La gente que lee novela histórica adiestra una categoría fundamental del discurso histórico: la imaginación.

La novela histórica dinamiza el pensamiento. Es cierto que utiliza lugares comunes, pero quien diga que la Historia no hace lo mismo que tire la primera piedra.

Si se niega tan furibundamente un género "novelístico" es que la Historia oficial tiene problemas de identidad ("¿seré alquimia en vez de química?, ¿Seré nada más que discurso narrativo y no ciencia"). Hay que ser más dignos: la novela difunde adelantos de la práctica histórica que hoy día la Historia no se atreve a divulgar. La novela llega a mayor número de habitantes: ¿es miedo a ser el eterno desplazado, primero por el triunfo de la Ciencia en el XIX y después por el triunfo de la Ficción en el XX?

Me gustaría difundir otra idea: la novela histórica es aquella que reflexiona sobre las acciones y pasiones de la sociedad. Reinventar la historia, la vuelta del sujeto, la nueva biografía histórica, ¿eso no resulta académico? Que venga LeGoff (magnífico publicista,como todo académico francés) y lo vea.

Hay que reflexionar sobre nuestros complejos: aquí se dice que hay pasión por escribir. ¿Es que va a ser pecado ser creativo? ¿La sociedad no es un objeto de estudio imposible de determinar (por suerte)? Rompamos una lanza por que el temor a los costes institucionales que acobardan a los historiadores no sea prejuicio para menospreciar una demanda sociológica. Quieren saber.

Daniel Canosa
Universidad de Santiago