Historia Inmediata


Crisis en Argentina


Una respuesta para Enrique Pereyra

Coincido con Pereyra en algunas cuestiones; por ejemplo, la comparación entre Menem y Alfonsín es al menos en parte injusta. También coincido en que De la rúa es un traidor.

Pero considero que hay que ver las cosas desde ópticas menos partidarias y lo digo yo que, siendo afiliado al Frente Grande en Chubut, Patagonia Argentina, estoy tan descontento de mi partido como muchos radicales del propio.

Alfonsín es un político de la burguesía argentina, en algunos aspectos, progresista, en otros, como todo político de la burguesía, a medias tintas. Recordemos que arrancó con la lucha por los derechos humanos y terminó con todo su partido a cuestas de la Ley de Obediencia Debida y la del Punto Final, verdaderas traiciones al esp´´iritu de su propia campaña y del sentir de las mayorías; otra la deuda eterna debía ser revisada y no se pagaría con el hambre del pueblo; debía en todo caso, pagarse la legítima. Y? No pudo contra los poderes económicos, sencillamente porque no confió en el pueblo. Finalmente esos mismos poderes junto con Menem, lo voltearon, porque sus planes económicos siempre estuvieron a mitad de camino.

En 1994 organizó el Pacto de Olivos, verdadero mamarracho político, pidiendo un tercer senador, seguramente radical en provincias peronistas, a cambio de la reelección de Menem.

En 2000 y 2001 no sacó los pies del plato y volvió a quedar a mitad de camino, entre De la Rúa y la gente, es decir, el pueblo; en dos años no llegó a criticar tan pesadamente a su presidente que los cacerolazos le ganaron de mano; ni siquiera encabeza hoy públicamente una movilización pro renuncia del traidor por lo menos por las muertes que causó la represión dirigida por él o por sus secuaces Mathov y Santos. Al contrario, calla.

Y en el 2002 pergueñó el Pacto de Olivos II para que Duhalde llegue a la presidencia, a cambio de un bochornoso apoyo a todas las medidas económicas y políticas, entre las, cuales se ve venir una reforma que dejaría menos cargos legislativos (a caballo de las protestas populares contra los políticos), es decir, radicales y peronistas.

Al fin y al cabo, los gobiernos radicales, tan democráticos y formales, no llegan a cumplir sus mandatos y terminan avasallando los derechos que ellos mismos dicen defender Irigoyen y "La Semana Trágica" y las Huelgas Patagónicas, Alvear y su caradurismo oligárquico antipopular, Illia y su antiobrerismo y anticomunismo no expresos, Alfonsín y el perdón a los genocidas y De la Rúa, neoliberalismo, traición, represión y 30 muertos.

Con afecto.

Jorge Oriola
profesor de Historia
Patagonia
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