Estimados colisteros:

Cuando lancé mi pregunta al "ciber-espacio" (gentileza de HAD mediante), jamás imaginé que tendría como resultado múltiples respuestas y varios nuevos amigos (en adelante N.A.). No encuentro las palabras apropiadas para manifestar la satisfacción que me embarga. Como el debate parece estar aproximándose a su fin (mi N.A. Teodoro dice que "no da para más"), creo que es el momento apropiado para realizar un pequeño balance. Todos los aportes fueron sumamente enriquecedores. Aplaudo la clara visión y el lenguaje directo de mi N.A. Xavier Díaz. Rescato la preocupación "sesuda" de mi N.A. Marcelo Oviedo sobre el lector común que se queda con la visión de un autor y nada más. Adhiero absolutamente a la opinión de mi N.A. Ana María Martínez respecto a que los novelistas "no podrían hacer lo histórico si no existiera la tarea de los historiadores", pero "si inventan situaciones con personajes históricos reales confunden al lector masivo". Apoyo también el pensamiento de mi V.A. (vieja amiga, porque trabajamos, estudiamos y viajamos juntas) Andrea Cardona con relación a que "si la novela histórica sirve para acercar a la gente a la Historia, bienvenida sea" y que debemos "enseñarle a la gente a diferenciar la ficción de los hechos históricos" (aunque en lugar de "gente" yo pondría "alumnitos postmodernos", como dice Teo). Estoy de acuerdo con mi N.A. Ana María Lorandi en cuanto a que las novelas históricas "desmistifican el pasado" pero "deberían ser mejores de lo que son" (Teo es más directo, dice que la mayoría son una porquería). Creo que mi N.A. Ángel Muñoz Álvarez pone demasiado entusiasmo en defenderlas. Y para finalizar, me quedo con el documento que me envió mi N.A. Carlos Alberto Suárez, copia de un apunte que preparó para su curso de historiografía, donde expresa -respecto a la "moda" de la novela histórica que siempre se vuelve, siempre la historia se abre paso, las formas son las que varían. Él dice "Como la luz del faro, parece que se va, pero retorna para alumbrar un paisaje que varía..." (Qué poético! Me encantó!). Continúa diciendo que durante el siglo XIX se desarrolló un fenómeno similar, relacionado con el advenimiento del romanticismo y como reacción antiiluminista. Agrega que los historiadores de entonces también criticaban los errores históricos de un Walter Scott, pero aún así el género rompía récords de ventas. Inserta unas riquísimas consideraciones sobre el tema debidas a Vicente Fidel López y reflexiona acerca de que este autor, en su Historia Argentina atrapa con relatos que parecen de novela.

En resumen, lo que me queda en claro es que:

*No debemos sentir culpa por leer novelas históricas. Incluso podemos seguir el ejemplo de mi N.A. Hilda Agostino y emplearlas con fines didácticos.

*Debemos enseñar a nuestros alumnos a "separar la paja del trigo", como dice Andrea.

*Podríamos dedicarnos a este género (parece ser mucho más rentable que la docencia y seguro que lo haríamos mejor que los "chantas simpáticos" Teo dixit -).

*Me gustaría que mi N.A. Carlos Suárez compartiera con todos los listeros su valioso apunte.

*Acabo de descubrir que soy sumamente posesiva por la cantidad de veces que escribí la palabra "mi", y muy mala escritora por el exceso de paréntesis y comillas. Xavier: prometo tomar un curso, ya verás que no todos los historiadores son aburridos.

Un beso para todos.

Graciela Santamaría de Meloni
San Luis
Argentina