Historia Inmediata


Crisis en Argentina

 
Queridos amigos:

Les escribo con emoción y dolor. Dolor por los más de veinte muertos que han dejado las dos jornadas históricas que vivimos. Emoción y alegría porque el pueblo argentino ha demostrado que no ha renunciado a su dignidad; que harto de ser objeto de tantos despojos ha dicho basta y decidió poner fin a 25 años (¡un cuarto de siglo!) de experimentos neoliberales; que se propuso con éxito terminar con los políticos que han llevado al estado de pobreza y exclusión social a unos quince millones de compatriotas; desnacionalizado la economía; hipotecado el futuro de varias generaciones con una deuda externa de casi 150 mil millones de dólares; puesto en jaque a la salud, la educación y el sistema científico; instaurado la más descarada de las corrupciones, etc., etc...

Ayer se extendió como pólvora por todo el país algo que se venía anunciando hace meses y que sólo el gobierno no quería ver. Como en 1989, los más carenciados se concentraron frente a los hipermercados reclamando mercaderías y terminaron saqueando algunos de ellos y también muchos pequeños negocios. Por la noche, De la Rúa se dirigió al país en un corto discurso en el que acusaba a "bandas armadas" de lo que estaba sucediendo y anunciaba la declaración del estado de sitio. La respuesta popular fue instantánea: hasta en los barrios más ricos de la más rica de las ciudades argentinas, Buenos Aires, la gente salió a la calle para manifestar su indignación y pedir la renuncia del ministro de economía y del propio presidente. Insólitamente, una multitud se concentró en la madrugada en la Plaza de Mayo, frente a la casa de gobierno, expresando a viva voz su reclamo.

El gobierno concedió la renuncia del ministro, lo que alegró a la multitud que comenzó a desconcentrarse al amanecer. Pero hoy al mediodía la gente volvió, esta vez pidiendo la cabeza del presidente. La respuesta oficial fue una represión brutal, dirigida contra una pacífica concentración que sintetizaba la profunda unidad nacional que por la base se vino gestando de manera invisible. Viejos, jóvenes, desocupados, profesionales, obreros, pequeños empresarios, al grito de ¡Argentina, Argentina!, estaban hermanados por un programa elemental: fuera el gobierno títere de las finanzas internacionales y basta de neoliberalismo. Conservaré para siempre en la retina la imagen de un anciano enfrentando solo con su pecho y sus manos desnudas una carga de caballería... Gracias a él y a otros miles de hombres y mujeres he vuelto a creer en el futuro de mi país. Gracias a ellos se terminaron los dos años infames del gobierno de De la Rúa (no menos infames que los diez que padecimos de Menem) y mañana tendremos un nuevo gobierno, una nueva oportunidad.

Se que la cosa no será fácil. Que nuestra dirigencia política deja mucho que desear, pues fue en gran medida cómplice y beneficiara del régimen. Pero no es menos cierto que ahora tenemos un pueblo movilizado y alerta, conciente de su poder, que vigilará con celo al nuevo elenco gobernante. Queridos compañeros, los argentinos hemos recuperado el optimismo y quiero compartir con ustedes esta gran emoción. Un abrazo muy fuerte. Les deseo felices fiestas y un venturoso 2002.

Daniel Campi
Universidad Nacional de Tucuman
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