Uno puede preguntarse por qué parece existir un debate sobre la pertenencia o la perspectiva historiográfica cuando nuestra actividad de historiadoras e historiadores es poco más que burocrática, no produce efectos sociales ni culturales de nota. Desde luego, podemos escribir en algunos periódicos y hasta colaborar en alguna Historia Ilustrada publicada en fascículos por algún diario, etc. Pero nos falta voluntad de transformación real, somos como ratones rumiando libros y hojas viejas, haciendo curriculum. Nos falta un elán revolucionario y desacralizador que en un lugar de debate como este debiera estar presente y no parece haber más que buenos deseos y presentaciones. Yo estoy por el debate y creo que este espacio es sumamente útil. Dirán que sólo soy un marxista y un feminista. Tendrán razón, pero con ello no se sabe nada. Acaso no es la lógica de las instituciones académicas la que rige nuestras acciones que, para nosotros y con nuestras amistades, podrían parecer "comprometidas". Así nos colocamos en el lugar del conocimiento y la "excelencia académica", reconocemos y nos enorgullecemos de nuestros (es verdad que relativos) privilegios. Y no se crea que estoy abogando por no hacer nuestro trabajo historiador: empiria, si así puedo decir, nunca debe faltar, nuestros ojos deben fatigarse consultando legajos y nuestras piernas agotarse visitando archivo. Pero, qué más? Algo diferente de simple reproducción? Podemos citar a W. Benjamin y a E. P. Thompson, pero con ello -siendo referencias tan relevantes- nada se ha logrado. Yo propongo discutir qué somos y por qué estamos tan incapacitados/as para cambiar esta realidad nauseabunda y estúpida. Desde luego, también hay amor, amistad y, seguramente, honestidad intelectual. Hasta pronto.

José Omar Acha
Universidad de Buenos Aires
Facultad de Filosofía y Letras