El dilema de los historiadores

Los días 14-18 de julio tuvo lugar en Santiago, en el marco del Xacobeo 99, el II Congreso Internacional Historia a Debate...
¿Qué conclusión podríamos destacar para un lector profano? Desde luego no es posible resumir, en dos folios, diez y nueve mesas redondas y quince temas a debate, pero si poner en evidencia dos grandes ejes de discusión que aparecían y desaparecían como serpientes de verano: la relación entre historia y ficción o la historia como ciencia, y la relación entre historia y sociedad o el compromiso del historiador. El ser o no ser de la historia, pues, dentro y fuera de la academia en el umbral del nuevo siglo. Para nosotros, no se trata de una frase hecha, el mundo vive y sufre un giro histórico radical; "Y cuando cambia la historia, ¿no cambia asimismo la escritura de la historia?" (de la convocatoria de Historia a Debate II). Nunca las respuestas de los historiadores fueron tan contrapuestas: mantener la clásica historia-ciencia social frente al retorno (más clásico todavía) de la historia al seno de la literatura, al tiempo que bastantes colegas - en apariencia ajenos al debate- se refugian en los archivos buscando en el solo uso de las fuentes las certezas perdidas con la caída de los grandes paradigmas historiográficos que renovaron nuestra disciplina en el ya siglo pasado: la escuela de Annales y el materialismo histórico. Es natural, los historiadores somos más dados que nadie a procurar en el ayer las respuestas a los retos del mañana. Como el ángel de Paul Klee el viento de la historia también nos arrastra hacia adelante mientras miramos hacia atrás, con melancolía, las ruinas del pasado. Estamos convencidos de que la historia que se escribe encontrará su camino actualizando el concepto de ciencia, más subjetiva, compleja y relativa, menos separada del arte y la literatura de lo que pensábamos, pero, en cualquier caso, separada. Un nuevo paradigma, pues, que reformula el oficio de historiador más allá del cientifismo y la ficción, sin renunciar a la ciencia, que nos identifica en la academia, ni a la narración, que nos acerca a la sociedad. El historiador futuro habrá de desarrollar más, según nuestro criterio, su pública función de narrador de los hechos pasados sin llegara a confundirse con el autor de ficción, ni por supuesto "traicionar" la tradición centenaria de su profesión... La nueva historia narrativa habría de ofrecer al lector el rigor que estorba al literato. Sólo así el historiador podrá recuperar el terreno recientemente perdido en favor de la novela histórica (que abarca a todas las épocas históricas) y del periodismo (más interesado en la historia inmediata): principales beneficiarios, hoy por hoy, del auge de la demanda de historia provocado por los cambios civilizatorios entre los dos siglos.
La escritura de la historia necesita, en definitiva, sus "terceras vías" (en plural, para eludir pasar de un pensamiento único al otro) para salir del dilema hamletiano, ¿ciencia o literatura?, o también: ¿academia o sociedad?, ¿asepsia o compromiso?


Carlos Barros
Universidad de Santiago
Coordinador de HaD


[Extracto de reseña divulgativa del II Congreso: La Aventura de la Historia nº 13 (Madrid, diciembre 1999)]