Historia Inmediata


Crisis en Argentina

 
Leída atentamente la opinión de la profesora Hilda Agostino de la Universidad de la La Matanza que comparto absolutamente (es historia de primerísima mano como testigo presencial que es de los hechos del 25 de mayo y sus posibles implicancias en y desde el ánimo de la gente común) deseo sumar algunas reflexiones personales fruto de la observación de estos días.

El llamado 'Estilo K' creo que ha logrado, si no comenzar una huella en el andar político nacional, al menos llamar la atención. Los que somos argentinos hemos vivido una aceleración de los tiempos políticos que no tiene precedente al menos en las últimas décadas de nuestra historia en lo que hace a cambios estructurales. Aquí no evalúo uno por uno cada uno de esos cambios, cosa que se puede juzgar positiva o negativamente en la metodología de su realización. Pero es innegable que la idea de 'un día, un anuncio' ha provocado un cambio de humor en la gente común y una sensación de que algo se mueve que no vivíamos hace mucho tiempo.


Esta aceleración de los tiempos hace, a mi juicio, que los sucesos del 19-20 de diciembre aparezcan, en el tiempo biológico de las personas, como muy anteriores a los tiempos reales, manteniendo la sensación de que aquella pueblada (me refiero a la noche del 19) ha calado hondo en la reforma del espíritu nacional. Frases como: 'qué bueno es dar buenas noticias' (De la Rúa), 'el riesgo país llega a...x puntos' y hasta el histórico 'el nene que va a venir vendrá con un pan bajo el brazo y la banda presidencial' (Menem) suenan a historia antigua. Gracias a Dios no lo es el espíritu nacional que lenta pero persistentemente va generando una nueva conciencia ciudadana que no soñábamos antes de 2001.


Veo en este proceso histórico pros y contras. Por un lado es positivo que luego de muchos años de inmovilismo político, de corrupción estructural,  de políticas clientelistas y de relaciones exteriores incorrectas la idea de 'un día, un anuncio' genere una movilización de pensamiento y de expectativa en la ciudadanía. Si a esto sumamos la actitud presidencial de romper con todos los protocolos y de buscar un acercamiento a la gente (aun siendo un posible golpe de imagen), estamos ante la posibilidad de inferir un crecimiento en la figura presidencial y en el reconocimiento de la autoridad de los gobernantes, al menos formalmente hablando (el reconocimiento real demorará creo décadas aún)


Dos posibles peligros, sin embargo, de esta actitud conviene hacer notar: en primer término, la posibilidad de aparición de desprolijidades a la hora de resolver algunas cuestiones de fondo por el deseo de presteza en la obtención de resultados; esto se observó, por ejemplo, en la argumentación del juicio político al Juez Nazareno contra quien se argumentó en contra a partir de sus propios fallos (aunque nadie creo que discute hoy la ilegitimidad de esta Corte Suprema como autoridad de la vida nacional). En segundo término, otro posible peligro es el de generar una expectativa demasiado elevada sobre los cambios estructurales en el porvenir inmediato: con respecto a esto considero que tomará décadas, como en todo cambio de fondo, la superación de un montón de vicios que como nación tenemos tanto a nivel de estructura digerencial como de la ciudadanía misma.


Coincido, no obstante, como apreciación final con la profesora Agostino: el cambio se siente en el aire y en el humor ciudadano. Si bien es inicial aun, puede llegar a hacer de bisagra entre un período de adolescencia de la democracia a uno mucho más fructífero y esperanzador.


JORGE LESTANI
Estudiante Licenciatura en Teología con especialización en Historia de la Iglesia
Universidad Católica Argentina
Buenos Aires