Historia Inmediata


HI con Monzant


Amigos y amigas de HaD

José Luis Monzant, miembro activo de nuestra red historiográfica y del Grupo Manifiesto de HaD, ha sido objeto de una impresentable reprimeda pública por su manera de enseñar la historia, incluida la Historia Inmediata, que la red académica Historia a Debate conoce y avala académicamente por su cáracter avanzado. La poco sutil represión ejercida sobre nuestro colega le ha llevado a presentar por dignidad la renuncia a su puesto de trabajo con las consecuencias que ello supone para él y su familia. Queremos manifestar nuestra solidaridad con el profesor Monzant mediante la difusión del documento explicativo de su renuncia Y EXIGIMOS DE LA DIRECCIÓN DEL COLEGIO

CLARET DE MARACAIBO LA READMISIÓN DEL PROFESOR MONZANT EN SU PUESTO DE TRABAJO Y EL RESPETO A LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA DE LA HISTORIA, PARTE IRRENUNCIABLE DE NUESTRO DERECHOS ACADÉMICOS Y DEMOCRÁTICOS EN LA

UNIVERSIDAD Y EN LA ENSEÑANZA MEDIA.

Carlos Barros
Coordinador de Historia a Debate
[email protected]

www.h-debate.com
www.cbarros.com

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Maracaibo, lunes 13 de enero de 2003.
Estimado Carlos, Saludos.

 

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Gracias por tus palabras. Te envío el ensayo que entregué como renuncia alColegio Claret, pero dado que fue escrito con destinatario personalizado —la Directora Lady Mary Rodríguez y el Padre Crescencio García, como autoridades— el estilo está cargado de contenidos emocionales que también sabrás disculpar y, con mucho gusto, podemos comentar luego acerca de todo eso.

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atte.,

jl Monzant Gavidia/UNICA
Universidad Católica Cecilio Acosta
Maracaibo-Venezuela

TEXTO

Argumentos sobre mi posición teórica... y el irrespeto a la libertad de pensamiento y de cátedra

Maracaibo, domingo 28 de abril de 2002.

Profesora Lady Mary Rodríguez

Le agradezco mucho

Le agradezco mucho el intento que está haciendo por mantenerme en el Colegio y de ayudar a mi familia, en consecuencia. El viernes cuando estábamos en su oficina, usted asumió ese rol de madre que te regaña en tu bien. Nuevamente se lo agradezco.

Todas las personas —que no son muchas— a quienes les he comentado mi actual situación laboral, casi por acto reflejo me dicen que no sea bolsa y recupere mi trabajo. "En el Colegio Claret pagan bien"; "ese sueldo no lo vas a conseguir en cualquier parte…". Hasta mi mamá, con la parquedad que la caracteriza, me dijo "pues yo pienso lo mismo". Es cierto. Tanto, que incluso sería lo mismo que yo les sugeriría si la situación fuera inversa. Tanto, que ya dentro de mi familia las cosas (es decir, los beneficios) tienen otro color, otro aspecto, incluso otro olor. Tengo en mis manos la decisión de hacer que por lo menos 6 personas —incluyéndome— retrocedan económicamente. Mi esposa está angustiada y me dice que me apoya, y es honesta gracias a Dios; pero sabe instintiva y conscientemente que no debería apoyarme, que debería suscribirse a los que de bolsa han hablado.

Mi posición es bastante elemental. Si en el Colegio dieran clases de Astronáutica y el Padre Crescencio hubiera cuestionado públicamente a la profesora de la asignatura y la hubiera calificado de "extremista y adoctrinadora"; y, dado el caso, la profesora no se hubiera defendido o levantado y abandonado el lugar para cuando la reunión pasara al segundo orden del día, pues yo no habría sentido ningún tipo de respeto por ella, aunque eso no me impedía entenderla. Si ella no procura hacer valer su dignidad, no hay que respetarla. Desde ningún punto de vista, bajo ninguna circunstancia. Con dignidad no se come, lo sé. Pero sin dignidad somos tan pobres de espíritu que nos cosificamos y hasta el mismísimo Dios quizá nos mire con tristeza.

Sé perfectamente que mi salario mensual no me viene dado por lo que mis colegas piensan o dejan de pensar sobre mí. Y aunque sí viene dado por la mensualidad cancelada por los representantes, es evidente que tampoco depende exactamente de lo que ellos piensan sobre mí, a favor o en contra. Aunque es evidente que a ellos nos debemos.

Sin embargo, el Padre me descalificó delante de los profesores; me desautorizó académicamente. Dijo, sin decirlo, que yo no sé dar clases de historia. No sé si incluso se suscribió a quienes niegan mi condición de historiador. El Padre nunca mencionó mi nombre en el Consejo de profesores, pero fue enfático en cuanto que se refería a "hechos históricos" que no se tratan, que no son objeto de estudio de la física o el dibujo, de inglés o matemáticas, ni de astronáutica, por ejemplo, sino de la Historia Universal y de Venezuela, la Educación Familiar y Ciudadana y la Geografía Económica de Venezuela. Nunca mencionó mi nombre, pero supongo que el resto de los profesores no debió extenderse tanto hablando sobre "El abril de Chávez" ni sobre los 3 años de gobierno de Chávez ni sobre el golpe del 92 o las elecciones del 98, entre otros. Pudieron comentarlo; quizá hasta debieron hacerlo ya que están vivos y son venezolanos. Pero hasta allí comentarlo.

Luego de la amonestación del Padre ya no tengo nada qué decir ni dentro del salón de clases ni fuera de él, siempre que esté en las instalaciones del Colegio Claret. "El profesor de historia es tan obtuso que hasta el Padre se vio obligado a zarandearlo en público", pudiera haber dicho alguno. "A mí nunca me ha gustado él", es otro posible comentario. Más de uno habrá querido aplaudir al Padre y echarle leña al fuego y decirme alguna cosa que guarda para un momento como ese. Otro —quizá otros— habrán sentido la necesidad de decirle al Padre que no estaba actuando correctamente, pero no se atrevieron para evitarse el conflicto personal. Entiendo perfectamente que no se levantaran. Posiblemente también estarían purgando penas. Lo curioso es que no me queda ninguna duda de que yo sí habría reclamado el irrespeto al compañero o, por lo menos, cuidando mi trabajo también, habría intentado suavizar de algún modo la cosa. Algo así como conciliar partes, hoy de moda en Venezuela.

Pero vuelvo al asunto académico

El profesor de historia y afines —de Sociales— está obligado a explicar, no solo comentar. Y debe hacerlo desde la visión crítica de la realidad, porque cualquier otra conducta de su parte raya con la mediocridad académica. Profesora Lady Mary, todos los programas elaborados por el Ministerio, supongo que desde 1958 en adelante, han invitado a estimular la conciencia crítica del estudiante, y ello a pesar de las ofuscaciones historiográficas que pretendían imponer Arturo Úslar Pietri y otros intelectuales con poder como él. Lombardi (1996), da buena cuenta de tales incongruencias cuando afirma que Úslar Pietri

"critica la historia politizada y manipulada, acepta el debate de los historiadores pero fuera de la escuela. Niños y jóvenes no tienen por qué participar de estas discusiones. La historia escolar tiene que ser objetiva(?), apolítica, acrítica, lineal, cronológica y memorizada…". ("La enseñanza de la historia" EN Introducción a la Historia, p. 117). Las mayúsculas fueron incluidas por mí (JLMG).

Úslar Pietri —considerado la mayor inteligentzia de Venezuela, lo que de entrada niega la posibilidad de superarlo— también sostiene que "de la historia para conocer el pasado del mundo se ha pasado, peligrosamente, a la historia como mecanismo para cambiar la historia del mundo" (Ídem). Bien dicho está aquello de que Úslar poseía "un océano de conocimientos de un milímetro de profundidad". Qué le impedía a este intelectual reflexionar, comprender que así como las ciencias fácticas (física, química, informática…) son útiles a la evolución tecnológica de la humanidad con la consecuente destrucción del planeta (contaminación a escalas exponenciales) y el intento por reparar esa destrucción; las ciencias sociales están llamadas a servir de soporte teórico para la manipulación de la conciencia que viene dada, básicamente por la psicología y todo lo que se ha dado en llamar las ciencias de la comunicación al servicio ambas, por cierto, de una de las empresas más exitosas de los siglos XX y XXI los medios de información o medios de comunicación. Y, conservando la dualidad mencionada para el caso de las ciencias fácticas, pues las ciencias sociales también están llamadas a cuestionar esa manipulación y a demostrar lo que de falso hay todos los días en las noticias; pero también en los libros, revistas; en los libros de texto de bachillerato, en el último boom de la literatura mundial como son los libros de autoayuda, entre otros.

He pasado los últimos 18 años de mi vida —no con toda la dedicación que debía, por cierto— leyendo lo mejor de la intelectualidad del planeta, desde los ilustrados hasta Saramago, por mencionar escuelas y nombres. Qué coincidencia que son los clásicos los que más han levantado su voz contra las injusticias y desigualdades económicas, políticas, sociales. Que a esos señores se les considere buscapleitos, desadaptados y otros calificativos que no recuerdo, eso sí que forma parte de la manipulación mediática. Todo autor que critique las desigualdades sociales es considerado comunista, comunistoide, izquierdista, socialista, tirapiedras, errático, ignorante, y, por supuesto, extremista y adoctrinador…

Los medios vs. Chávez y la razón de mi problema hoy

Manipulación, adoctrinamiento y extremismo —bastante peor que el discurso lepeniano[1] o, por lo menos, nada distinto— fue lo que llevaron a cabo los medios de información en Venezuela; hoy, abiertamente cuestionados a nivel mundial y, sin embargo, los principales diarios del planeta no han dicho nada al respecto.

MANIPULARON porque escondieron verdades favorables a este gobierno como el leve crecimiento económico de Venezuela en los años 2000 y 2001 que la prensa internacional sí recogió y en la que decía, además, que el negocio privado había experimentado ganancias en el país. Pero la prensa nacional dijo lo contrario. ADOCTRINARON al envenenar el alma de los venezolanos más que el propio Presidente. Han saturado de imágenes sobre un antichavismo irracional, compulsivo, sin importarles las consecuencias terribles que eso genera. Fueron EXTREMISTAS porque pusieron a Venezuela a horas o metros de la guerra civil por el solo interés económico y político de cambiar a un gobierno que no los favorecía en sus negocios ni en las leyes que necesitan para expandirlos. Venezuela no conoce guerras desde hace 99 años y estos dos señores (gobierno y empresarios) están dispuestos a inventarse otra para que, de nuevo, el premio sea lo que Herrera Luque llamaba La Silla de

Caracas, la silla de Miaflores y los buenos negocios que desde allí se hacen.

Los medios de información son corresponsables —léase bien, CO-responsables— de la muerte de por lo menos 47 personas entre el 11 y el 14 de abril del 2002; pero todavía siguen reclamando, ellos mismos, tan solo por las 11 muertes del jueves 11. ¿Qué pasó con el resto de los muertos? ¿No murieron? Manipuladores e incitadores a la violencia ellos, no yo [¿Quién me ha acusado de incitar a la violencia? El Padre nunca me había hablado de eso, pero lo mencionó en el Consejo]. Los dueños de los medios —a través de un servicio, los noticieros y, en particular, de unos servidores, los periodistas— manipularon a medio millón de venezolanos que fueron a una marcha en la cual ellos (los dueños) sabían iba a haber muertos porque eran imprescindibles para derrocar al Presidente. Sabían, porque son CO-financistas del golpe de Estado junto al gobierno de Estados Unidos, tal como lo denunció The New York Times. Eso es perversión, alevosía. Manipularon porque llamaron dictadura a un gobierno que no tenía ni presos ni muertos —ya los tiene, muchos, y tiene que ser juzgado por eso— y con fanfarria y todo vendieron por democracia a la dictadura más efímera y ridícula de la historia. ¿Cuántos venezolanos murieron en 28 horas? ¿36? ¿Cuántos más iban a morir? ¿Miles, cientos de miles? Pero los medios luego de sobreinformar, no existían. Ni siquiera para informar sin imágenes. Tan solo Radio Fe y Alegría tuvo la dignidad de mantener informados a los venezolanos y latinoamericanos sobre los asesinatos que sucedían en Caracas el sábado 14 después de la 130 pm.

Es increíble que ahí esté la manipulación —y todo de lo que se me acusa— y no sea visto. ¡Qué éxito tan maravilloso el de los medios! Hacen ciegos a los que ven sin que el órgano visual haya sufrido daño físico alguno. En Venezuela, ellos han sido CO-partícipes de todo lo que le endilgan al otro y la mayoría de la población cree. Increíble.

Más sobre "ismos" e "istas"

No me incluyo en ninguno de aquellos "ismos", "istas" (comunismos, izquierdismos; extremistas). No me reconozco en ninguno de esos esquemas prefabricados. Reclamo para mí la visión crítica de la realidad que permite entender lo que de justa e injusta tiene; lo que de beneficiosa y perjudicial existe dentro de esta sociedad de mercado—globalizado y fuera de ella, sí es que esto último es hoy históricamente posible. Visión que me permite explicar a los estudiantes que eso que los soviéticos llamaron comunismo, o los cubanos, nicaragüenses o alemanes de la posguerra, es un absurdo histórico. Eso nunca debió suceder. Como tampoco las insuperables desigualdades sociales que existen hoy en Venezuela y el resto del mundo que no ha conocido ese modelo económico—político.

Reclamo para mí no la objetividad científica de que tanto se jacta la sociología comteana y toda la ciencia positivista al servicio de los dueños de los medios de información y de todos los empresarios que controlan el comercio mundial en la actualidad. Sino la honestidad subjetiva de la que habla Adam Schaff en su libro Historia y Verdad (1985 48) y que otros teóricos han debatido, conscientes de que la fría objetividad positivista es farsa científica; una falacia legitimada como verdad imperecedera. Eso es adoctrinamiento.

Yo no predico el comunismo. Le he dicho a los estudiantes una y mil veces que cuando tengan empresas u ocupen cargos públicos procuren ser justos, en el más hermoso contexto cristiano. Ni siquiera defiendo la tesis según la cual hay que ayudar al otro como si estuviera incapacitado o discapacitado. No. Comparto el hecho simple de no hacer daño al otro. Por ejemplo, en lo personal, nunca regalo dinero al mendigo de la calle. No. Se lo doy a los niños que trabajan en ENNE o Centro 99. Y soy dadivoso. Les doy más de 100, más de 1.000 y hasta más de 5.000 bolívares. Ése niño está trabajando, no pidiendo. Otro de mis usos es ser justo con quienes por alguna causa trabajan para mí —albañiles, carpinteros, electricistas—. En eso creo. Si esa conducta se expandiera y/o generalizara, el mundo sería "muy otro". Solo ser justos. Porque si eso es ser comunista, entonces Jesucristo fue comunista.

No apoyo los "ismos" que se oponen a esta sociedad de mercado—globalizado porque siempre llevan a dictaduras de las peor publicitadas por los medios de información de esta sociedad de mercado—globalizado. Sociedad que se impone gracias a esos medios, a los libros (de bachillerato o no), a música sabidamente mediocrizante, al afán por aceptar sin debatir…

Me suscribo plenamente a la respuesta que Lombardi le da a Úslar

"Estamos de acuerdo con él [con Úslar] sobre la necesidad del debate sobre esta materia [Historia de Venezuela]. Obviamente discrepamos en todo lo demás por cuanto nuestra concepción de la historia es diferente y precisamente aquí es donde debe comenzar el debate. Nada hacemos con teorizar sobre cómo enseñar si previamente no establecemos qué enseñar (…)

La historia que se enseña nunca es neutral y el niño y el joven tienen derecho a ser informados de todas las concepciones historiográficamente

fundadas en la investigación y la ciencia, la verdad nunca es dañina y es la única posibilidad para desarrollar hombres libres" (p. 118).

[Cuánta falta le hace al Padre Crescencio García hacer ejercicios historiográficos y comprender la esencia crítica, científica del último párrafo de Lombardi].

He incurrido en excesos cuestionables y cuestionados

Que ese profesor de Historia a quien el Padre se refería soy yo y me excedí, no hay duda, pues he cometido diversos errores. Pero ninguno grave al extremo de que ustedes me despidieran. Sobre la base de no fosilizarme en clase he sido un profesor que rompe los esquemas tradicionales del docente, porque estamos en el siglo XXI y ya el siglo le cayó encima a quien no se actualiza y, por supuesto, mi personalidad me invita al cambio permanente que, por cierto, es lo único realmente valioso de aquel libro de autoayuda ¿Quién se ha llevado mi queso?

Siempre le he tenido miedo, pavor a parecerme al maestro de la película Papá por siempre (su título en castellano). Este maestro dirige un programa sobre dinosaurios en la televisión. Robin Williams se mofa porque el anciano profesor ya hablaba sin fuerza en la voz —adormecía de solo verlo— y, en cuanto a lo que decía sobre los dinosaurios, pues parecía uno. Por el contrario, me parece hermosamente poética La sociedad de los poetas muertos. Es el mismo Robin Williams quien encarna al maestro John Keating [no recuerdo si así se escribe el apellido]. Un romántico que desea cambiar el mundo de sus estudiantes y tan solo termina, luego de muchos enredos e injusticias allí evidentes, despedido.

Cuando comencé a dar clases, en el 92, todavía pensaba que iba a cambiar el mundo. No comparto ya esa visión. No tengo ya esa pretensión. Las canas, la proximidad a los 40 y los hijos domestican las hormonas y la adrenalina "revolucionarias" que quedaban de la adolescencia. Los medios de información pesan demasiado. Por eso no estoy de acuerdo con el Padre Crescencio cuando afirma que nuestros jóvenes son demasiado dúctiles frente al profesor, como harina que se amasa. Nuestros minutos, nuestras buenas intenciones como docentes, dentro de la clase, son bastante débiles frente a la cantidad de horas que los estudiantes pasan frente al TV (hasta una cuarta parte de la vida, según alguna encuesta estadounidense. Lo que siempre se traducirá en más de la cuarta parte de la vida ya que solo se tomaron en cuenta horas frente al TV, es decir, incluye 24 horas de TV por día). Solo si padres y docentes trabajan juntos, puede minimizarse el impacto de los antivalores de todo tipo que venden los medios, sobre todo la TV. Unos medios que no solo tergiversan la calidad y hasta las cantidades del producto físico, tangible, comprable en el mercado; también el producto abstracto como el gobierno, la política y la clase de Historia. Unos medios extraordinariamente partidizados, no solo politizados y, sin embargo, no veo representantes con pancartas protestando por ello.

Resulta una ironía que sea Mafalda quien sintetiza la cosa de manera magistral "Si no cambiamos el mundo cuando somos niños, el mundo nos cambia a nosotros hasta convertirnos en adultos". Adulto ya como estoy —con inmadureces, con incongruencias, como bien me dijo el Padre en el Despacho rectoral— tan solo me he propuesto que los estudiantes se hagan preguntas acerca de cómo funciona esta realidad innegablemente imperfecta, inexcusablemente injusta. Si leen la prensa, que racionalicen los intereses que hay detrás de la noticia más importante —es decir, bulliciosa del día— y de la más cotidiana. Y de cómo esos intereses los benefician y/o perjudican. Eso es ciencia, eso nunca será doctrina. Las personas deben razonar lo que les beneficia y/o perjudica. Es un profundo insulto a la inteligencia del profesor Monzant, y a su investidura profesional, condenarlo como extremista y adoctrinador. Santo Dios. Cuando lo que se ha propuesto es una invitación a pensar el mundo incluso bajo los parámetros científicos establecidos por esta sociedad de mercado—globalizado. Es una falta de respeto a la libertad de pensamiento y a la libertad de cátedra. Si esto mío es extremismo, qué quedará para el último Hitler de una Europa caracterizada desde el siglo XVI por meter al mundo en problemas; problemas de los que los grandes empresarios de Europa casi siempre han salido ganando, como fue el caso de las 2 grandes guerras europeas que la historiografía eurocéntrica y acrítica llama mundiales, quizá para restarle responsabilidades a Europa. Una Europa convulsiva y convulsionada desde el punto de vista étnico —una verdadera bomba étnica— debido a la pretensión de las potencias económicas de controlar más y mejores territorios, en el pasado; mayores mercados, en el presente.

Frente al problema

El Consejo Directivo ha asumido frente al problema que mi desempeño profesional —mi percepción teórica del mundo— ha generado, tan solo su posición y la de no pocos representantes que, desde varios puntos de vista no están satisfechos ni contentos con mi estilo docente. No han sido consideradas las igualmente no tan pocas voces que sí están de acuerdo con mi manera de explicar el mundo, el hombre y la vida; con mi filosofía, que no me pertenece porque no ha sido exclusivamente imaginada por mí sino que tiene raigambre en lo mejor de la intelectualidad mundial, tanto la crítica y cuestionadora de las injusticias sociales como aquella que se ha caracterizado por entretener la conciencia de la mayoría de la población mundial.

La diferencia entre un grupo de representantes y otros, está dada por el hecho de que quienes se han quejado en los 3 últimos años no me lo dicen a mí; mientras que quienes me felicitan no lo comunican al Consejo Directivo. Hay un evidente desequilibrio que no está controlado por nosotros, pero que pudiéramos corregir.

¿Por qué no se toman en cuenta, entonces a los representantes que apoyan la visión crítica de la historia? En una entrega de boletines, una

representante —cuando su hijo estaba en noveno grado— se me acercó y me comentó algo como lo que sigue "mi hijo me dijo que tenía que leer sobre Bolívar y no lo entendía. Yo [ella] le dije que no se preocupara que todos los profesores decían lo mismo y él me insistió que usted [yo] no era así; que usted sí estaba actualizado". Y la señora, de quien no recuerdo su nombre, me felicitó por mi visión crítica sobre Bolívar. Que otra representante haya afirmado que El general en su laberinto de García Márquez sea muy profundo para su hija y otro más dijera que era pornográfico, Santo Dios, no hay duda de que entra en el juego de la discrepancia, pero no pueden ser argumentos académicamente válidos. Y eso es lo que importa. La validez del argumento, determinado por la seriedad y la contundencia académica, es lo que debe prevalecer. No las emociones, sensaciones, percepciones. Eso cuenta en otros planos y queda para las opiniones personales, pero no para ser debatidos como criterios académicos debido a su inconsistencia como tales.

Otra representante, con todas las críticas que me hizo en el contexto del bajo rendimiento de su hijo, celebraba —cuando él estaba en 4to año— el hecho de que sus hijos ahora se interesaban por la prensa y lo que pasaba en Venezuela y el mundo. "Nosotros les explicamos cómo son las cosas… Gracias, profesor". Otra representante —su hijo está en Octavo grado A— me detuvo en la carretera, frente al Colegio y me dice, afirmativamente "Usted es el profesor de Historia. Mire, lo felicito. Usted les habla a esos muchachos de todo. Otra vez necesitamos profesores así". Una estudiante de 5to año, a quien la semana pasada le comentaba los problemas que estaba teniendo en el Colegio a raíz de mi posición teórica, me decía "pero si se va, ya no van a tener [los alumnos que vienen] a alguien que los haga pensar más allá de lo que tienen a simple vista; de eso estábamos hablando el jueves… Usted no nos enseña solo las materias y las cátedras que dicta, nos enseña cosas importantes para la vida". Otras dos excelentes estudiantes, el año escolar pasado coincidían, por separado, en que "El profesor de historia es el único que explica las 2 versiones…". Un alumno estaba enfermo y prefirió venir a clases a escuchar "lo que José Luis iba a decir sobre la ‘insurrección’ de Pedro Soto…". Todavía me llaman exalumnos para comentar, preguntar, consultar sobre la realidad del país. Personas que de tirapiedras no tienen nada. Y que seguramente no me llaman por tirapiedras, extremista o adoctrinador o incitador de la violencia.

Se hacen necesarias las reuniones con representantes

¿Por qué los representantes no me plantean sus críticas de manera personal? ¿Porque raspo a sus hijos, luego? Si ellos supieran que, en lo personal, cuando vienen y me hablan de mis fallas frente a sus hijos soy más cuidadoso y tengo más presente a esa muchacha o muchacho. Por ejemplo, si, como supongo y es casi evidente, la Señora María María se quejó de ese disparate verbal que pronuncié en clase "Los chavistas irracionales no son menos brutos que los antichavistas irracionales" [Santo Dios, cómo demonios es posible que haya dicho semejante barbaridad; una palabra tan prohibitiva en cualquier parte y más en clase]. Mantengo, sin embargo, esa posición. Estoy convencido de ello. Ambas partes han sido emocionalmente manipuladas en extremo. Solo sienten y segregan adrenalina y, a pesar de lo que dicen esos representantes, mi discurso es bastante equilibrado. Porque hasta esa ya famosa "frase brutal mía" es, paradójicamente, producto del equilibrio. Los 2 sectores están actuando irracionalmente. Hasta el mismísimo Karol Wojtyla llamó a la moderación en Venezuela hace poco más, poco menos de 2 años.

Pero bueno, el punto es que haya ido o no, noté la cara de angustia de su hija María María el día que leí las notas definitivas del Segundo Lapso y el suspiro —hondo, bastante hondo— que dejó escapar luego de haber escuchado los dos 18 (Venezuela y Universal). Y agradecí que esa muchacha tiene buen récord académico porque si no, a los ojos de su mamá, seguramente yo era el responsable. Algo semejante pasó con el hijo, José José de séptimo, pero ahí sí hubo un error de mi parte y ya está corregido, también gracias a Dios.

El hecho de que sea docente; el hecho de que necesite este trabajo tanto como lo necesito para que mi familia sencillamente no pase hambre y pueda satisfacer otras necesidades —léase confort, disfrute, comodidades— no anula derechos que como trabajador tengo. Como, por ejemplo, quienes vayan a reclamar mis errores deben decírmelo a mí. Nadie mejor que yo puede explicar lo que yo pienso, tal como el José Palacios de García Márquez le repetía a Bolívar "Lo que mi señor piensa, solo mi señor lo sabe". Tengo derecho a defender mi versión de la cosa. No me queda ninguna duda de que la mayoría de los inconvenientes que en el pasado generé o fueron generados debido a confusiones en la repetición del mensaje, habrían tenido menores consecuencias negativas de las que tuvieron si yo hubiera conversado con los representantes. Y esto me recuerda otro hecho. Cuando mi esposa, este año, muy molesta con la maestra de segundo grado, fue directamente a hablar con la Coordinadora, ésta le dijo que primero debió hablar con la maestra. Eso me pareció excelente. Yo mismo le dije que la Coordinadora hizo lo adecuado, aunque quizá yo mismo habría hablado primero con la Coordinadora, si me involucrara de manera presencial en el asunto. ¿Por qué yo no tengo el mismo privilegio de escuchar directamente a los representantes y ser escuchado por ellos? ¿Qué me lo niega y bajo qué argumentos racionales?

Me llama poderosamente la atención que desde la llegada de Chávez al poder, el Consejo Directivo se haya cerrado cada vez más a la crítica y, como una de las consecuencias, a las buenas clases de historia que en el pasado di, por ejemplo. Con el paso de los años he mejorado significativamente en prudencia, con desvaríos como el mencionado hace poco, claro. Pero he mejorado increíblemente. Solo que en los últimos meses, los medios de información exageraron el énfasis antichávez luego o durante o antes de que Chávez levantara más su tono disparatado y disparatero. Carece de todo sentido que yo esté envuelto en este trance por mi percepción sobre la actual realidad venezolana. Me recuerda mucho a una novela de Dickens o Dumàs. Y es que al docente no puede cercársele el espacio para el debate, por Dios. Eso nos retrotrae a la Edad Media europea con todas las barbaridades que ello implica [y es allí donde se ubica el Padre Crescencio]. Eso viola elementales derechos humanos como los sacrosantos derechos a la libertad de pensamiento y expresión. Eso castra la Academia y convierte a los centros educativos en monolitos teóricos.

La opinión de los representantes que no respetan la diversidad de pensamiento no debería prevalecer. El Colegio bien podría dejar el espacio abierto a que los representantes evaluaran el comportamiento del profesor en alerta por si éste maltratara las emociones, pensamientos y la nota del estudiante que piensa distinto al profesor. El avance del conocimiento nunca se ha detenido frente a la incomprensión del ignorante y el medioevo es la mejor referencia histórica de esa pugnacidad entre ciencia y adoctrinamiento. Que haya representantes que no leen, escriben ni critican genera problemas peores que este mío, como profesional asalariado, y de ustedes como Consejo Directivo. Problemas que serían controlables, sobre todo, en la medida que escuchen y les sea planteado el punto de vista del profesor.

Moderación inteligente y necesaria

De cualquier modo me modero. De buena gana, incluso. Con la convicción de que debo hacerlo y, sobre todo hoy, que puedo hacerlo, pues no hay opciones. Y es de buena gana porque de otro modo no podría lograrlo. Con mucha frecuencia me traicionaría a mí mismo. Y ya tendría tiempo para la moderación, si acaso tengo tiempo para algo.

Profesora, usted conoce o debería conocer las múltiples causas por las cuales manifiesto mi deseo más profundo de continuar trabajando en el

Colegio Claret. Sabe que mi necesidad económica de permanecer con ustedes supera gustos, disgustos, preferencias y/o tendencias. También debería saber que, por otro lado, no sería solo el aspecto monetario —y la estabilidad de todo tipo que genera— ya que me siento por completo identificado con los estudiantes del Colegio. Formo parte del Colegio tanto como el Colegio está presente en mí y en mi familia. Mis hijos también se sienten parte del Colegio.

Así como yo reconozco y expongo mis errores, el Padre Crescencio puede explicar frente al resto de los docentes que cometió excesos en el tratamiento de la información que manejó sobre mí [y eso es manipulación de la información]. Como persona y como profesional merezco respeto. Es un elemental reclamo de dignidad que parece desfasado, fuera de moda, pero no debería suceder así dentro de la institución que nos congrega. Como cristiano y como claretiano también merezco respeto; o, por lo menos, como co-ayudante de la tarea claretiana pues lo he hecho durante 6 años. No pretendo que el Padre se disculpe en público. Yo mismo me sentiría muy incómodo al ver que los otros profesores pudieran entender que el padre Crescencio se humilla frente a otro profesor. No. El padre podría aclarar su opinión sobre mí; que lo dijo sobre la base de la molestia que le causó la sucesiva queja de representantes, pero que abra el espacio para mi actividad académica porque él lo cerró el viernes en la mañana. Tan solo eso me hace falta. Es un reclamo que me sale de lo más humano que tengo. Producto del humanismo cristiano frente a la convivencia humana.

Por su parte, los representantes también deben aprender a respetar la diversidad de criterios y tanto el Padre como usted, Profesora Lady Mary, tienen la batuta en eso. El Ministerio de Educación siempre estará legalmente llamado a apoyarme si los representantes llevaran el asunto a instancias superiores ya que todavía existe la libertad de cátedra, pues existe la libertad de pensamiento que los mismos representantes están reclamando. En qué nos convertimos si actuamos peor de lo que se dice acerca de cómo actúa el presidente actual. Si —exceptuando los errores— no se me tolera porque soy la voz que discrepa, ¿en qué se convierte todo sino en adoctrinamiento? Adoctrinar es no dar espacios a la razón; no dar cabida a lo diverso. Adoctrinar es construir monolitos teóricos. Si se borra ese espacio, se impone el anacrónico y desfasado esquema que Úslar Pietri nunca pudo imponer, gracias a Dios, aunque de hecho, de facto, así haya funcionado en muchos casos.

Finalmente, me he visto obligado a renunciar a mi trabajo, a mi salario, por defender el derecho que tengo a expresarme con libertad dentro del salón de clases, por un lado. Y, por otro, más circunstancial —pues sucedió una sola vez— pero consecuencia del anterior, por defender el derecho que tengo a que se respete mi dignidad humana, cristiana y profesional.

Deseo en Dios que el Padre ofrezca una explicación sobre el asunto. Si así fuera no solo se lo agradezco mucho, sino que me comprometo a ser mucho más ecuánime en el tratamiento de la información actual que es donde ha radicado el problema. Ecuanimidad que vendrá dada por el hablar pausado, por el dejar hablar más a los estudiantes para "que sean ellos quienes planteen las emociones y razones"; siempre con la aclaratoria de qué es lo que yo pienso y que los estudiantes no están obligados a repetir; algo que he venido haciendo en 6 años, pero que ahora sería necesario reforzar.

Me comprometería, además, a que, apenas consiga otro trabajo, me quedaría solo con las horas de clase de Noveno grado, Primero y Segundo de Ciencias. Usted también debe haber notado que los representantes de estudiantes de noveno y Diversificado hacen menos reclamos. Eso puede deberse, entre otras cosas, a que los estudiantes están en mejores condiciones de procesar el discurso crítico, si ese es el caso. Tengo varias posibilidades de trabajo, pero todas trascienden por lo menos hasta finales de año. Profesora, yo me acerqué el jueves a su oficina para plantearle esto último, pero usted estaba ocupada (…fue cuando llegó la Profesora María María y yo estaba sentado en la Coordinación, pero en ese momento usted salió a buscar a un estudiante). Incluso lo había comentado a varios profesores. Pensaba hacer eso a ver si bajaba la presión en ustedes, como Consejo Directivo, y en mí, como asalariado.

Profesora espero se comunique conmigo lo más pronto que le sea posible. Cualquiera sea la respuesta, le sigo agradecido.

José Luis Monzant Gavidia.
Tf. 7431141.
Celular 0416-3657512
Correo [email protected]

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[1] De Jean Marie Le Pen, excandidato francés a la primera magistratura. Duramente criticado por el extremismo derechista con que manejó tanto su partido como la campaña electoral. El nuevo Hitler de Europa.

 

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