Entre Graciela y Teodoro, NN.AA. ([email protected] [email protected] para [email protected]), están dando ya por concluido el coloquio sobre la novela histórica, pero creo que tenemos incluso filones enteros por explorar. No sólo existe la historia dudosa de la novelística venal (en el buen sentido de mercantil una vez que es bendito el mercado), por lo visto triunfante ahora por Argentina tanto como por España el género todavía más sospechoso de la biografía de monarcas (en el peor sentido preconstitucional), sino que también tenemos la adopción de la forma novelística por la historiografía en el campo de la microhistoria y la confluencia en este mismo terreno más solvente de novelistas con compromiso histórico (en sentido esto previo a la consigna política). O tal vez debiera decirlo en el orden inverso, pues primero fue lo segundo, a lo que alcanzan mis noticias. Pues estoy pensando en "La columna infame" de Alessandro Manzoni, una "novela" desgajada de "Los novios" precisamente para imprimirle un tratamiento más escrupulosamente historiográfico con extraño éxito a mi juicio. Tengo para mí que, novela y todo, pero sin ficción alguna dentro de lo que cabe, es uno de los mejores libros para introducirse en la inteligencia del laberinto de las prácticas penales de tiempo preconstitucional por Europa y Euroamérica. Es un éxito que se debe desde luego a la buena documentación del caso, pero también a algo más. Invito a su lectura a quienes no la conozcan. Encontrareis todo un capítulo sobre la jurisprudencia histórica, con documentación así más general, que me parece clave para la comprensión del asunto íntegro, del acontecimiento como del sistema. También es verdad que Manzoni actúa inspirado por un moralismo que lo carga todo, pero, en la medida en que ello permite la apreciación de la responsabilidad humana en el discurrir histórico, no me parece que resulte por completo impertinente. Éste es un punto. Creo que tal vertiente clave, la moral, es mucho más difícil de considerar en el ejercicio presumente más científico de la historiografía nada novelada. Pongo otro ejemplo, el de "La muerte del Inquisidor", el tema de una novela histórica bien documentada de Leonardo Sciascia y ahora en nueva versión, con mejor documentación todavía, de Vittorio Sciutti Russi. El moralismo no está tan presente como al estilo decimonónico, pero opera lo mismo. No sólo se trata del relato de una inquisición, sino también de la resposabilidad de unos inquisidores, haciéndose explícito un juicio actual sin solaparse el enjuiciamiento bien diverso de la época. ¿Podría esto intentarse fuera de la forma novelística? No lo descarto, pero tendríamos que comenzar por abandonar en el ejercicio de la historiografía la presunción de objetividad que oculta incluso a nuestra vista, más todavía a la lectura, nuestros propios juicios sin que dejen por ello mínimamente de estar incidiendo. La primera subjetividad que tenemos que recuperar es la nuestra.

Saludos, buena lectura y mejor escritura, Bartolomé.

Bartolomé Clavero
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