Historia Inmediata


Diccionario biográfico español


Colegas y amigos de Historia a Debate En relación con la polémica surgida en torno al Diccionario Biográfico elaborado por la Real Academia de la Historia remito un breve comentario mío por si os parece de interés difundirlo. El texto está publicado en la revista hika nº 223 (junio-julio 2011), que apareció el pasado mes de septiembre.

Un cordial saludo

Antonio Duplá

Antonio Duplá Ansuategui
Dpto. de Estudios Clásicos
Facultad de Letras

Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea 

Desatinos anacrónicos la Real Academia de la Historia y el franquismo La Real Academia de la Historia es una institución creada en 1738. Estas instituciones públicas y otras, como Academias de la Lengua, Museos y Bibiotecas Nacionales, pretendían contribuir a la educación y regeneración de una nueva ciudadanía en una perspectiva generalmente centralizadora y uniformizadora. La Academia de la Historia se proponía la elaboración de historias nacionales, como otro elemento más de cohesión política y social. La Academia recibe subvenciones del Estado, y sus miembros se reclutan por cooptación, supuestamente entre los historiadores e historiadoras (casi ninguna) nacionales de más prestigio.

Cabe plantearse qué sentido tiene una institución como ésta en la actualidad, cuando proyectos como los de realizar una historia nacional resultan anacrónicos y cuando la investigación historiográfica de mayor nivel está localizada en otros lugares, particularmente en las universidades.

El reciente escándalo surgido ante la publicación del Diccionario Biográfico Español, que pretendía ser la aportación más sustanciosa de la Academia en los últimos tiempos, confirma la duda. Este diccionario es una obra de referencia, como existe en otros países, compuesta por 50 volúmenes que recogen 43.000 entradas elaboradas por más de 5.000 autores y que se ha beneficiado de ayudas públicas por valor de 6,3 millones de euros desde 1999. Resulta que la biografía de Franco y de otros militares golpistas constituyen una

apología del régimen franquista, destacando sus supuestos logros económicos y sociales, dulcificando su brutalidad represiva y justificando la excepcionalidad golpista del mismo. Algo, por otra parte, que no sorprende demasiado, al saber que el autor de la misma es el medievalista Luis Suárez, conocido dinosaurio admirador de Franco y crítico de la democracia. En su biografía de Monseñor Escrivá de Balaguer también se dice que fue Dios quien le inspiro la fundación de la "Obra".

Asociaciones de la memoria histórica, por ejemplo de Granada, plantean denunciar a la Academia de la Historia por apología del genocidio, familiares de exilados por el franquismo piden que se retiren las subvenciones públicas, incluso las Juventudes Socialistas llaman a "dar la patada al diccionario" de marras y se han realizado varias concentraciones ante la sede de la Academia. El propio ministro de Educación Angel Gabilondo, ante esta situación inesperada e incómoda desde su condición de autoridad política que, en buena lógica, no puede condicionar los trabajos académicos, se ha visto obligado a pedir al Director de la Academica que rectifique las reseñas cuestionadas. Por cierto, que el propio Director de la Academia, Gonzalo Anés, prestigioso historiador nada sospechoso de connivencia con el franquismo, ha tenido una reacción defensiva y autoritaria (como se podía observar en una entrevista a un conocido diario) y se ha permitido calificar el Diccionario como "un monumento a la libertad de expresión". Es muy significativo cómo en esa entrevista, para intentar zafarse de las preguntas incisivas de la entrevistadora, se revuelve aludiendo a que en Alemania también habría polémica con una biografía de Hitler, cuando resulta que en el caso alemán la correspondiente biografía del líder nazi da buena cuenta de todas las tropelías y atrocidades del régimen nacionalsocialista. Cabe pensar que otra cosa hubiera resultado impensable. Pero no así todavía en España en relación con el franquismo.

Lo irritante en nuestro caso no es que todavía haya voces exculpatorias del franquismo y nostágicos del régimen del 18 de julio. Ahí están Pío Moa, César Vidal y otros "revisionistas" que insisten sin descanso en la necesidad histórica del golpe de Estado militar frente a la deriva revolucionaria de la II República. Pero Moa y sus adláteres lo hacen, con notable eco, lamentablemente, como individuos particulares y sin ningún respaldo académico. Lo grave del Diccionario es que es una obra realizada por historiadores profesionales, con dinero público y con el aval de una institución que, al menos hasta hoy, gozaba de cierto prestigio. Lo peor de los autores cuestionados no es que se hayan dejado obnubilar por sus prejuicios ideológicos, sino que hayan hecho caso omiso de la historiografía académica más rigurosa, que en particular en las últimas décadas viene arrojando luz sobre toda una serie de aspectos del régimen franquista que la historiografía dominante hasta los años sesenta y setenta había edulcorado o simplemente silenciado. Una historiografía que establece con claridad el carácter totalitario del régimen franquista, su ferocidad represiva y la involución que provocó en la sociedad española a todos los niveles. Pero el escándalo no afecta solo a una serie de personajes franquistas, también otros, como Manuel Azaña, han sido maltratados y sus biografía son un compendio de errores e inexactitudes. Por tanto, no hablamos sólo de historiadores ideologizados, sino de historiadores poco rigurosos, cuyos trabajos no superarían el filtro de una revisión externa de sus pares académicos.

En el ámbito universitario, la generación de historiadores franquistas está desapareciendo por ley de vida. No sucede así en el caso de la Academia de la Historia, donde siguen conviviendo los representantes de una historiografía caduca y superada con otros miembros con concepciones más renovadoras del quehacer histórico. La idea de una obra realizada por unos y otros, sin ningún tipo de control externo, no podía producir sino este resultado. ¿Quién es el responsable de encomendar la biografía de Franco a un individuo como Luis Suárez? En un país en el que la discusión sobre la llamada memoria histórica de la guerra civil y el franquismo está provocando un intenso debate social, esa decisión resulta una broma de mal gusto.

Así las cosas, parece urgente la paralización y revisión de una obra como el Diccionario Biográfico, cuyo destino principal es el ser una obra de consulta en bibliotecas públicas. En caso contrario, como ya se ha dicho, este asunto constituiría, entre otras cosas un doble derroche de dinero público.

Antonio Duplá

Profesor de Historia Antigua (UPV/EHU)


 


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