Compañeros colegas de Historia a Debate.

El cambio de cuatro cifras en el calendario, da que hablar. Desde los discursos "oficiales" se difunden augurios, esperanzas, temores, plegarias a diversos dioses, conjuros y magias, adivinos y profetas ante al inicio del 2000. 

Nosotros los historiadores deberíamos aprovechar este fin de año para iniciar una labor mancomunada con el objetivo de oponer la ciencia a cada disparate. Hoy la humanidad necesita conocerse, interpretarse, saber qué pasa, cómo llegamos a esto, para saber qué conviene hacer sobre este planeta para beneficio de todos los humanos y no para pocos. Hoy se impone una mirada planetaria desde los intereses de los pueblos. ¿Por qué dejar esta mirada grande a los que sobrevuelan las naciones y los estados con sus intereses financieros transnacionales? El compromiso de los historiadores puede parecer modesto: un llamado de alerta hacia la historia que se está amasando en este presente, para ayudar a descubrir los protagonistas y los vectores de fuerza que se están moviendo en la trama compleja de intereses encontrados. Este debate por el protagonismo permitiría revertir aquello de que nada se puede hacer ante la fuerza y dominio de unos pocos, ¡tan pocos! que además se arrogan haber llegado al "fin de la historia" y se comprometen a hacerle algunos retoques que le faltarían. 

Quizás al levantar la copa con el brindis de fin de año podamos sentirnos vinculados formando parte de una fraternidad de científicos al servicio de los pueblos del mundo, hermanados por la tarea gigantesca que tenemos por delante, por abrir y extender este DEBATE POR LA HISTORIA y colocarlo en el camino del HACER. Sí, sin que nos suene grandilocuente, es preferible esta mirada grande, -necesaria porque el mundo se ha ensanchado-, a la pequeña de arrinconarnos a minúsculos y triviales estudios. Es necesario que miremos al planeta como si hoy fuésemos los viajeros de un cohete espacial, tomando distancia para captar la totalidad /diversidad de tiempo y espacio y volver, para meter más y más las manos en el barro de la historia. Mientras desde el poder se apela a la magia y a la buena fortuna para alejar a los millones de disconformes que buscan qué hacer, en ese punto, en esa encrucijada de intereses, se encuentra la tarea profunda y solidaria que los historiadores y demás científicos sociales podemos asumir. Salgamos de la marginación en que nos han colocado los que nos dicen que es imposible conocer y que caducaron las teorías de lo social, mientras los grupos transnacionales usan "científicos" mercenarios. Difundamos a los cuatro vientos la consigna de que la historia la hacen los hombres y las mujeres en sus luchas y en sus encuentros; fundamentemos con ejemplos y con teoría para que los miles de millones de personas adquieran la convicción de que todos y cada uno somos dueños de este planeta y que la historia que hicimos hasta acá es todavía muy insuficiente para satisfacer las necesidades humanas. Que la historia es una construcción permanente y que no ha terminado aunque se huela el fétido aliento de un sistema social en decadencia que parecería dar razón al fin de la historia. Corrijamos falsos discursos, falacias que podemos desnudar, trampas de los mensajes masivos para adormecer, para desviar, para romper, para aislar. Sepamos distinguir las necesidades del poder financiero transnacional de las necesidades de los pueblos; pongamos nuestra ciencia al servicio de la humanidad a la que pertenecemos; ayudemos a recoger el inmenso caudal de cultura que se ha ido construyendo sobre este planeta y que es -debiera ser- riqueza de todos los humanos. Y estos pequeños y grandes descubrimientos pongámoslos en boca de todos, que recorran el mundo. Mostremos, por ejemplo, que se puede dilucidar quiénes son los actores que se esconden detrás de lo que personifican como "mercado"; que sabemos que los estados son aparatos de poder en manos de algún sector social; que los intereses de los grandes grupos financieros se dan de patadas con los intereses de la humanidad, y que si todavía las cosas son así, es porque no hemos dado en la tecla de cómo consolidar la fuerza potencial de los pueblos, cómo hacer para dar el gran viraje que la historia necesita ya. Rompamos nuestros propios prejuicios y nuestros propios miedos: llamemos a las cosas por su nombre: sabemos qué es el capitalismo y qué es el imperialismo.

En cada rincón del planeta se está haciendo la historia. La correlación de fuerzas es todavía desfavorable para los pueblos. Algunos pocos grandes grupos transnacionales definen casi todas las situaciones. Muchos de sus manejos ya han sido descubiertos pero no se ha creado todavía la fuerza capaz de contrarrestar la magnitud del dolor que producen a miles de millones de personas y la destrucción de las condiciones de vida del planeta. Sin embargo, la misma historia que generó ese monstruo tiene una contrapartida que es la fuerza en potencia de los pueblos. No está determinado que pueda la humanidad superar este trance hacia una sociedad mejor para todos. Pero tampoco está determinado lo contrario. Esta encrucijada de la historia en que una forma de organización social , el capitalismo, se ha vuelto aberrante para la humanidad, pero no se ha desarrollado todavía una forma nueva que la suplante llegando a ser hegemónica; este punto dramático de la historia de la sociedad humana, es el meollo que debemos abordar los historiadores y demás científicos sociales. No nos dejemos correr por aquella idea que pone una muralla entre la historia y la política cuando del campo popular se trata, mientras los dueños del poder usan a su servicio "científicos" creando una memoria histórica a favor de la reacción, el conservadurismo y el fascismo para facilitar sus negocios aún a sabiendas de que van contra los intereses de la humanidad. Los historiadores podemos ayudar a hacer un mundo mejor, no solo abriendo nuevos caminos de investigación, sino dando a conocer los más grandes descubrimientos que la ciencia de la historia ha hecho hasta ahora. Debiera preocuparnos que los pueblos sigan por el método de ensayo y error en épocas en que la ciencia ya ha avanzado pero es dominio de muy pocos.  Los historiadores tenemos buenas razones para brindar este fin de año: porque hemos puesto la HISTORIA A DEBATE y para que ese debate empiece a posicionarnos cada vez con más firmeza en este duro pero fascinante proceso de HACER LA HISTORIA.

¡¡SALUD POR LA HISTORIA!! Desde Buenos Aires, Argentina, a un paso de iniciar el 2000.

Irma Antognazzi
Profesora de la cátedra Problemática Histórica de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina)
Directora del Grupo de Trabajo HACER LA HISTORIA
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