Historia Inmediata


Denuncias Académicas


Querido Carlos

He estado siguiendo con atención tus aportes en el Primer Seminario de HaD por videoconferencia entre ustedes y el Instituto Tecnológico de Monterrey. Me ha gratificado, una vez más, la comprobación de que no estoy sola en lo que entiendo debe ser una correcta visión de la historia y nuestra función como docentes de la misma

.Aunque todos tus planteos son interesantes, rescato algunos para reflexionar con mayor énfasis sobre ellos. Decías en la videoconferencia

"Tenemos todavía pendiente la asignatura de actualizar nuestro concepto de ciencia en su aplicación a la disciplina de la historia. Hace mucho que para un físico, un químico o un biólogo, ciencia no es sinónimo de verdad absoluta. Desde hace un siglo sabemos que el sujeto cognoscente influye en su objeto principio de incertidumbre de Heisenberg. Sin embargo, el positivismo historiográfico no sólo ha sobrevivido en nuestro seno, sino que se ha reforzado últimamente. Por eso hay que seguir defendiendo y ejerciendo como docentes una historia científica condicionada por el sujeto cognoscente, sus circunstancias y su tiempo, sin caer por suopuesto en un relativismo extremo."

En otro momento de tu exposición "Decía antes que en el siglo XXI se entiende el tiempo histórico como un continuo pasado-presente-futuro. Lo nuevo hoy es que el presente aparece como un nuevo objeto de investigación histórica, que llamamos Historia Inmediata en HaD, y otros han denominado Historia del Tiempo Presente, Historia Actual o Historia Reciente. Se trata de una contribución imprescindible desde la historia para entender el mundo actual y de una ampliación clave hasta el momento actual del ámbito cronológico de nuestras investigaciones. Como profesores es esencial la Historia Inmediata explicar a los alumnos lo que pasa a su alrededor desde un punto de vista histórico."

Lamentablemente, en nuestra Universidad, estas ideas no son compartidas por muchos colegas docentes y ni siquiera son objeto de debate. Al respecto transcribo parte de una nota que enviara en agosto pasado a la Dirección del Departamento de Humanidades de mi Universidad, que todavía no mereció respuesta alguna.

"Me dirijo a Ud. y por su intermedio a los miembros del Consejo Departamental con el objeto de plantear una circunstancia que creo relevante para una de las principales funciones de nuestro Departamento, cual es la de formar graduados en las Ciencias Sociales que puedan exhibir una sólida preparación académica, tengan un espíritu amplio y sean útiles a la sociedad que costeó sus estudios.

Para ello, estimo necesario que quienes cumplimos tareas docentes en el Departamento tengamos ideas y objetivos muy claros, y en este sentido, nada mejor que reflexionar en forma constante y permanente sobre la forma en que transmitimos nuestros conocimientos en los cursos de los que somos responsables.

La presente elevación está motivada por mi continua preocupación en el aspecto señalado, pero que se ha visto potenciada por un hecho acaecido recientemente.

Hace unos días, me presenté a un concurso para cubrir interinamente un cargo de Profesor Adjunto en la asignatura "Introducción a las Ciencias Políticas". Por decisión del Jurado, integrado por los colegas Prof. Alberto David Leiva, Dra. Mabel N. Cernadas y Lic. Ana María Cignetti, la selección de los candidatos se hizo previa exposición oral y entrevista con los mismos.

Al emitir su dictamen en este aspecto, el Jurado, con la firma de sus tres integrantes, puntualizó, al referirse a mi actuación, lo que transcribo a continuación

"Lic. Nora Zunilda Avale Expuso durante 30 minutos, desarrollando una clase tradicional y valiéndose de pizarrón. Utilizó un lenguaje coloquial, haciendo gala de gran capacidad de comunicación, aunque con reiterado uso de expresiones dubitativas, tales como "creo", "me parece", expresando varias veces su preocupación por abordar el análisis de la "realidad actual" por sobre lo puramente histórico. Su exposición se calificó con seis puntos. Presentó propuesta de programa constituído por cinco unidades y bibliografía, el cual no responde en su totalidad a los contenidos mínimos fijados para la materia. El programa no explicita los objetivos, interrogada sobre ellos, esbozó un plan en la misma entrevista, entresacando para esto frases del programa. En la bibliografía acompañada omite indicación de lugar y fecha de edición de las obras que recomienda."

Paso en principio por alto la aparente descalificación de lo que se supone es "una clase tradicional". Me preocupa que se cuestione una actitud dubitativa, ejemplificada por frases como "creo" y "me parece". Aparentemente, los colegas hubiesen preferido una exposición llena de certezas, de definiciones dogmáticas, no dubitativas, no cuestionadoras. Soy estudiosa desde hace mucho de las Ciencias Sociales y Profesora de una asignatura introductoria en este campo para los alumnos de la carrera de Abogacía. Y debo manifestar que en este sentido existe un consenso muy generalizado actualmente acerca de la inconveniencia, imposibilidad y aún inutilidad de pensar en términos dogmáticos en un terreno en el que no caben "verdades reveladas", como si fueran dogmas religiosos.

No soy la única que duda frente a problemáticas sociales, como son las cuestiones referidas a las teorías políticas. Es más, entiendo que todos los docentes deberíamos adoptar una actitud de mayor humildad ante la complejidad de los fenómenos sociales. A mi entender, a esta altura del desarrollo del conocimiento de las ciencias sociales, una postura dogmática, además de desactualizada, parecería temeraria. No cuestiono en este aspecto posiciones personales. Cada cual es dueño de pensar como lo crea más conveniente. Sí entiendo que puede ser peligroso impartir una formación con esas características a jóvenes que todos quisiéramos tengan un espíritu amplio.

Otro aspecto cuestionado de mi actuación en la clase pública es "expresando varias veces su preocupación por abordar el análisis de la "realidad actual" por sobre lo puramente histórico". Debo confesar que en este momento me preocupa seriamente que mis colegas, responsables de la orientación de la enseñanza en sus asignaturas, hagan esta dicotomía entre "la realidad actual" y "lo puramente histórico". ¿Qué es lo puramente histórico? ¿Qué es la historia? ¿Por qué y para qué estudiamos la historia?

Pero además, y por otra parte, la asignatura concursada no era Historia sino Ciencia Política. Y si la Ciencia Política que enseñamos en nuestras aulas no sirve para comprender la situación actual y tratar de superarla, ¿para qué sirve? ¿O queremos formar intelectuales divorciados de la realidad social en la que les toca vivir? ¿Los queremos actores o contemplativos?

Siguiendo con las reflexiones que me surgen a raíz del dictamen cuestionado, me preocupa el escaso buen criterio demostrado por los miembros del Jurado, y que de este modo puedan ser seleccionados docentes en nuestro Departamento. En efecto, al enterarme de la composición del Jurado ante el cual me presentaba, no pensé en hacer observaciones al mismo, aunque ninguno hasta donde me consta al menos ha dictado cursos que versaran sobre la disciplina objeto del concurso, porque estaba convencida de que su experiencia docente les habría posibilitado adquirir criterio para juzgar adecuadamente capacidades en disciplinas similares a las que ellos estudian.

Grande fue por ello mi sorpresa cuando vi que se trató de menospreciar lo que entienden como "una clase tradicional". La mayor parte de nuestros docentes actúan en clase valiéndose del pizarrón solamente, porque no todas las aulas cuentan con proyectores. Y es mucho más difícil dar una buena clase en estas condiciones. Eso lo sabe cualquier docente. Deberíamos estimular y valorar la capacidad de docentes que, sólo con tiza y pizarrón, o aún a oscuras, fueran capaces de mantener el interés de sus alumnos. Para eso hay que tener gran capacidad de comunicación, que por suerte estos colegas me reconocen.

En este mismo orden de cosas, si pese a no presentar objetivos por escrito fui capaz de "esbozar un plan en la misma entrevista", es porque conozco la disciplina de las ciencias políticas, como queda demostrado en mis antecedentes, que no fueron evaluados sino meramente enumerados por el Jurado. Y, obviamente, al esbozar el plan no pude menos que "entresacar frases del programa". ¿O los objetivos debían estar divorciados del programa?

Un Jurado capaz e inteligente hubiese hecho una evaluación sobre la pertinencia o no de la bibliografía que presenté, y ni siquiera se hubiese detenido en el aspecto formal de que "en la bibliografía acompañada omite indicación de lugar y fecha de edición de las obras que recomienda". Lo cual, además de no ser cierto para toda la bibliografía escogida y presentada, revela el poco conocimiento y criterio de los colegas cuando opinan sobre ese tema académico. ¿Será la forma más importante que la sustancia? Es ése el espíritu en el que formamos a nuestros alumnos?

Por último, y quizás más grave que todo lo anterior, el posible aspecto discriminatorio ideológico. Durante la entrevista, manifesté que, dentro de los regímenes autoritarios, en la asignatura trataría también a los latinoamericanos, generados en la conocida como "doctrina de la seguridad nacional". Y obviamente, entre ellos, el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Ante esta aseveración mía, el prof. Leiva me respondió que "eso pasó hace mucho", refiriéndose al Proceso.

¿Cómo se entiende esta actitud? ¿No se me reprocha el hecho de querer abordar el análisis de la "realidad actual", por sobre el hecho histórico? Si el Proceso ocurrió hace mucho, pasaría a ser "algo histórico". ¿O es que hay circunstancias que deben ser silenciadas en nuestras aulas? Creo que el Proceso fue un hecho muy doloroso en nuestra historia nacional. Tratarlo, estudiarlo, analizarlo a la luz justamente de la Ciencia Política, podría ayudar a que fuera realmente verdad el "Nunca más!". Silenciarlo, en cambio, puede ser sumamente peligroso para las nuevas generaciones, que son los alumnos confiados a nuestra responsabilidad de docentes.

Y al tratarlo, y pese a mis convicciones más íntimas, les diría a mis alumnos que "creo" que fue un régimen nefasto, que "me parece" que no se ajustó a derecho de gentes alguno, y quizás pareceré dubitativa. Es que pienso que mis alumnos deberán llegar a esas conclusiones por su propio razonamiento y sentimientos, y no porque yo les inculque esa verdad. Quisiera poder colaborar como docente para que los alumnos de los cursos bajo mi responsabilidad pertenecieran a la primera clase de las que distingue Maquiavelo en el Capítulo XXII de su obra El Príncipe

"Hay tres clases de cerebros los que disciernen por sí mismos, los que entienden lo que otros disciernen, y los que no disciernen ni entienden lo que disciernen los otros".

Creo que así se hace docencia. Me gustaría que así se hiciera en el Departamento de Humanidades de nuestra Casa . Por esto creo también necesario un debate sobre los temas planteados, para lo cual lo que ocurrió en el concurso al que me presenté es solamente un punto de partida.

Agradezco la atención que estas reflexiones mías le merezcan y aprovecho la oportunidad para saludar a Ud. y a los miembros del Consejo Departamental de Humanidades con toda cordialidad."

Como ves, Carlos, no todos comparten tus inquietudes, expresadas en esa videoconferencia, ya citadas, a las que cabe agregar "¿Cuál es la misión de la Universidad? Toda ciencia debe demostrar su utilidad social y cultural. No podemos compartir lo que se dijo durante mucho tiempo de una historia que tenía una función puramente erudita, ajena al tiempo que le tocaba vivir."

En mi Universidad este debate todavía no se ha dado. Y es probable que lo mismo suceda en muchas de nuestras Casas de Estudio a lo largo y ancho de la América Latina. Por eso lo pogo a consideración de los colegas vinculados mediante esta fabulosa red que te debemos.

Un cordial abrazo.

Nora Z. Avale
Licenciada y Profesora de Historia
Universidad Nacional del Sur - Bahía Blanca - R. Argentina