntariamente los anticuerpos contra alguna maligna enfermedad.
 
No obstante estas razones, con las cuales dejo aclarado que no participo "literalmente" de la premisa
anárquica "que se vayan todos", sin embargo, aún así, me siento obligado a rescatarla.
 
Cuando la gente grita "que se vayan todos", particularmente en la Argentina, está manifestando su
temor -fundado- a desilusionarse de este cambio inexorable que se avizora, emergente del agotamiento
del sistema de representación claudicante y corrupto.
 
Lo que la gente está gritando es que tantas veces se ilusionó y tantas veces le escamotearon la ilusión,
que no quiere volver a ser agente de cambios, que pueden no ser incruentos, para que -en realidad- poco
cambie y mucho vuelva a quedar como está.

Mucha gente se imagina a nuestros ladinos dirigentes políticos, merced a su capacidad para renegar
alegremente de su pasado, emboscados en las nuevas estructuras, "reapareciendo", con cara de distraídos, dando voces de censura a los exponentes de lo viejo y autopresentándose como los mejores referentes de lo nuevo.
 
Este temor, esta verdadera pesadilla que todos sufrimos, repito mi humilde opinión, totalmente
fundada; es lo que lleva a curarse en salud con la consigna ¡¡Que se vayan todos!!
 
Por lo tanto, creo que cabe adherir a ella, como bandera del cambio, aunque no en un sentido literal,
que, por lo demás, sospecho que es como la conciben la mayoría de los que la proclaman racionalmente.
 
Un saludo.
 
HUGO BIRITOS
Ingeniero en Electrónica
Profesor Titular en la Universidad de Mendoza - Argentina.
Miembro del INFOCAP (Instituto de Formación y
Capacitación de Dirigentes Sociales y Políticos)
 
 Aclaro que, aunque participo en otros foros con pseudónimos, en este caso se trata de mi verdadero
nombre y apellido, por lo que descuento -y ofrezco reciprocidad- un trato respetuoso y un manejo serio de la comunicación.

Un saludo.

HUGO BIRITOS