Historia Inmediata


Crisis en Argentina

 
La Rebelión que no fue derrotada

Tal vez estemos siendo protagonistas de una de las mayores rebeliones que los dominados y explotados hallan llevado adelante en la historia de la Argentina.

No hablamos sólo de números ni de cómo se dio en todo el país, sino de seres humanos que ganaron las calles y pelearon por lo que consideraban indispensable para seguir viviendo.

Una rebelión inmensa, impresionante, diferente, que surgió de abajo, que luchó por lo que se quería, que enfrentó las balas los gases y los palos, que no fue planeada desde arriba, que sacó a las calles tanto a los que fueron empujados desde hace años a la miseria más terrible como a los sectores medios que muerden bronca también desde hace años.

Una rebelión que se construyó en las calles con los que peleaban por comida y por las necesidades que le fueron creadas y no podían satisfacer, con los que asqueados de engaños y promesas que fueron a la calle para terminar con el gobierno. Que unió formas diferentes como los saqueos, los cacerolazos, y la lucha por la Plaza de Mayo.

Por eso saquearon. Por eso marcharon inesperadamente. Por eso ganaron la Plaza de Mayo. Por eso el gobierno tuvo que irse.

Casi 30 muertos, centenares de heridos, miles y miles de detenidos fue el saldo de una respuesta tan brutal que era tan impensada como la rebelión. Pero la represión no la detuvo. Solo la caída del gobierno y la comida obtenida han conseguido comenzar a comprimirla, porque con la misma velocidad que se expandió, se replegó.

Pero aún no fue derrotada y hacia allí se encaminan los intentos de la burguesía.

Subjetividad revolucionaria y rebelión

¿Cómo explicar que un "pueblo manso" se rebela?. ¿Cómo entenderlo sin dirigentes ni "programa"?. ¿Cómo explicar que en un momento los que nada tienen desde hace años hagan todo por tener?. ¿Cómo explicar tantas preguntas que pueden hacerse para quien intente comprender la magnitud impresionante de este proceso?. Seguramente abundarán explicaciones.

Puede explicarse desde la economía (las medidas de Cavallo provocaron más miseria) o desde la política (el peronismo impulsó todo desde abajo a través de sus punteros). Tal vez estas cuestiones contengan parte de lo que pasó... pero no lo explican y necesitamos entenderlo para poder actuar.

Necesitamos verlo como lo que es, un proceso social que en los últimos meses fue acelerándose a la vez que iba adquiriendo formas nuevas, como mostraron las huelgas docentes por fuera de toda institución sindical, los primeros piquetes que salieron de la gente y que fueron enchalecados por las instituciones y congresos "piqueteros", y las elecciones con la masividad del "voto Bronca" contra los políticos.

En este proceso social vienen convergiendo distintas clases y sectores, diferentes experiencias, tradiciones y necesidades, con límites que impiden su desarrollo, impregnado de miserias, de individualismo, de machismo...

Un proceso social que adquirió la velocidad de una explosión para hacerse rebelión de los pobres, de los marginados, de los desocupados, de sectores de los trabajadores, de las diferentes clases medias...

Una rebelión que se hizo y se dio por abajo; que mostró, así sea mínimamente, la existencia de la subjetividad revolucionaria de la humanidad en la capacidad y la fuerza que ésta libera cuando existen objetivos reales, sin importar que antes nunca hallan podido cumplirse; que hace posible la acción en común sin antes haberse sentado a planificar acciones, porque esa subjetividad, aun apropiada por la burguesía, es social.

Una rebelión en la que también pueden verse claramente sus límites en la conciencia, los que no le permiten ir más allá de la comida o del gobierno, del repudio a estos políticos y a estos sindicalistas. Los que no nos permite ver con claridad que para "poder vivir" es necesario terminar de una vez, y para siempre, con toda forma de opresión y explotación. Que es necesario construir desde abajo una sociedad distinta. Que hacerlo implica una revolución... no para el mañana sino para el presente.

La rebelión desde la rebelión (ni adentro ni afuera)

Nuestro punto de vista no puede estar por fuera del proceso, porque fuimos, porque somos parte de él. Por eso tenemos que comprender la rebelión desde ella misma y no desde dentro ni desde fuera de ella.

Hacerlo desde esas calles urgentes de lucha y faltos de aire por los gases "federales" en los accesos a Plaza de Mayo, o desde los suburbios del conurbano abriendo cortinas, saltando changuitos, atropellando góndolas con desesperación, tropezando gente con gentes y con productos destrozados por pisadas, oliendo gases de provincia.

No era nada más que la aparente espontaneidad de la gente. Era la policía tirando caballos y gases a mansalva. Era la gente devolviendo esos gases, con los mismos gases o con piedras. O corriendo para volver a la Plaza y volver a correr. Y humo de cubiertas intentando apaciguar el llanto forzado por ojos que se triplicaban de hinchados. Y era la dispersión como repliegue. Y era ese eterno retorno por la cabeza de De la Rúa.

Nuestro punto de vista pretende ser el de esa subjetividad expresada en la calle, aún sin programa, sin haberlo organizado previamente. Donde unos conseguían elementos para encender los fuegos. Otros que conseguían trapos para taparse de los gases. Otros agua desde lo edificios. Otros decían volver. Otros decían replegarse. Otros ahí vienen. Otros vamos. Donde los momentos y las gentes se cambiaban de espacio, y unos se hacían otros.

Una misma rebelión con formas diferentes, porque entre las góndolas caídas y las vallas volteadas; entre los saqueos, el cacerolazo y la lucha por la Plaza, hay diferencias que queremos ver desde ellas...

Es que en la rebelión para poder vivir convivían dos aparentes necesidades diferentes, la de los saqueadores por la necesidad inmediata, y la de la inmediata necesidad de caída de De la Rua, buscando otra salida que en la calle se mostraba desde los insultos a todos los políticos y sindicalistas, hasta los que coreaban a Bin Laden. Entre la subsistencia y el intento de comenzar a pensar una idea de resistencia, una búsqueda de encontrar formas de concebirla. Una idea que no está construida.

Y los límites en la idea son también los límites de la acción, por eso la rebelión tiene los límites de su conciencia.

Aunque las calles estén casi vacías la rebelión no ha sido aún derrotada sino comprimida, porque no sólo consiguió sacar un gobierno sin esperar las democráticas elecciones sino que desafió la ley, las fuerzas represivas, la constitución, la lógica institucional, la sacrosanta propiedad privada, sino que también sabe que fue capaz de hacerlo sin sindicatos, sin partidos políticos (ni de derecha, ni de centro, ni de izquierda), sin iglesias ni dirigentes mesiánicos.

Ricardo Lannutti,
UNLu,
Argentina
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