Historia Inmediata


Denuncias Académicas


LA CRISIS DE LA UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO

Una opinión desde la Academia

 Nuevamente la Universidad del Atlántico se encuentra "tomada" por parte de los jubilados de esta institución, quienes reiteradamente acuden a este desgastado mecanismo que en nada los beneficia. Hasta este momento y luego de no se sabe ya cuantas "tomas" que impiden una y otra vez el normal desempeño de las labores académicas en la institución, no han logrado soluciones efectivas al problema de la falta de pagos. Ocasionando si, un gran perjuicio a toda una población de jóvenes universitarios a quienes con estos cierres se nos vulnera el derecho a la educación por lo que vemos como cada día se aleja más la posibilidad de alcanzar la meta de nuestra formación profesional. Simultáneamente, las "tomas" y "retomas" impiden el normal desarrollo institucional, y por consiguiente, si él no se lleva a cabo, el cuestionamiento a sus directivas desde el estamento que sea: estudiantes, profesores, empleados, trabajadores, hasta de los mismo pensionados.

La protesta de los jubilados de la Universidad del Atlántico es más que justa, eso no se discute, ya que les adeudan varios mesadas, las que hoy llegan a cifras impagables, con, además, la ausencia de una voluntad política por parte del Departamento y la Nación para solucionar la situación. Sin embargo el procedimiento de que se valen los jubilados para presionar la resolución de su problemática ha terminado agravando la ya vieja crisis de la Universidad, con sus acciones solo la colocan en una situación que podría llevar a una intervención y al cierre indefinido por parte del Gobierno Nacional.

Es urgente que los señores jubilados replanteen los medios que han venido utilizando para protestar. Mecanismos que resultan totalmente contradictorios, pues por un lado ellos manejan un discurso de defensa de la Educación Superior Publica, el cual sintetizan en una pancarta enarbolada en la fachada de la institución que dice "No al cierre y privatización de la Universidad", cuando en la practica son ellos los que de hecho la tienen cerrada impidiendo el ingreso de estudiantes y profesores, quienes expatriados nos hemos visto en la penosa circunstancia de recibir clases en parques, esquinas, templos, garajes o cualquier otro lugar para poder continuar nuestro semestre académico.

El problema de los jubilados, como otros más de fondo, tiene su origen no solo en la falta de recursos financieros para cubrir estas obligaciones sino también en la forma como ha sido conducida una Universidad que parece no tener dolientes. Ciertamente, en este centro de educación superior se impusieron de vieja data prácticas administrativa y de dirección que privilegiaron los intereses particulares, dejando de lado lo publico, es decir, el interés colectivo y social que debe caracterizar las instituciones oficiales de educación superior, las cuales tienen el compromiso de lograr una formación académica de alto nivel, así como construir saberes y generar nuevos conocimientos que posibiliten el desarrollo social, económico, político y científico de la región.

Una prueba de estas prácticas en las cuales los intereses particulares primaron sobre lo institucional y el beneficio colectivo, es la forma en que se estableció el sistema de jubilaciones de docentes y trabajadores de la Universidad del Atlántico, quienes gracias a una convención laboral la cual fue firmada sin antes dimensionar los alcances y perjuicios que al paso del tiempo podría generar contra la siempre precaria estabilidad financiera de la institución educativa se han venido pensionando con un promedio muy bajo tanto de edad como de años de servicio. Situación que llevo a que no solo se comprometieran los escasos recursos financieros de la Universidad sino que perdiera un recurso humano con alguna capacidad intelectual formado por la institución. En efecto, los estudiantes sabemos que un docente cuando alcanza la madurez y la experiencia de sus saberes acumulados es cuando apenas comienza a dar lo mejor de sí como maestro y por lo tanto representa el mayor capital con el cual cuenta la Universidad y la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, los docentes que al jubilarse relativamente jóvenes evadieron la responsabilidad con la universidad pública, prestan hoy sus servicios a muchas universidades privadas, lo cual no deja de ser una paradoja que se repite en muchos aspectos de la vida nacional: Estado y sociedad invierten en recursos humanos, académicos, tecnológicos e infraestructura que luego es cedida al sector privado que en la práctica, y sin mayores riesgos de inversión, es quien obtiene los grandes benéficos de este capital social.

El problema de los jubilados es solo la punta del iceberg de una crisis estructural a la cual no se le ha sabido, como a todas las crisis, sacar provecho para generar un proceso de cambio y transformación institucional que permita a la Universidad volver ha convertirse en la principal institución de educación superior de la región Caribe, tal como lo soñó su fundador el intelectual y filosofo Julio Enrique Blanco.

En efecto, la universidad, que ya ha sido sobre diagnosticada por instituciones como la Universidad Nacional de Colombia y Fundesarrollo, entre otras, requiere urgentemente replantearse como institución oficial de educación superior, para salir adelante con un verdadero proyecto académico que la convierta en un espacio no solo de formación profesional sino de construcción de saberes, generación de conocimientos científicos y desarrollo tecnológico a muy alto nivel.

Pero para que ello se pueda dar de buena manera es necesario el concurso colectivo, la disposición al trabajo mancomunado por parte de las muchas mentes inteligentes y capaces que hay en su interior. Es necesario superar la inmediatez y el pasado y pensar la Universidad a largo plazo, con lo que se podría consolidar un plan estratégico de fortalecimiento institucional, académico y científico que supere los voluntarismos y los particularismos que han impedido cumplir su verdadera misión llevándola a perder su perspectiva de Centro de Educación Superior de carácter publico.

En la Universidad no se puede seguir improvisando sin tener claro que las acciones o los procesos que se emprendan deben obedecer a las necesidades más sentidas de la institución, No se pueden volver a cometer errores como es el ejemplo de la construcción de un polideportivo de carácter "faraónico", el cual no obedecía a las urgencias académicas del Alma Mater, como lo demuestra el hecho de que hoy este complejo deportivo esta subutilizado, cuando lo que requería la comunidad uniatlanticense era que se construyera y se le dotara de una gran biblioteca moderna capaz de dinamizar lo académico, el saber y la ciencia.

En este momento de autocritica es urgente que en la Universidad del Atlántico se recupere el sentido de lo publico y se acaben los manejos personalistas que caracterizan a algunos miembros de sus estamentos, proceso al cual contribuyeron tanto políticos bipartidistas como la vieja izquierda anquilosada y coadnistradora de la institución Esta última, al igual que los otros sectores políticos, también participo en el despilfarro, la corrupción y el desinterés por lo académico, como lo demuestra el hecho de que sus miembros terminaron privilegiando el interés personalista, estomacal y burócrata que las ideas de cambio que decían profesar en la década de los 60 y 70, por lo que se convirtieron en los que algunos han denominado "la generación perdida", la cual muy poco, por no decir nada, aporto a la Universidad como espacio de saber y ciencia.

Lo académico, el saber y la ciencia debe primar en la dirección y administración de la Universidad del Atlántico, lo que significa, tal como lo anoto el estudio de la Universidad Nacional, que es urgente reinvertir los valores y formar un nuevo imaginario en los funcionarios y personal administrativo quienes han olvidado que su labor es serviemocráticas que a la larga terminaban reproduciendo los mecanismos más perversos de la politiquería y el clientelismo de que hace "gala" el sistema político colombiano. Esta supuesta legitimación de un poder basado en los estudiantes termino convirtiendo a rectores, vicerrectores, decanos y jefes de departamento en una especie de "reyezuelos" y "príncipes" que en la práctica atentaron contra el interés colectivo y llevaron a la institución a la situación tan lamentable en que hoy se encuentra.

Para recuperase de la crisis la Universidad debe convertirse en un ente que además de formar profesionales desarrolle programas de impacto en la ciudad y la región. Hay que impulsar la venta de servicios que le permitan coadyuvar a superar la crisis financiera, es decir, debe tenerse claro que ella produce un conocimiento y una tecnología que el mercado requiere en distintos niveles. La universidad debe vincularse mucho más con el sector productivo, al de bienes y servicios, lo cual además de posicionar adecuadamente a sus profesores, investigadores, estudiantes y egresados posibilite la generación de muy buenos recursos económicos que deberán ser invertidos exclusivamente en infraestructura y dotación de laboratorios, centros de informática y bibliotecas que tanto necesitamos los estudiantes y no en el pago de una burocracia que deja mucho que desear desde el punto de vista de su gestión y desempeño.

La Universidad debe replantear y efectuar un cambio radical de su estructura administrativa y académica. Solo si se da este paso se lograra recuperar la eficiencia y la calidad de los procesos que allí se llevan a cabo, los cuales actualmente se ejecutan sin la menor racionalidad que debe caracterizar la gestión de un ente de educación superior.

Es urgente racionalizar las vicerrectoras, decanaturas y demás unidades académicas y administrativa, muchas de las cuales no han servido sino para que los funcionarios que a lo largo de las dos últimas décadas han desempeñado estos cargos se apertrechen en el poder como si este fuera su condición personal. Es hora que se despojen de las imposturas intelectuales a través de las cuales algunos eternos directivos universitarios quieren proyectar una imagen de consagrados académicos e investigadores, cuando en la práctica y a pesar de su larga permanencia en los cargos no han sido capaces de liderar procesos de innovación y transformación que permitan a la Universidad contar con un proyecto de formación académica de cara a las necesidades regionales.

l pago de una burocracia que deja mucho que desear desde el punto de vista de su gestión y desempeño.

La Universidad debe replantear y efectuar un cambio radical de su estructura administrativa y académica. Solo si se da este paso se lograra recuperar la eficiencia y la calidad de los procesos que allí se llevan a cabo, los cuales actualmente se ejecutan sin la menor racionalidad que debe caracterizar la gestión de un ente de educación superior.

Es urgente racionalizar las vicerrectoras, decanaturas y demás unidades académicas y administrativa, muchas de las cuales no han servido sino para que los funcionarios que a lo largo de las dos últimas décadas han desempeñado estos cargos se apertrechen en el poder como si este fuera su condición personal. Es hora que se despojen de las imposturas intelectuales a través de las cuales algunos eternos directivos universitarios quieren proyectar una imagen de consagrados académicos e investigadores, cuando en la práctica y a pesar de su larga permanencia en los cargos no han sido capaces de liderar procesos de innovación y transformación que permitan a la Universidad contar con un proyecto de formación académica de cara a las necesidades regionales.

Es necesario, tal como la afirma el estudio de la Universidad Nacional, que las nuevas unidades académicas, que resulten de una reforma que no puede seguir aplazándose, se piensen como espacios de conducción y liderazgo de procesos de formación universitaria y no como simples oficinas tramitadoras y de bajo perfil que a la larga, tal como ocurre actualmente, obstaculizan el eficaz desarrollo de una institución que es hora que entendamos que no nos pertenece solo a quienes allí laboran o estudian sino al conjunto de la sociedad, ante la cual en definitiva es a quien le debemos responder.

En este proceso de cambio que debe emprender la universidad para sacarla de su "crisis endémica" los profesores deben jugar un papel de primer orden en la escena académica, pues es hora de que asuman un mayor compromiso con la institución a la que se deben profesional, salarial y humanamente. Es hora de que sean autocríticos y asuman la responsabilidad que a todos no cabe por la situación actual, es el momento de potenciar la crisis y superarla. Por ello los docentes deben dar lo mejor de su capacidad e inteligencia. Es hora de que estos entiendan que un profesor universitario no pude seguir siendo un mero transmisor de conocimientos enciclopedistas o un dictador de clases magistrales, es necesario que cambien y transiten hacia un docente integral, capaz de construir saberes a partir del desarrollo de proyectos de investigación en los que se aborden problemas claves de nuestra realidad, con ello se garantizan nuevas posibilidades científicas y tecnológicas a una región que las requiere con suma urgencia para poder recuperar el tiempo perdido y los años de olvido y dejar de estar a la saga del desarrollo nacional.

Los profesores de la Universidad del Atlántico deben superar el discurso etéreo y la sempiterna cháchara para ponerse la camiseta de la institución, defenderla con su intelecto y asumir un liderazgo académico real para que esta no continué siendo presa de intereses politiqueros y particularistas, que son los que de hecho la han llevado a la privatización en el más perverso sentido de la palabra.

Si no surge una voluntad de cambio al interior de la universidad en que se involucren todos sus estamentos, si no superamos "la cultura del nomeimportismo" que se ha impuesto en la vida universitaria, si no se define un proyecto académico, educativo y científico de gran impacto social, si no hay un mayor compromiso económico por parte del Departamento y la Nación, estaremos avocados ya no a tomas y retomas por parte de los jubilados sino a un cierre indefinido que a la larga perjudicara a toda la comunidad universitaria y privara a la sociedad de un espacio para la formación idónea de miles de jóvenes que encontramos en ella, además de un lugar para su nuestra formación profesional y académica, la única posibilidad de retar y ganarle al olvido estatal y a las condiciones de miseria y atraso en que nos debatimos la mayor parte de quienes habitamos la región Caribe Colombiana. 

Colectivo Académico Armando Dugand Gnecco.